Siglo y medio de extracciones masivas de carbón, con más 50.000 galerías subterráneas perforando la tierra hasta la puerta misma del infierno, acabaron provocando el hundimiento del terreno en la cuenca del Ruhr, que en los puntos más extremos llega a alcanzar los 25 metros. La región que fue motor del famoso ‘milagro alemán’ tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial gracias a la minería y a la siderurgia, ha de cargar de por vida con la obligación de drenar sus aguas si no quiere ahogarse en su propia historia o convertirse en el mayor lago de Europa. Invisibles desde la superficie, habitan en el subsuelo complejas infraestructuras de bombeo que trabajan a destajo para evitar que los pozos se inunden. Y así hasta el final de los tiempos, al menos hasta que en un futuro la tecnología sea capaz de extraer el agua para siempre.El artista Niklas Goldbach muestra en acción a uno de esos gigantescos obreros de acero que operan en las profundidades donde antes lo hicieron los mineros en For the ages, un vídeo en el que yuxtapone las imágenes de la estación con tomas de esculturas de trabajadores erotizados que se encuentran en el Museo Alemán de Minería de Bochum, a escasa distancia de la Iglesia de Cristo Rey donde se proyecta.Imagen de 'For the Ages', de Niklas Goldbach.Manifesta 6 Ruhr / Ivan ErofeevLa de Cristo Rey es una de las doce iglesias donde hasta el 4 de octubre se celebra Manifesta 16, la bienal nómada europea que tras su paso por Barcelona y su área metropolitana, ha viajado a cuatro ciudades de la región del Ruhr (Duisburgo, Essen, Gelsenkirchen y Bochum), la mayor área urbana de Alemania, que atesora uno de los mejores ejemplos de rehabilitación industrial del mundo. Gran parte de la industria pesada ha desaparecido (la última mina de carbón cerró en 2018), y los esqueletos de los gigantes del carbón, el hierro y el acero por cuyas chimeneas emanaba una nube tóxica, son hoy enormes zonas verdes, centros culturales o museos de arte contemporáneo. Solo en el valle hay al menos una veintena.Hoy vacías de feligreses, en su día fueron bulliciosos centros de vida social. La bienal nómada imagina para ellas nuevos usos comunitarios“Empezamos con una pregunta sencilla: ¿qué sucede en Europa y en el resto del mundo cuando los lugares que antes unían a las comunidades empiezan a desaparecer?”, recuerda Hedwig Fijen, la directora fundadora de Manifesta, que se despide después de 30 años y cede el testigo a Catherine Nichols y a Emilia van Lynden. “En toda Alemania –prosigue Fijen– se prevé que 20.000 iglesias, la mitad de las que existen en la actualidad, serán desacralizadas o clausuradas en la próxima década”.Imagen de una de las instalaciones en Markuskirche, en Essen Manifesta 16/Ivan Erofeev“Cuando llegamos, en los primeros seis meses se vendieron 100 iglesias. En los seis siguientes, 100 más. Es imparable”, apunta por su parte el arquitecto y urbanista Josep Bohigas, mediador cultural de una edición que lleva por título Esto no es una iglesia . En el Ruhr hay entre 3.000 y 4.000, muchas de las cuales fueron en su día bulliciosos centros de vida social y poco a poco se fueron quedando vacíos a medida que disminuía drásticamente el número de feligreses católicos y protestantes. El cierre de las minas produjo el éxodo de los mineros. En su lugar, fue llegando nueva población migrante formada por musulmanes, hindúes o budistas.Lee tambiénBohigas, que llegaba con la mochila cargada de referencias (las superilles de Barcelona, que él mismo ayudó a desarrollar; París y su concepto de ‘ciudad de 15 minutos’...), encontró que esa idea de proximidad que hoy buscan ciudades de todo el mundo, aquí ya existía a mediados del siglo pasado. “Tras los bombardeos de los aliados, que destruyeron el 80% del territorio, fue necesaria la reconstrucción, que era moral (Alemania tenía que pedir perdón por sus pecados al mundo) y urbanística. Aquí crean el concepto de pantoffelkirche , iglesias de pantuflas, esto es, que estaban lo bastante cerca de casa como para ir caminando en zapatillas. Las campanas se escuchaban desde todas partes y la gente tenía sensación de comunidad. Los mineros bajaban a la tierra a trabajar todo el día, y cuando salían se reunían y se comunicaban con Dios, pero también con los otros, en la iglesia, que era el centro