Ante la amenaza de devastadores incendios forestales un desafío urgente es pasar de la cultura focalizada en la extinción a potenciar la prevención, lo que va ligado a intensificar la gestión de los bosques, frenar la pérdida de superficie agrícola y revalorizar el sector primario. Este es el mensaje que no se cansan de repetir los bomberos del GRAF (Grup d’Actuacions Forestals) de la Generalitat. Pero los escollos para entrar con buen pie en esta nueva era marcada por el calentamiento global no son pocos, uno de ellos es la escasez de personal especializado en trabajos forestales que limiten el potencial de los fuegos.El Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya (CTFC); el Consorci Forestal; fundaciones que desarrollan actividades en este ámbito, como la de Catalunya La Pedrera; espacios naturales protegidos, y administraciones como la Diputación de Barcelona expresan su preocupación por el déficit de profesionales en un sector precario, en el que gran parte de la actividad la realizan autónomos y pequeñas empresas sin capacidad para invertir en maquinaria que facilite la limpieza del bosque. En un momento en que la masa forestal roza el 65% del total de la superficie de Catalunya y la arbolada más del 41% preocupa el déficit de mano de obra, un asunto que, consideran, debería tener una decidida respuesta de país. El Departament d’Agricultura, Ramaderia i Pesca de la Generalitat, del que depende la dirección general de Boscos, no se ha pronunciado al respecto.Tal como reiteró el subinspector del GRAF Asier Larrañaga, en una reciente sesión titulada I si es cremès Collserola , en la Fundació Catalunya La Pedrera, urge que cale el mensaje de que ante incendios de sexta generación la capacidad de extinción se ve superada por la voracidad del fuego. Hay que prevenir y actuar antes de que asomen las llamas. Enviar en estas situaciones a bomberos a que intenten apagarlas es condenarlos a la muerte. Las bazas que deben jugarse sin dilaciones son incentivar la explotación y la gestión forestal en un intento de recuperar el valioso paisaje mosaico, en el que el bosque se combina con capas de cultivos y pastos. Esta es la teoría, la agricultura está en horas bajas y se enfrenta a no pocas amenazas.Anna Sanitjas: “El personal debe ganarse la vida y una de las claves es que la madera tenga más valor”“El ámbito forestal ha perdido personal y ahora se debe luchar para formar a la gente, ha habido un vacío que debemos solucionar. Esto es un obstáculo sumado a la falta de estrategia de país; actualmente, la mayoría de la madera que se saca se destina a productos de bajo valor”, considera Mario Beltran, responsable del Hub Forestal del CTFC. “Nos enfrentamos a un problema estructural de déficit de mano de obra en el sector primario y especialmente en las labores del bosque porque son muy duras, es complicado que los jóvenes aguanten los años suficientes para tener experiencia. Además, es una ocupación poco estable a lo largo del año. Primero se solucionó con inmigrantes llegados del este de Europa, pero algunos regresaron a sus países y desde la covid no tenemos tanta incorporación de gente de fuera ni de autóctonos. Esto debería compensarse con la mecanización de las tareas, pero la maquinaria es cara y compleja”, añade Beltran.“Es necesario que los trabajadores del bosque se ganen la vida y una de las claves es que sus productos tengan más valor. La tonelada de madera, leña y biomasa que produce cada año Catalunya podría multiplicarse por 2,5, únicamente utilizando el crecimiento de los árboles; ahora solo gestionamos un 30% de la superficie forestal”, destaca Anna Sanitjas, responsable de la Oficina de Prevención Municipal de Incendios Forestales de la Diputación de Barcelona. Sanitjas lamenta que en unos momentos en que es vital contar con más personal sea tan difícil encontrarlo. “No se ganan bien la vida: un trabajador con motosierra cobra unos 150 euros al día, incluido el combustible, pero se calcula que debería recibir 250. También hay que tener en cuenta los riesgos que asumen, son labores que en general no atraen talento, es un sector que se ha quedado atrás”, insiste Sanitjas. Sus reflexiones coinciden con las de Beltran en que una de las barreras que frena el avance es el poco valor añadido de los productos forestales. “Si pasáramos de hacer palés para almacenaje a construir más casas de madera la situación cambiaría. Es una paradoja el hecho de que ahora que es necesario trabajar más en el bosque para prevenir incendios no apostemos más por la madera, que es el único material renovable que tenemos”. Sanitjas agrega que la Diputación destina 15 millones de euros anuales a gestión forestal.Miquel Rafa, responsable de Sostenibilidad de la Fundació Catalunya La Pedrera, constata que en el proyecto Bio for Piri, que ha concluido recientemente en la montaña de Alinyà, en el Alt Urgell, tuvieron dificultades para contratar empresas de la comarca ante lo que tuvieron que recurrir a profesionales de otras zonas. “Gracias a Bio for Piri se han creado seis puestos de trabajo en este ámbito a través de la fundación Integra Pirineus. Cada vez el margen de beneficio es menor en un sector precarizado. Este es un tema de país”, subraya Rafa. Un análisis de la situación realizado por dicha fundación con datos propios y del Observatori Forestal Català señala que “el problema no es solo el número de trabajadores (3.581) sino la insuficiente capacidad de gestión”. El sector está formado principalmente por empresas de menos de diez asalariados y por autónomos “con poca capitalización, sin relevo generacional y con dificultades para comprar maquinaría y para retener mano de obra especializada”. Su estacionalidad, su exigencia física y la elevada exposición a riesgos restan atractivos a este oficio.Joan Rovira: “Para tener bosques resilientes la silvicultura debe ser una actividad rentable”“El primer elemento para garantizar que los bosques sean resilientes es que los propietarios tengan incentivos productivos, que la silvicultura sea una actividad rentable, pues con recursos públicos es imposible gestionar toda la superficie forestal”, afirma Joan Rovira, secretario del Consorci Forestal de Catalunya (CFC), asociación que agrupa 1.500 socios que suman más de 200.000 hectáreas. También lamenta que “la precariedad a causa de la falta de inversión y la dureza de estas tareas ha derivado en que no tengamos mano de obra especializada. En otros países lo han solucionado con la mecanización; en Francia o en el norte de Europa no verás a cuadrillas de trabajadores con serruchos”.La directora de la Escola Agrària Forestal de Santa Coloma de Farners, Anna Suquet, precisa que los estudios de este centro, un grado medio y uno superior, tienen más demanda que oferta. “Si un joven graduado quiere dedicarse a la gestión forestal seguro que encuentra trabajo, pero es una salida poco atractiva, prefiere dedicarse a la educación ambiental, a la conservación de fauna, a la jardinería...”.Rovira admite que las administraciones destinan recursos para mantener franjas de seguridad, espacios en los que se reduce la vegetación para frenar la propagación del fuego hacia zonas habitadas, y para habilitar puntos estratégicos donde los bomberos pueden gestionar mejor el avance de las llamas, pero insiste en que urgen planes para potenciar la explotación forestal. Al propietario deben cuadrarle los números para gestionar sus bosques y reducir así la carga de combustible.Anna Suquet: “La gestión forestal es una salida poco atractiva para el joven que se ha graduado”Asier Larrañaga repasó en la citada sesión de Catalunya La Pedrera que la velocidad de crecimiento de los grandes incendios ha pasado en los últimos 40 años de las 345 hectáreas/hora a las 800 y que el periodo de riesgo ha aumentado en casi un mes. El subinspector del GRAF destacó que los escenarios que barajan los expertos en Collserola indican que en el caso de un fuego de gran intensidad se podría ver afectada hasta el 70% de la masa forestal del parque, en un periodo de solo ocho horas.Periodista.