Gran parte de la sabiduría popular la podemos encontrar condensada en pequeñas frases que contienen grandes verdades. Una de ellas es el refrán “más vale prevenir que curar”. Este consejo ancestral está más presente que nunca, ya que la humanidad disfruta de la esperanza de vida más alta en toda su historia, y eso, si no va a acompañado de un buen estado de salud, puede convertirse en un vida larga y penosa.Para evitar eso, y sin descuidar el tratamiento, una parte de la medicina lleva décadas poniendo el foco en la prevención. Así lo atestigua Dolores Corella Piquer, científica, investigadora y catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia y CIBEROBN (Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición), quien asegura que “los que nos dedicamos a la investigación sobre envejecimiento, siempre hemos dicho que nuestro objetivo no es que las personas vivan más años, sino que lo hagan con la máxima calidad, y ahora que la sociedad está cada vez más envejecida, este propósito se convierte en un auténtico desafío solo posible si se invierte más en prevención en el sistema sanitario”.Dolores Corella es una pionera en el campo de la genómica nutricional y la nutrición de precisión, reconocida a nivel internacional. Su trabajo se centra en estudiar cómo los genes interactúan con los alimentos y cómo esta relación influye en el desarrollo de enfermedades crónicas, la obesidad, la salud cardiovascular y, en última instancia, en un envejecimiento saludable.La esencia de la medicina preventiva es evitar las enfermedades a largo plazo. Sin embargo, cuando hablamos de personas mayores, en cierto modo, ese “largo plazo” pierde el sentido. De modo que, ¿qué busca la medicina preventiva en los adultos mayores?También prevención. Aunque lo ideal es prevenir lo más temprano posible, nunca es tarde. Durante los primeros años de vida puede llevarse a cabo lo que se conoce como prevención primordial, antes de que haya ningún síntoma. Pero, claro, eso es un poco utópico. En nuestros estudios, como te decía, hemos visto que nunca es tarde para prevenir. Hemos comprobado que, a partir de los 55 años en los hombres y de los 60 años en las mujeres, llevando una dieta saludable como la dieta mediterránea, es posible prevenir la incidencia de enfermedades cardiovasculares. Así que, aunque lo ideal es hacerlo antes de esas edades porque los procesos de envejecimiento empiezan mucho antes, siempre tendrá algún efecto. No se conseguirá el mismo éxito, pero sí se obtendrán resultados clínicamente relevantes.Ha mencionado la dieta mediterránea. ¿Cómo influye la alimentación en la medicina preventiva?La medicina preventiva en las enfermedades crónicas se centra en los factores más relevantes, y entre ellos, uno de los que cada vez cobran más importancia es la alimentación. Hace ya tiempo que la dieta se relaciona con las enfermedades cardiovasculares y con el cáncer, y ahora también las investigaciones apuntan a que existe una relación entre la alimentación y las enfermedades neurodegenerativas, e incluso con el bienestar emocional.¿Puede explicar cómo se ha llegado a esa conclusión?Lo cierto es que no es fácil, ya que la alimentación es un factor muy difícil de medir. Analizar fármacos es sencillo, pero cuando realizamos estudios de dieta, es extremadamente complicado su medición, entre otras razones porque la misma dieta no tiene los mismos efectos en todas las personas. Esto se sabe gracias a que en Estados Unidos se han hecho estudios donde los participantes ingresan en una especie de hoteles llamados unidades de análisis de nutrición. En estos lugares, se garantiza que las personas comen las dietas previstas. Así, los resultados son totalmente fiables. En esos estudios se ha visto que la respuesta a una misma dieta no era la misma en todas las personas.Hace ya tiempo que la dieta se relaciona con las enfermedades cardiovasculares y con el cáncer, y ahora también con las enfermedades neurodegenerativasDolores