Análisis Exclusivo suscriptores Dos sismos sepultaron en 39 segundos edificios en La Guaira y Caracas, dejaron al menos 1.430 muertos y desnudaron décadas de abandono institucional.Edificio derruido en Catia la Mar, Venezuela. Foto: EFECORRESPONSAL DE EL TIEMPO EN CARACAS27.06.2026 23:01 Actualizado: 27.06.2026 23:01 EDITORA DE INTERNACIONAL27.06.2026 23:01 Actualizado: 27.06.2026 23:01
El miércoles 24 de junio el feriado nacional en Venezuela no concluyó como de costumbre con las celebraciones de San Juan; ese día, la tierra rugió. A las 6:04 de la tarde, un sismo de magnitud 7.2 con epicentro en Yaracuy sacudió el norte del país, levantando el asfalto y derrumbando edificios. Apenas 39 segundos después, un segundo sismo de magnitud 7.5 sacudió al país nuevamente.En cuestión de minutos, en el eje norte-costero, los bloques de apartamentos en La Guaira se vinieron abajo, así como al menos diez en Caracas. Toneladas de concreto y polvo sepultaron, según estimaciones oficiales, a 1.430 personas, mientras que más de 3.238 se encuentran heridas.De los desaparecidos no se tiene una cifra oficial, pero una iniciativa independiente habilitó un sitio web en el que se han registrado los nombres de 67.663 personas en al menos seis de los estados que resultaron afectados. A su vez, el Servicio Geológico de EE. UU. aseguró que la probabilidad de que las víctimas fatales sean entre 10.000 y 100.000 es del 42 por ciento. LEA TAMBIÉN Y es que cuando la tierra se detuvo, las telecomunicaciones y la red celular se mantuvieron caídas por al menos una hora en todo el país. Asimismo, la energía eléctrica se interrumpió en las zonas afectadas, dejando a miles de personas a ciegas en medio de la desesperación y soportando más de 200 réplicas tras movimiento telúrico considerado el más fuerte registrado en Venezuela en más de 125 años.Venezuela Foto:Aún confundidos, los ciudadanos comenzaron a cavar entre los escombros mientras limitadas brigadas de rescate y policías se movilizaban sin la experticia de la tragedia, dejando en evidencia la falta de equipos y preparación para atender a las víctimas.“Vecinos, necesitamos un cincel y baldes para sacar los escombros”, gritaba ese día un rescatista sobre las ruinas de un edificio que se vino completamente abajo en la zona de Los Palos Grandes, en Caracas.Entre llantos y golpes, los ciudadanos corrían con los recipientes que tuvieran para depositar los escombros. “Mi abuela está ahí, sáquenla”, gritaba un joven en evidente estado de shock por lo ocurrido.En Macuto, Caraballeda, Catia la Mar, El Junquito y otras zonas, los vecinos incluso decidieron cavar con las uñas entre los bloques derribados ante la impotencia de saber que aún había vidas por salvar, pero no quién lo pudiera hacer.“No tenemos ni agua, nadie nos ha traído nada”, dijo a EL TIEMPO Adriana Campos, que logró sacar de los escombros con sus propias fuerzas varios de los cuerpos de sus vecinos.Catia la Mar, Venezuela, este viernes 26 de junio. Foto:EFETanto la casa de Campos como el resto del complejo habitacional llamado ‘Hugo Chávez’, en Caracas, se vinieron abajo. Desde lejos se veían los cadáveres tapiados, mientras que los hospitales –carentes de insumos y personal desde hace años– tuvieron que enfrentar lo imposible.“No ha venido nadie, necesitamos ayuda. Mis sobrinas están bajo los escombros”, gritaba a su vez un hombre con lágrimas en los ojos.Organismos de rescate y expertos en emergencias humanitarias describen como las “horas doradas” la ventana de las primeras 48 horas en las que los equipos pueden rescatar a la mayor cantidad de personas con vida tras el desastre. Pasadas las 72 horas, el ser humano fallece por falta de agua y comida.Y en Venezuela, muchos tuvieron que vivir la muerte a cuentagotas atrapados entre los escombros.No ha venido nadie, necesitamos ayuda. Mis sobrinas están bajo los escombrosPara Nastassja Rojas, consultora y profesora en Derechos Humanos y Migración, lo ocurrido expone una vulnerabilidad institucional acumulada por décadas.