Diego Torres PantinCaracas. Servicio especial 29/06/2026 06:00 Actualizado a 29/06/2026 06:11 Eran las 6 de la tarde del 24 de junio. Carlos Alfredo, un joven que trabaja como mototaxista, se encontraba en su hogar cenando. Vive en Caracas. Fue justo cuando el suelo empezó a temblar. Él, sus padres y hermanos tuvieron que salir. Fueron 39 segundos que cambiaron la vida de un país que ya estaba devastado. Perdieron una pared de su hogar. “Y menos mal que solo fue una, porque si hubieran sido dos, se tumbaba la casa”.Esa misma noche fueron a La Guaira, ciudad costera ubicada a 40 minutos de Caracas, para apoyar las labores de búsqueda y rescate de la familia del pastor de su iglesia: los padres del éste, cuñados, esposa e hijos desaparecieron cuando colapsó su edificio. La familia de Carlos Alfredo pertenece al Movimiento Misionero Mundial. Allí solo encontraron devastación. Desde entonces solo han podido recuperar dos cuerpos y los juguetes y cuadernos de los niños. En esa manzana cayeron varios edificios.El gobierno muestra su cara más autoritaria al desmantelar los centros de ayuda de los partidos opositoresCarlos Alfredo hace un cálculo rápido de la situación trece edificios, cada uno con cuatro apartamentos. “¿Tú crees que el gobierno saca cuentas de esto, de los muertos? Mentira. Además, no hay comunicaciones, no hay cobertura, no hay internet”. Él razona que, aunque es improbable que quienes quedaron atrapados sigan vivos, al menos hay que sacar sus cuerpos hacerles el funeral.–Esto es horrible. Pero el que no vive para servir no sirve para vivir. Al menos me queda la satisfacción de que moví un escombro.Zonas costeras más damnificadas por el seísmoLa VanguardiaDesde que la tarde del miércoles dos terremotos de 7,5 y 7,2 puntos en la escala de Richter afectaran a varias ciudades de la cordillera de la costa del país, el gobierno ha contabilizado 1.450 muertos un montón de edificios colapsados y pérdidas irrecuperables. El poder interino ha declarado la situación de emergencia, las actividades se han suspendido. Solo se permiten trabajos que puedan ser útiles para resolver la situación. Y aunque ha movilizado agentes de todos los cuerpos del Estado, la cantidad de desaparecidos sugiere que esto lo ha desbordado. También ha mostrado su faceta autoritaria al desmantelar los centros de acopio, de almacenamiento y distribución de ayuda de los partidos opositores.Un equipo de trabajo de los Estados Unidos trabaja intentando rescatar damnificados en La Guaira, ayerMatias Delacroix / Ap-LaPresseLo que sí destaca es la presencia de la sociedad civil. Los centros de acopio han cubierto Caracas. El de la Universidad Central de Venezuela, por ejemplo, estaba abarrotado. Muchos ciudadanos han donado ropa, medicinas, material médico, pañales... Venezolanos de todas partes se han movilizado para ayudar. Algunos señalan que han sido más los civiles que las fuerzas del Estado.La noche del viernes, el régimen interino emitió un comunicado explicando que a partir de ese momento se debería solicitar un salvoconducto para ir a La Guaira. El sábado, el Poliedro de Caracas, centro cultural de icónica estructura, se habilitó como la sede de las operaciones para conseguir el salvoconducto. Las colas se hicieron interminables. Desde las puertas, funcionarios del gobierno pedían calma y paciencia. “¡Vamos a dejar entrar a los primeros 50, luego otros 50 y así vamos!”.Yaritza Coromoto estaba allí. Tiene 50 años y vende ropa a través de una tienda online. Vive en Caracas con su hijo. Al momento de ocurrir el terremoto, su hermana le escribió por WhatsApp. Le avisó que habían logrado salir del edificio, que estaban en la camioneta. Fue el último mensaje que Yaritza recibió. Con su hermana viajaban sus sobrinos y sus padres.“Ya sé que están muertos, pero necesito ver sus cuerpos”, suplica Yaritza, que busca a su hermanaLos dos días siguientes los dedicó por entero a la búsqueda. Ella, su hijo y su prima estuvieron en la urbanización Los Corales, una de las más afectadas, removiendo escombros: sacaron el cadáver de un niño y cuerpos de personas quemadas a causa de una fuga de gas. Solo consiguieron encontrar con vida a un par de perros. Explica que los rescatistas salvadoreños hicieron un magnífico trabajo.Yaritza llegó a las 5 de la mañana para obtener el salvoconducto. Le asignaron el puesto 731. Dos veces se cayó el sistema de registro: una porque se fue la luz, otra porque se interrumpió internet. En varios momentos los funcionarios dejaron colar a personas que decían tener contactos para hacerlo. Indignada, vio cómo dejaron pasar a alguien que sacó un billete de 50 dólares. Al momento de ser entrevistada para este reportaje, eran la una del mediodía y todavía estaba esperando.–En esto estamos solos. Yo ya sé que están muertos, pero al menos necesito ver sus cuerpos. Si el gobierno no va a ayudar, al menos que nos dejen hacerlo.La desesperación se siente en el aire. Todos saben que esto va para largo. Se ha viralizado un video en el que se ve a un grupo de civiles que consiguen tumbar una barricada humana formada por militares con escudos que impedía el paso en La Guaira. Clara expresión del sentimiento colectivo.
El dolor en los tiempos de la cólera
Sin esperanza de hallar a personas vivas, los airados ciudadanos venezolanos insisten en sacar escombros en un país ya desventrado antes del seísmo










