El filósofo Antón Baamonde (Vilalba, 1959) imagina otra Galicia posible en Agora non é antes. Ideas para unha revolución tranquila (Galaxia), donde antepone un país moderno al cliché rural y vuelve a rebatir los prejuicios que incluso algunos gallegos tienen de sí mismos. Tras establecer una comparación con Holanda en obras anteriores, ahora fija el horizonte en Quebec para tratar de que el cambio económico y social que ha experimentado su tierra en las últimas décadas vaya acompañado de una transformación política y cultural. De fondo, la Unión Europea, la lucha entre Estados Unidos y China, el auge de la extrema derecha y las amenazas de Donald Trump y la ilustración oscura.PublicidadRusia y Ucrania. China y Taiwán. Israel e Irán. Siempre Estados Unidos, de nuevo con Trump al frente. Y usted pensando en la Galicia del futuro…El libro enfoca dos realidades que parecen opuestas. Por un lado, una Galicia que cada vez es más similar a cualquier otra sociedad europea, con una evolución positiva en un sentido económico, social e incluso industrial, aunque no en el lingüístico y cultural. Por otro, esa tendencia contrasta con las nubes que se ciernen sobre la evolución planetaria, que concierne a Galicia, beneficiada por la globalización y la entrada en la Unión Europea.El mayor peligro para Galicia es que implosione la Unión EuropeaUna Unión Europea cuya evolución, a su vez, también afectará a Galicia.Claro. El contexto planetario es el de un ascenso probablemente imparable de China y un descenso de Estados Unidos en su papel de hegemón. Esta situación es peligrosa, porque la trampa de Tucídides puede provocar conflictos internacionales. El mayor peligro para Galicia es que se confirme realmente la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, es decir, que implosione la Unión Europea y gobiernen los partidos patriotas, que es lo que busca Donald Trump.Un cambio de época.Estamos entrando en un océano de aguas profundas donde no sabemos cómo orientarnos. Este es el escenario. Las categorías de ayer no sirven bien para pensar el mundo de hoy. Por tanto, el pensamiento tiene que estar muy atento a las transformaciones en este momento de transición.¿Esta coyuntura mundial podría suponer una oportunidad para Galicia?Si Europa se reindustrializa sería una oportunidad para Galicia, con un tejido industrial importante, aunque pase desapercibido. La implantación de la fábrica china de coches MG en Ferrol es consecuencia de la política de Pedro Sánchez, que busca que España y la Unión Europea jueguen como goznes y no cierren el camino a China. Eso no le gusta a Estados Unidos ni a Alemania, pero la autonomía de la que hace gala el presidente del Gobierno lo ha hecho posible.PublicidadLa cancelación del futuro explica buena parte del auge de la extrema derechaEn su anterior libro, Galicia, distrito industrial, donde conversaba con el empresario Daniel Hermosilla, ya defendía "una biodiversidad de industrias muy interesante".El objetivo de mis cuatro últimos libros es combatir el imaginario que tanto fuera como dentro de Galicia existe sobre la propia sociedad, en el sentido de que se entiende Galicia con ojos que ya no corresponden a su presente. Frecuentemente se utilizan expresiones como "Galicia profunda" o se hace equivaler Galicia a lo rural, desconociendo que es una realidad básicamente urbana y culturalmente homogénea. Cambiar la comprensión que la sociedad tiene de sí misma es importante porque, si no te describes adecuadamente, es muy difícil que puedas hacer un buen diagnóstico y, por tanto, elaborar políticas de futuro apropiadas. Insisto, la industria gallega tiene un desarrollo mucho mayor de lo que suele pensarse.Galicia ha cambiado en las últimas décadas, pero ¿el gallego se resiste a creérselo?Creo que en el imaginario todavía sigue funcionando esa concepción ruralista, aunque empieza a haber un giro en la autocomprensión. Las propias tradiciones intelectuales del país, la idea tan establecida del atraso o la idea de colonia, que en mi opinión no se corresponde con lo que es Galicia ni con su relación con otros espacios económicos, contribuyeron a confirmar esa imagen estereotipada. No obstante, en los últimos años hay una visión más matizada.PublicidadAdemás de propugnar ese cambio de paradigma…Me preocupa