espiritual, social y urbanístico de la ciudad. Y esta forma de reconstruir, como en pequeños barrios, produjo además una arquitectura religiosa bellísima en la que participaron arquitectos alemanes muy potentes, como Gottfried Böhm o Rudolf Schwarz”.Las propuestas de Curro Claret, Penike y CaboSanRoque destacan en una edición que cuenta con Josep Bohigas como mediador creativoLa propuesta de Manifesta no era de entrada (aunque en parte lo ha acabado siendo) utilizar las iglesias clausuradas o desacralizadas como escenarios para el arte, que para eso ya están los museos de la región, “y están vacíos”, sino transformarlas en lugares vivos, imaginar en qué pueden convertirse para reestablecer el sentido de comunidad en los barrios. El propio Bohigas materializa lo que podría ser una playa urbana en la iglesia neogótica de St. Josef, en Gelsenkirchen, una de las ciudades más pobres de Alemania. La arquitectura religiosa suspendida por un gigantesco globo inflable azul (el color del equipo de fútbol local) del colectivo Penique, el suelo cubierto de arena que le da un aire de playa y una familia de muebles lúdicos diseñados por Curro Claret, que ha transformado los bancos de la iglesia en juegos infantiles o chaises longues a partir de talleres com los vecinos.Globo inflable de Penique Productions en la iglesia de St. Josef Josep BohigasEn un segundo proyecto como comisario, Bohigas confió su iglesia favorita, la de St. Ludgerus, en Bochum, una joya modernista condenada a la piqueta y que él pide indultar, a CaboSanRoque y Flexo Architecture, que han metamorfoseado el recinto en una cancha deportiva ( Fail louder ) donde el fracaso tiene premio: las pelotas que no entran en las canastas o las porterías hacen sonar el órgano de una forma diferente. Serán ahora los niños quienes dirán si el espacio sigue siendo útil y necesario.Intervención de CaboSanRoque en St. Ludgerus, en Bochum, condenada a la piqueta Xavi RuizUn amasijo de tubos destruidos durante la Segunda Guerra Mundial, y otros rescatados de la iglesia de San Nicolás de Kiev, vuelven a sonar en la Kulturkirche Liebfrauen, una obra maestra del brutalismo diseñada por Toni Hermanns, que ya funciona como centro cultural en Duisburgo. Abbas Zahedi los conecta mediante un mecanismo de tubos que parecen rudimentarios aparatos de respiración asistida. El órgano ha recuperado la voz pero ahora tiene forma circular, se acuesta en forma circular en el suelo y, como si fueran misiles, los tubos apuntan retadores hacia las vidrieras. También en St. Marien, en Essen, condenada a la demolición, William Engelen ha creado una cortina de tubos que suenan armoniosamente al ser golpeados por unos visitantes que han de atravesar un lecho de tierra mezclada de jazmín y lavanda.El 'órgano' bajado a la tierra de Abbas Zahed en el Kulturkirche Liebfrauen de Duisburgo IVAN EROFEEVEn la que fue la mina más grande de Europa, Llorenç Barber volvió a hacer sonar las campanas hoy mudas de las iglesiasEl día de la inauguración, celebrada en el reciento de Zeche Zollverein, que fue la mina más grande de Europa y hoy es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, Llorenç Barber y Montserrat Palacios estrenaron How Long a Clapper’s Shadow Falls , una composición que recoge los ecos y los sonidos de las campanas y cuya ambición íntima sería que, en la clausura de Manifesta, todas las campanas del Ruhr la tocaran al unísono en una suerte de “toque a rebato por sus iglesias”, imagina Bohigas.Dennis Siering, ¡Antifascist Bird Communication System V02.1' Manifesta 16/Ivan Erofeev Mientras, en el jardín de la de Santo Tomás, el comisario de origen turco, Gürsoy Doğtaş, responsable de tres iglesias en Gelsenkirchen en torno a la historia de la migración, ha colocado Sistema de comunicación de aves antifascistas V02.1, de Dennis Siering, unos altavoces que reproducen canciones de resistencia, como si fueran interpretadas por pájaros artificiales, con la confianza de que para octubre, cuando se clausure la bienal, las aves locales las hayan aprendido y canten al unísono el Bella ciao .
Las campanas del Ruhr tocan a rebato por sus iglesias en peligro
Tras su paso por Barcelona, la bienal nómada europea de arte propone alternativas comunitarias a los 4.000 templos que están a punto de ser derruidos o vendidos para usos privados