“La tragedia será enorme en cuanto a número de víctimas, no solo por el inevitable sismo, sino por la falta de mantenimiento de la infraestructura, así como por la muy débil respuesta de los sistemas de salud, de transporte, públicos. Esto es como una tragedia dentro de otra tragedia que, de manera exponencial, exhibe las falencias del Estado”, explica la analista.Situación en Catia La Mar, en La Guaira (Venezuela). Foto:EFEDesde la crisis energética de 2009 –cuando el gobierno de Hugo Chávez atribuyó los primeros racionamientos al fenómeno de El Niño– hasta el mega apagón nacional de marzo de 2019 y los cortes diarios que aún padece el occidente del país, el sistema eléctrico venezolano ha sido un termómetro silencioso del abandono.A esa enfermedad lenta se sumó una contracción económica del 75 por ciento entre 2014 y 2020, la mayor hiperinflación de la historia reciente del continente, el éxodo de casi 7,9 millones de venezolanos y un sistema de salud que, según la plataforma HumVenezuela, no está disponible para casi el 70 por ciento de la población cuando más del 90 por ciento vive bajo la pobreza.“El deterioro de la infraestructura no es un fenómeno reciente”, advierten los analistas que vienen monitoreando el sistema desde hace más de una década en el que estiman más de 2.400 obras públicas paralizadas, acueductos que pierden hasta la mitad del agua procesada por fugas no reparadas y una fuga de ingenieros, médicos y técnicos que vaciaron las salas de mantenimiento de las que hoy dependen los rescates.Lo fundamental será evitar que el régimen instrumentalice políticamente esta crisis, como ocurrió en el pasadoPero el discurso oficial, bajo consignas como “Venezuela potencia”, lleva años negando la precariedad de los servicios.Edward Rodríguez, estratega comunicacional, señaló que existe un fuerte impacto simbólico y real del actual colapso: “El sismo le ha subido el telón al Gobierno y descubierto la farsa del régimen (...) Testimonio de eso es el deterioro visible de la infraestructura que se desplomó con los dos terremotos y la ineficiente capacidad de respuesta, de asistencia y rescate durante las primeras 24 horas”, señaló Rodríguez.Terremoto en Venezuela del 24 de junio de 2026. Foto:EFEPese a que la encargada del país, Delcy Rodríguez, aseguró que trabajan para rescatar al mayor número de sobrevivientes y agradeció el inmediato ofrecimiento de ayuda internacional, liderado por Estados Unidos y otros países, incluido Colombia, la destrucción del aeropuerto de Maiquetía Simón Bolívar, en La Guaira, dificultó el arribo de esta en las horas más urgentes de la catástrofe.Además de anunciar el Estado de Emergencia, Rodríguez anunció el otorgamiento de bonos de dinero a través del sistema gubernamental a los afectados.El hambre y la furiaMientras los gobiernos extranjeros anunciaban asistencia y enviaban aviones con rescatistas provenientes de El Salvador, México, Colombia, Estados Unidos, Suiza, España y Europa, la realidad en las calles era de desesperación.Sin refugios para los damnificados, las personas han dormido estas noches en las calles y tuvieron que pasar más de 24 horas para recibir cajas de suministros y agua potable, pero sin que apareciera la maquinaria pesada para socorrer a los atrapados. Sin embargo, la situación expuso la resiliencia del pueblo venezolano que, con pocos recursos y donaciones, se trasladó en motocicletas hasta las zonas afectadas llevando lo que podían. Para la mañana del viernes, los comercios que sobrevivieron al sismo y que quedaron abandonados comenzaron a ser saqueados en La Guaira.Ronal Rodríguez, investigador y vocero del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, recuerda los precedentes históricos de la gestión de desastres en el país. LEA TAMBIÉN Venezuela Foto:“En el deslave de Vargas de 1999, el entonces presidente Hugo Chávez no permitió el ingreso de ayuda estadounidense. Fue una decisión puramente ideológica (...) Hoy el contexto es distinto. Venezuela vive una situación muy particular, con una dictadura tutelada por Washington, y esa ayuda sí va a llegar. La respuesta probablemente contará con una coordinación internacional importante. Lo fundamental será evitar que el régimen instrumentalice políticamente esta crisis, como ocurrió en el pasado”, advirtió.Por su parte, Nastassja Rojas