La tierra se abrió en el corazón de Roma. Tras un terremoto, apareció una enorme grieta en el Foro romano, una sima que se iba abriendo poco a poco y acabaría engullendo la ciudad. Año 362 a.C. Los romanos consultaron a los augures, que transmitieron una respuesta inquietante: para salvar la ciudad debían entregar su bien más preciado. Durante días buscaron una respuesta. ¿El oro? ¿Las joyas? (con permiso de Zapatero) ¿Las imágenes de sus dioses? Fue un joven romano, Marco Curcio, quien encontró la solución: lo más valioso de Roma no eran sus tesoros ni las cosas materiales, sino el valor de sus ciudadanos, el coraje. Entonces montó en su caballo, cogió sus armas y se lanzó al abismo. La grieta se cerró y Roma se salvó.El Foro romano DuallogicEste relato, es obvio, pertenece al mundo de los mitos. Tito Livio, que lo cuenta, sabía que los pueblos no conservan durante siglos las leyendas por casualidad, sino porque en ellas reconocen las virtudes que consideran esenciales para sobrevivir. La imagen ha fascinado durante siglos a artistas como Cranach o Pietro Bernini.Hoy ya no se abren grietas en los foros ni consultamos augures para conocer el futuro. Pero los abismos siguen existiendo. Son la incertidumbre, la enfermedad, el desempleo, la soledad, el fracaso o las dificultades en la vida de cualquier persona. Y también hoy seguimos necesitando una respuesta a la pregunta: ¿qué es lo más valioso que posee una sociedad? No son las infraestructuras, ni la tecnología. Las necesitamos, claro. Pero ninguna comunidad prospera sin ciertas virtudes cívicas: el esfuerzo, la responsabilidad, la solidaridad, la honradez y, sobre todo, el coraje.Ninguna comunidad prospera sin ciertas virtudes cívicas, sobre todo, el corajePorque el coraje no consiste únicamente en protagonizar gestas excepcionales. Es la valentía cotidiana de quien se levanta cada mañana para sacar adelante a su familia. De quien emprende después de fracasar. De quien cuida a un enfermo durante años sin reconocimiento alguno. De quien sigue adelante cuando las circunstancias invitan a rendirse. De quien elige hacer lo correcto en lugar de lo cómodo.Hace poco leía el bello libro de poemas El coraje, de José Luis Pérez Pastor. Nos recuerda que el coraje sigue teniendo una fuerza especial. No designa una emoción pasajera, sino una disposición moral. Un carácter. Una forma de estar en el mundo.La leyenda de Marco Curcio nos recuerda que las sociedades no se salvan únicamente con recursos materiales (ya lo dijo Gaudí: “Primero el amor, después la técnica”). Se sostienen gracias a las personas que están dispuestas a dar lo mejor de sí mismas cada día. Porque el éxito no está en vencer siempre, sino en no darse nunca por vencidos. Y para eso hace falta coraje.
El coraje, por Emilio del Río
La tierra se abrió en el corazón de Roma. Tras un terremoto, apareció una enorme grieta en el Foro romano, una sima que se iba abriendo poco a poco y acabaría engullendo la ciudad. Año 362 a.C. Los romanos consultaron a los augures, que transmitieron una respuesta inquietante:...









