Los ecos del concierto celebrado en la Sociedad Filarmónica de Bilbao parecían aliviar la expresión de dolor de la musa griega de la música, Euterpe. Las notas del cuarteto de cuerda se proyectaban, de algún modo, hacia el lugar donde vuelve a exhibirse esta escultura de bronce dorado, el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Allí es donde recibe a cada visitante y donde recuerda a quien debe su existencia, al compositor bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga, cuyo bicentenario de fallecimiento se conmemora este año.La obra musical del pasado miércoles fue el colofón final de una jornada muy especial en la que la pinacoteca presentó su nuevo Atrio Arriaga. Con las obras de su ampliación aún sin concluir, el museo detuvo por un día sus trabajos para que la ciudadanía pudiera ver acabado el que ya es, según sus arquitectos, “el corazón” del nuevo museo. En este lugar convergen sus tres principales edificios y tres de sus esculturas más significativas: Lugar de encuentros IV (1973) de Eduardo Chillida; Bilbao (1983) de Richard Serra y el mencionado Monumento a Juan Crisóstomo Arriaga (1906-1933) de Francisco Durrio. El nuevo atrio ha proporcionado “una amplitud terrible, otro hemisferio”, valoraba Itziar Lasuen, una de las primeras visitantes en descubrirlo. Para José Antonio del Caz, otro de los asistentes, ha sido una sorpresa: “Un homenaje merecido a nuestro músico universal. Es impresionante”. Begoña Olabarria Smith lamenta que no esté al aire libre. “Era mi sitio favorito de Bilbao y ahora es un bajón”, pero entiende que el museo haya optado por protegerlo frente a las inclemencias. En una línea similar se manifiesta Ana Almaraz, quien considera que la misma escultura de Durrio era “suficiente, como estaba en el anterior jardín”. Para volver a pisar esta sala de once metros de altura, habrá que esperar a la reinauguración del museo, prevista para el 5 de octubre de este mismo año. Todavía quedan semanas de trabajos por acometer en el nuevo cuerpo Agravitas, diseñado por el británico Norman Foster y el arquitecto local Luis María Uriarte, y ubicado sobre este importante recibidor, cuyo acceso será libre una vez acabados.La ampliación del museo, que trascenderá el propio conjunto arquitectónico para proyectarse en otras zonas verdes cercanas, pretende ser un impulso para toda la ciudad. “Significa reforzar uno de los ejes estratégicos con los que, tras la profunda crisis industrial y el enorme desempleo, Bilbao tuvo que reinventarse y transformarse”, valora el exalcalde de la ciudad, Ibon Areso. “En el futuro, no habrá ninguna ciudad económicamente importante que a la vez no sea culturalmente importante. La reforma y ampliación contribuye a ese objetivo”, vaticina en declaraciones a EL PAÍS quien dirigió el plan urbanístico que dio lugar a la transformación de la capital vizcaína.De momento, el primer objetivo ya se ha cumplido. “Solo con que la obra de ampliación nos hubiera ofrecido este nuevo atrio ya habría merecido la pena todo el esfuerzo”, opina un emocionado director del museo, Miguel Zugaza. “Este espacio va a permitir entender que el museo se celebra en varios edificios. Hasta ahora en dos y, a partir de octubre, también en un tercero”, explica el que fuera también director del Museo Nacional del Prado (2002-2017). Construido en los límites de los inmuebles existentes, sin llegar a tocarlos, el nuevo espacio permite poner en valor la singularidad de cada una de las partes que integran el museo. Para la oficina que ha diseño los trabajos, “es, en muchos sentidos, el corazón del museo, tal y como fue concebido en el proyecto”. La socia principal y codirectora de la oficina de Foster + Partners, Taba Rasti, explica que la ampliación “no solo articula la arquitectura, sino que define la manera en que la institución se relacionará consigo misma y con la ciudad. Este espacio materializa, a través de un gran vacío, el punto de encuentro de todas las intervenciones que han ido dando forma al museo a lo largo de su historia”.El nuevo espacio se caracteriza por una gran galería elevada que parece flotar sobre los edificios históricos del museo, el original de 1945 y la ampliación de 1970. Esta nueva pieza arquitectónica, ligera y luminosa, se apoya sobre un reducido número de pilares y actúa como una especie de gran cubierta contemporánea que unifica el conjunto sin ocultar las construcciones preexistentes. Se trata, en todo caso, de la mayor transformación arquitectónica de la institución desde la inauguración de su sede actual. La intervención incorpora más de 6.700 metros cuadrados de nueva construcción y la renovación integral de buena parte de los espacios existentes, con el objetivo de ganar superficie expositiva, mejorar la accesibilidad y adaptar el museo a las necesidades actuales. Además de ampliar las salas para la colección y las exposiciones temporales, el proyecto recupera la entrada histórica del edificio de 1945 y refuerza la conexión del museo con su entorno urbano, especialmente con el parque de Doña Casilda y la Plaza Euskadi. El presupuesto máximo estimado por el museo para la ejecución del contrato es superior a los 18 millones de euros.Lo del pasado miércoles también sirvió para demostrar que el trono de los museos en Bizkaia es compartido. Los patronatos del Bellas Artes y del Museo Guggenheim posaron juntos en una fotografía que escenificó la unidad y complementariedad de ambas instituciones culturales. El de Frank Ghery es “un museo de arte moderno y contemporáneo”, mientras que el Bellas Artes “contiene una importante diversificación museística, con colecciones muy notables de arte antiguo, escuelas española y flamenca, obras internacionales de los siglos XIX, XX y contemporáneas, pero también por otro lado de Arte Vasco con su consecuente aportación de identidad y raíces, aspectos cada vez más apreciados en un mundo tan globalizado”, matiza Areso.Ahora, esta ampliación se entiende como un nuevo paso dentro de la transformación cultural de la ciudad iniciada hace décadas. Un movimiento que no solo afecta al propio museo, sino que refuerza su papel dentro del tejido urbano y consolida a Bilbao como un espacio donde la cultura actúa como motor de cambio. Areso subraya que “los grandes proyectos culturales no solo tienen un valor social o simbólico, sino también una dimensión económica evidente, al generar empleo y aportar al PIB”.
El Bellas Artes de Bilbao estrena nuevo “corazón” en plena ampliación del museo
La pinacoteca inaugura el atrio Arriaga y refuerza la idea de una ciudad donde la cultura actúa como motor económico, social y urbano
El Museo de Bellas Artes abre nuevo Atrio Arriaga (Norman Foster, 6.700 m², 18M€) que une sus tres edificios; reapertura 5 octubre 2026. Ampliación estratégica que consolida la transformación cultural de Bilbao post-crisis industrial, reconociendo que relevancia económica requiere ahora presencia cultural contemporánea.