la cancelación del futuro, que explica buena parte del auge de la extrema derecha. Prácticamente todas las representaciones de la cultura popular son distópicas y el futuro siempre aparece como un abismo ignoto y de horror. Creo que esa visión negativa del futuro tiene mucho que ver con el desarrollo de la extrema derecha. Todo eso de MAGA y de volver al pasado surge porque el futuro fue cancelado. Más allá de Trump, el peligro está en la ilustración oscura, en los Peter Thiel, en los Elon Musk y en toda esa gente que quiere aunar un modelo tecnocrático y neomonárquico, o sea, ultraconservador. En su visión del futuro, la crueldad y la brutalidad política son los rasgos predominantes.Se insiste demasiado en la crítica al PP y poco en hacer propuestas de futuroVolviendo a Galicia, desde un punto de vista político, ¿cuál ha sido la responsabilidad de la izquierda?Tal vez lo más importante que sucedió en Galicia en las últimas décadas es la quiebra de Coalición Galega. Es decir, la desaparición de un posible espacio de centro-derecha o centro-izquierda nacionalista que, al quebrar, hizo que se concentrara todo el voto en el Partido Popular, que en aquel momento gestionaba Manuel Fraga. Esto creó una especie de partido atrapalotodo, con una capacidad de implantación en el día a día muy fuerte y con mucha interlocución con los poderes mediáticos y económicos. Y el PSdeG y el BNG no fueron capaces de romper esa hegemonía de una derecha concentrada. En todo caso, habría que analizar por qué, tras el gran avance del voto nacionalista y de izquierdas desde las primeras elecciones de 1977, a partir del 2000 los bloques electorales están congelados y por qué el campo alternativo al PP no ha sido capaz de desequilibrar esa equipotencia que favorece a la derecha.Usted planteó en su día que no había una alternativa.El PSOE en Galicia prácticamente carece de perfil. Es de una incuria absoluta y existe como partido municipal en Vigo y en A Coruña. El Bloque tiene dos almas. Ana Pontón, su candidata, intenta romper el techo electoral y, en gran medida, lo ha conseguido, haciéndose con parte del voto progresista. Ahora bien, el siguiente paso es ganar el otro bloque y eso es muy difícil. La clave está en que los gallegos lo perciban como un hipotético gobierno con ideas de futuro. Tal vez se insiste demasiado en la crítica al PP, cuando también hay que hacer propuestas proactivas de futuro y, sobre todo, aparecer ante la sociedad gallega como un equipo humano capaz de protagonizar un cambio. Esa es su tarea.¿Hay alternativa con Ana Pontón?Ana Pontón está siendo eficaz para disolver los prejuicios acerca del Bloque Nacionalista Galego, pero creo que habría que hacer una oferta al país comprensible y de futuro. Es decir, levantar una esperanza y que la gente vea que hay algo que ellos pueden hacer. Yo, modestamente, en mis libros intento ser proactivo.Es dudoso que Ayuso sepa en qué consiste ser liberalY toma como modelo Holanda y su red urbana para imaginar una Galicia "moderna, laboriosa, industrial y de servicios avanzados".Esto tiene que ser una economía de aglomeración con el norte de Portugal. Hay que considerar Galicia como una ciudad única vertebrada por tren; hay que desarrollar una política industrial; hay que tejer las periferias urbanas con las ciudades centrales... En fin, tenemos que dibujar en positivo muchas tareas, y eso ayudaría a asentar una alternativa.Eso lo comentaba en Unha nova Olanda, aunque ahí decía que nuestros líderes carecen de perspectiva y criticaba su formación intelectual, al tiempo que ponía la esperanza en economistas, ingenieros, profesores, médicos, trabajadores, intelectuales…Como el poder se ejerce desde las instituciones, hay que convertir determinados ítems en asuntos de debate público para que sean tomados en consideración por las fuerzas políticas y, finalmente, se plasmen en presupuestos.En Agora non é antes aboga por la revolución tranquila y toma como modelo a Quebec.Hago una analogía porque Quebec fue una sociedad muy católica y conservadora que se desarrolló muy rápido. Eso dio lugar en los años sesenta a una transformación brutal, en aquel momento hegemonizada por el Partido Liberal, aunque debemos entender que entonces era muy de izquierdas, teniendo en cuenta el significado actual de la