advierte sobre el peligro de repetir los errores de ese año 1999, manifestando su preocupación por los sectores más vulnerables.Por el momento, desde Colombia no hemos podido hacer llegar la cantidad de ayudas recolectadas en especie debido a serias dificultades logísticas“Esto ya lo vivimos, como decía, en la tragedia de Vargas, y hubo un tema gravísimo de trata de niños y niñas que quedaron en el abandono en condición de vulnerabilidad extrema (...) Creo que es muy difícil que no haya politización, pero, como digo, hay que priorizar lo que se necesita para estas primeras horas”, dice.A nivel de la frontera terrestre activa con Colombia, el reto logístico es inmenso. Ronal Rodríguez hace un llamado urgente ante la imposibilidad inmediata de movilizar insumos.“Por el momento, desde Colombia no hemos podido hacer llegar la cantidad de ayudas recolectadas en especie debido a serias dificultades logísticas”, dijo.Voluntarios intentan retirar escombros Foto:AFPCensura y control socialEl flujo de información oportuna ha sido otra de las víctimas de la crisis. El cerco comunicacional, la opacidad de los datos de fallecidos y heridos, y el bloqueo a medios han complicado el panorama para las familias y los rescatistas en el terreno.Ante los problemas de orden público y los saqueos, la respuesta estatal ha incluido la militarización de zonas estratégicas afectadas, una medida que genera recelo entre los analistas debido al historial de control social en el país.Luisa Lozano, directora del programa de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana, desglosa el alcance de este despliegue militar en La Guaira. LEA TAMBIÉN “El decretar esa militarización no es algo que sea extraordinario en estos contextos de emergencias. Esto lo hacen muchas veces los Estados para poder tener un mayor control cuando no se tiene una capacidad logística clara”, sentenció Lozano.Justamente, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y hermano de la presidenta interina, dijo en una alocución que “el estado La Guaira se encuentra totalmente militarizado para garantizar la seguridad, el orden interno y facilitar las labores de rescate de los cuerpos de rescate venezolanos y de solidaridad internacional”.Entre tanto, los hospitales trabajan con su capacidad desbordada.Aeropuerto internacional Simón Bolívar, en Maiquetía (Venezuela). Foto:EFE.Carla Barrios es una médica venezolana que, ante las necesidades, optó por acudir con sus propios recursos a una farmacia y adquirir lo necesario para atender a la mayor cantidad de víctimas.“No contamos con insumos básicos como gazas o suero y hemos tenido que liberar camas de pacientes que estaban hospitalizados por intervenciones menores para priorizar a heridos de mayor gravedad”, le relató a este diario mientras intentaba conseguir todo lo que requería para llevar al hospital.Barrios, como la mayoría de sus colegas, ha trabajado sin descanso mientras urge por la necesidad de personal capacitado desde el extranjero. “Nuestros recursos humanos son extremadamente limitados para la capacidad de respuesta que se requiere”, afirmó.Las imágenes difundidas en redes sociales muestran pasillos colapsados por heridos, así como morgues improvisadas en estacionamientos y canchas deportivas. Entre tanto, los analistas coinciden en que la ayuda que requerirá el país para salir adelante se debe mantener en el largo plazo, mientras crecen los temores sobre quién terminará administrando las ayudas.Venezuela Foto:Venezuela enfrenta hoy uno de sus capítulos más oscuros. Uno que le muestra al mundo la peor cara de una crisis humanitaria agudizada desde 2017, pero que expone las heridas abiertas de un pasado mucho más profundo.Entre el polvo que aún no se asienta, el olor a quemado por los incendios que se produjeron y el llanto de quienes velan a sus muertos en plena calle, Venezuela descubre que el terremoto no fue una excepción, sino una metáfora: el suelo, en realidad, llevaba años cediendo y ahora es momento de volver a ponerse de pie.Con reportería de Juliana Castellanos y Camilo Castillo Sigue toda la información de Internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.