CorellaY a partir de ahí, ¿qué?Ahora estamos investigando qué factores influyen para que la respuesta a la dieta sea distinta. Para ello, el punto de partida fue pensar que, si un grupo de personas del mismo sexo, con la misma edad y con las mismas condiciones —como, por ejemplo, el hecho de ser diabético— refieren reacciones distintas a la misma dieta, quizá la genética podría ser, en parte, responsable de esa diferencia. Ahora sabemos que es así, y que la genética puede condicionar la respuesta a la dieta, y a su vez, estas variantes genéticas pueden hacer que alguien tenga más o menos riesgo de envejecimiento, el cual, eso sí, se puede modular a través de la dieta. Ahora bien, además de la genética, sabemos que también influyen otros factores relacionados, como la epigenética o la microbiota. En cualquier caso, todos estos temas aún se están investigando, ya que son mucho más complejos de lo que se pensaba en un principio.La genética y la dieta parecen ser dos piezas clave de la medicina preventiva, ¿algún factor más a tener en cuenta?Es cierto, son muy importantes, pero no son los únicos factores. También son muy relevantes otros, como los hábitos de vida, entre ellos, la actividad física, el estrés y también el sueño. Hasta hace poco no se le daba mucha importancia al sueño. Sin embargo, las últimas recomendaciones de la Sociedad Americana del Corazón incluyen el sueño como un factor de riesgo cardiovascular, y aconsejan un sueño de calidad en el que no solo cuenta el número de horas, sino también la calidad del sueño.Lee tambiénCon tantas variables, ¿se puede hablar de una dieta de la longevidad útil para todo el mundo?Sí. Hay mucha gente investigando sobre ello. Nosotros trabajamos con los relojes biológicos metilómicos (herramientas moleculares que miden la edad biológica mediante el análisis de los patrones de metilación del ADN) para ver qué factores de la dieta y del estilo de vida contribuyen a mejorar la edad biológica. Pero no solo nos centramos en estos biomarcadores; también estamos estudiando cómo pueden influir los rasgos de la personalidad en el envejecimiento. Así, por ejemplo, de los tres grupos principales, neuroticismo, psicoticismo y extroversión, el neuroticismo se asocia más al envejecimiento.Dice que cuanto antes se adopten las medidas oportunas, mejor. ¿Y si ya se han cumplido los 60, sigue siendo efectivo adoptar una dieta saludable?Sin duda. Tenemos estudios hechos con grupos de personas que van desde niños con 3 años hasta individuos de cerca de 90, en los que hemos analizado su edad biológica y su edad cronológica. Hemos visto las diferencias entre ellas y observado sus correspondencias con los patrones de dieta de cada persona. Y la conclusión es que siempre se puede rejuvenecer. La influencia de la dieta a cualquier edad, si esta es saludable, va a mejorar su salud. Esta mejoría será más importante cuanto más pronto se aborde, y, sobre todo, si hacemos una intervención multifactorial. Cuantos más factores controlemos, mejor.Ahora hay nuevos biomarcadores que permiten que la fragilidad se detecte mucho antes, y cuanto antes la detectemos, antes podemos mejorarla Dolores CorellaPor otro lado, la fragilidad es uno de los aspectos especialmente relevantes en las personas mayores. ¿Se puede detectar de forma precoz la fragilidad? Y, lo más importante, ¿es reversible?Desde hace tiempo, existen diferentes tipos de escalas en medicina para medir la fragilidad, como, por ejemplo, la prueba del test de la silla, que cuenta las veces que una persona puede levantarse y sentarse de una silla sin ayuda; o los dinamómetros, para medir la fuerza. La ventaja es que ahora hay nuevos biomarcadores que permiten que esa fragilidad se detecte mucho antes, y cuanto antes la detectemos, antes podemos mejorarla con dieta o con determinados ejercicios. Por tanto, respondiendo a tu pregunta: sí, es posible revertirla. Esa es la gran ventaja de la nueva era de la medicina personalizada de precisión.