palabra. Sería natural que toda esta transformación que está viviendo la sociedad gallega culminase también en una transformación cultural y política. Sin embargo, hay como una especie de inercia que hace que todavía no se produzca.PublicidadFeijóo siempre quiso ser el candidato del PP a la presidencia del Gobierno¿Por qué el cambio económico no ha acarreado un cambio político y cultural?El PP sigue conservando la hegemonía política y cultural de modo muy manifiesto. La oposición no consiguió entrar, ni crear un imaginario o una hegemonía distinta que impregne el país. Implícitamente, al hacer esa analogía con Quebec, estoy esperanzado en que nuestra sociedad podría tener un futuro óptimo si su energía, su dinamismo y su creatividad encontraran un interlocutor en el ámbito político que no operase como freno, sino que multiplicase ese potencial. Lo vemos cada día tanto en empresas como en grupos de música y en otras iniciativas espontáneas, que no nacen de un sector político sino de la propia realidad gallega.¿Podría hablar de una Galicia moderna y urbana que se manifiesta como conservadora, al menos en las urnas?No solo no son cosas incompatibles, sino que en este momento es así. Toda Europa es políticamente conservadora y no se puede decir que sean países atrasados.Publicidad¿Y cómo se puede plasmar esa transformación?Mediante la emanación. Es decir, que de esas transformaciones de fondo emanasen —de la empresa a la cultura— unas nuevas capas, unas nuevas élites y un nuevo gobierno que creasen un proyecto de país consciente, porque ha habido unos cambios enormes en la sociedad, pero no han sido producto de directrices políticas concretas, aunque ha habido decisiones acertadas. La revolución tranquila es una apuesta.Las categorías de ayer no sirven para pensar el mundo de hoyEl liberalismo y el federalismo también sobrevuelan Agora non é antes. ¿Propone un partido o una ideología alternativos para culminar la transformación?Mi punto de partida fue Plácido Castro, pero también quería robarle el liberalismo al nacionalismo y al conservadurismo español. En España, la palabra liberal se la atribuye gente que no tiene nada de liberal; al contrario, es extremadamente autoritaria... Hay muchos liberalismos: no es Friedman o Hayek. Y algunos empezaron a desarrollar una cierta protección social en determinados momentos históricos. En todo caso, hay que entender por liberalismo no al neoliberalismo, sino a aquella corriente política que plantea los derechos inalienables del individuo, o sea, las conquistas irrenunciables de la sociedad. Sin embargo, Isabel Díaz Ayuso dice que es liberal. ¡Por Dios! Es dudoso que sepa en qué consiste. Simplemente es un lema arrogante para instaurar una imagen. Me parece de juzgado de guardia que una tradición filosófica y política tan venerable como la liberal, donde hunde sus raíces el republicanismo federal español, sea usurpada o deturpada por esta gente.Hace cuatro años, usted barajaba que la salida de Alberto Núñez Feijóo podría suponer una oportunidad para un cambio de modelo en Galicia. ¿Ha cambiado algo con Alfonso Rueda?Rueda es un hombre más de partido que Feijóo. De hecho, alguna gente del PP de toda la vida veía a Feijóo como un recién llegado. Después de Fraga, el signo del PP en Galicia cambió con Feijóo, que lo que quería era estar en Madrid. No sé si ahora que está lo desearía tanto. Su etapa en Galicia fue básicamente átona. Y ahora, si llegase al Gobierno, la fábrica de MG quizás podría estar en peligro, mientras que Rueda sí que la ve con buenos ojos. Son muy distintos. De hecho, no creo que Feijóo tenga ninguna idea en la cabeza. A Rueda no le sobran, pero es distinto: más pragmático, ambiguo, del aparato y en la línea del PP español.¿Feijóo hizo bueno a Fraga?Fraga era de raíz falangista, pero confiaba más en la política. Feijóo era un paracaidista y un gestor que pensaba en su propia ubicación. Fraga quería tener un modelo de país. Feijóo siempre quiso ser el candidato del PP a la presidencia del Gobierno.
Antón Baamonde, filósofo: "No creo que Feijóo tenga ninguna idea en la cabeza"
El autor del ensayo Agora non é antes sostiene que la sociedad gallega se ha transformado profundamente, pero que ese cambio aún no ha encontrado una traducción política ni cultural....








