En plena avalancha desregulatoria de las economías estadounidense y europea, resultan significativas las advertencias sobre los riesgos de esta corriente política lanzadas por Michael Barr, miembro de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), el pasado 6 de junio. En su conferencia Desregulación en un auge financiero ¿Qué podría salir mal? dictada en la Universidad Americana (Washington), Barr expresa con toda crudeza su preocupación por “cómo la Reserva Federal y otros reguladores bancarios están debilitando la regulación de los bancos”. El profesor de Derecho de la Universidad de Michigan concluye: “si bien estoy de acuerdo con el objetivo de garantizar que el sector bancario pueda respaldar la economía, no estoy de acuerdo con la solución: la reducción del capital bancario. Hemos visto repetidamente que el capital es crucial para la estabilidad financiera a largo plazo y, por ende, para el crecimiento económico. Nos encontramos en un entorno de mayor propensión al riesgo, con un mercado bursátil en auge, sólidas ganancias bancarias y una mentalidad desreguladora. La desregulación bancaria llevada a cabo hasta ahora, y los planes para futuras medidas, en última instancia debilitarán nuestro sistema financiero. Y cuando llegue el momento de pagar las consecuencias, todos lo pagaremos”.Una voz acreditada que debería ser un respaldo para las autoridades europeas sometidas desde hace meses a una descarada presión por parte del lobby bancario que exige acelerar la desregulación financiera, incluida la disminución de capital. Los bancos europeos subrayan las ventajas de la simplificación regulatoria que según sus estimaciones permitiría aumentar el crédito en dos billones de euros. De momento las grandes entidades ya han conseguido que la Comisión Europea haya aplazado tres años la aplicación de determinadas normas de Basilea III que deberían haber entrado en vigor en enero de 2027 y que no lo harán hasta 2030.Los costes de la falta de regulación son conocidos. Un estudio del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea concluyó que los efectos persistente de una crisis financiera provocaron pérdidas de producción acumuladas mucho mayores, con estimaciones del orden del 20 al 60 por ciento del PIB.La ventajas de desregulación que subrayan los bancos contrastan con la fragilidad de los derechos de los consumidores. La UE ha sido incapaz de crear el Sistema de Seguro de Depósitos Europeo, unos de los pilares de la Unión Bancaria, prometido en 2014, como respuesta a la crisis financiera de 2008.La desregulación en Estados Unidos ya ha debilitado la protección financiera del consumidor en materias como las comisiones excesivas, los préstamos abusivos y las prácticas financieras injustas. Precisamente estas condiciones de protección laxa al consumidor fueron las que según Barr “se agravaron en los años previos a la crisis financiera mundial, causando daños devastadores. Corremos el riesgo de repetir ese error”. Una sabia advertencia que debería contrarrestar la temeraria deriva desreguladora, que con el pretexto de un supuesto aumento de la competitividad incrementa los riesgos de crisis y debilita gravemente los derechos de los ciudadanos.
Temeraria desregulación bancaria
Las autoridades europeas están sometidas desde hace meses a una descarada presión por parte del lobby bancario que exige acelerar la desregulación financiera, incluida la disminución de capital






