El 1 de octubre de 2019, Chu Ting Tang disfrutaba de un privilegio reservado para muy pocos. Mientras misiles balísticos, carros de combate y miles de soldados desfilaban ante Xi Jinping para celebrar el 70 aniversario de la República Popular China, el presidente de la London Chinatown Chinese Association contemplaba la ceremonia desde la Puerta de Tiananmén, el mismo balcón desde el que Mao Zedong proclamó el nacimiento del régimen comunista en 1949. Fue el único líder comunitario europeo en contar con tales honores. En Londres, sin embargo, pocos lo identificaban con el núcleo del poder del gigante asiático. Era, sobre todo, el empresario distinguido con una Orden del Imperio Británico (OBE), uno de los rostros más conocidos del barrio de los restaurantes de dim sum, los farolillos rojos y las multitudinarias celebraciones del Año Nuevo Lunar que cada año atraen a cientos de miles de visitantes. Chu Ting Tang es solo la punta del iceberg. Una investigación publicada por The Times identifica al menos 75 organizaciones con actividad en Reino Unido que mantienen distintos vínculos con organismos del gigante asiático. Presentadas como asociaciones culturales, empresariales o académicas, algunas habrían servido para ampliar la capacidad de proyección política de Pekín y estrechar sus lazos con empresarios, universidades y líderes comunitarios británicos. La investigación —elaborada junto con la Inter-Parliamentary Alliance on China (una alianza internacional de parlamentarios especializada en la política china) y UK-China Transparency (una organización británica que investiga la influencia del Partido Comunista Chino)— analiza centenares de documentos oficiales chinos, páginas web archivadas, discursos internos y registros públicos. TE PUEDE INTERESAR En ellos aparecen entidades descritas por las propias autoridades como "estaciones de enlace", "estaciones de trabajo" o "bases de captación de talento" para gobiernos provinciales. Otras mantienen relaciones con el Departamento de Trabajo del Frente Unido (United Front Work Department, UFWD), uno de los organismos más importantes —y también más desconocidos— del Partido Comunista Chino. Durante los últimos años, el director general del MI5, Ken McCallum, ha advertido repetidamente de que China representa el desafío de inteligencia "más complejo y transformador" para Reino Unido. TE PUEDE INTERESAR Y el trabajo del rotativo británico viene a corroborarlo. La conclusión no es que exista una vasta red de espionaje ni que las personas citadas hayan cometido delitos. De hecho, el periódico subraya que no existen pruebas de que la mayoría actuara conscientemente en nombre del Partido Comunista ni de que desarrollara actividades ilegales. Su tesis es más sutil y, precisamente por ello, más inquietante: durante años, Pekín habría construido una infraestructura de influencia basada en relaciones personales, prestigio institucional y asociaciones comunitarias capaz de acercar posiciones y proyectar sus intereses políticos dentro de una de las democracias más abiertas de Occidente. Una participación ¿honorífica? Ahí reside la principal diferencia con las operaciones clásicas de inteligencia. No se trata de robar documentos clasificados ni de infiltrar espías, sino de cultivar relaciones con empresarios, académicos, universidades, abogados, asociaciones profesionales y dirigentes comunitarios capaces de abrir puertas, generar confianza y ampliar la presencia política y económica de China mucho más allá de los canales diplomáticos tradicionales. Chu Ting Tang sería uno de los ejemplos más representativos de esa estrategia. Figura como vicepresidente de la China Overseas Friendship Association (COFA), una organización administrada directamente por el Frente Unido. En 2014 presentó un escrito al comité de Exteriores de la Cámara de los Comunes en el que instaba al Gobierno británico a condenar las protestas prodemocráticas de Hong Kong y calificaba las reivindicaciones de la oposición de "ilegales e irrazonables". La organización UK-China Transparency sostiene además que mantiene "vínculos excepcionalmente estrechos" con el Frente Unido y destaca una fotografía tomada en Pekín en la que aparece en primera fila junto a Xi Jinping. TE PUEDE INTERESAR Tang rechaza esa interpretación. Asegura que su participación en COFA era exclusivamente "honorífica", que nunca desempeñó funciones políticas ni actuó en representación del Gobierno chino y que todas sus intervenciones públicas respondían únicamente a opiniones expresadas a título personal. "No actúo como representante de ningún gobierno extranjero", afirmó al periódico británico. Otro de los casos analizados es el de Ping Huang, investigadora del Data Science Institute del Imperial College London y durante años presidenta de la Zhejiang UK Association (ZJUKA). Aunque la asociación se presenta públicamente como una entidad "no política", los documentos consultados muestran que fue impulsada con el respaldo de la Embajada china y que posteriormente fue designada oficialmente por la provincia de Zhejiang como estación de captación de talento en el extranjero. En publicaciones oficiales chinas, Huang aparece descrita como una "embajadora no gubernamental entre China y Reino Unido", mientras que la asociación es presentada como una herramienta para "mostrar la imagen de China como una nueva gran potencia". En otros textos, la propia investigadora expresaba su voluntad de "contar bien las historias de China", una de las consignas más repetidas por Xi Jinping para definir la estrategia internacional de comunicación del Partido Comunista. TE PUEDE INTERESAR Por otra parte, también se cita a Ao Jiang, conocida como Jasmine Jiang, una financiera formada en la Universidad de Cambridge y directora de la empresa británica Peak One Ltd. Medios oficiales chinos la presentan como responsable en Reino Unido de varias oficinas de captación de talento para gobiernos provinciales y destacan que recibió la Medalla Juvenil del 4 de Mayo, una de las máximas distinciones concedidas por el Estado chino a jóvenes destacados. Jiang negó haber dirigido esas oficinas, haber pertenecido a organismos políticos chinos o haber desarrollado actividad política en ninguno de los dos países. Las 'tres armas mágicas' chinas Para los investigadores, el interés de estos casos no reside tanto en las personas como en el sistema del que forman parte. El Departamento de Trabajo del Frente Unido no funciona como un servicio secreto convencional. Su misión no consiste en obtener documentos clasificados ni en infiltrar agentes, sino en construir una amplia red de relaciones con empresarios, académicos, asociaciones profesionales, universidades, comunidades religiosas y organizaciones de la diáspora que el Partido Comunista considera estratégicamente relevantes. El organismo existe desde los primeros años de la República Popular, pero Xi Jinping ha reforzado considerablemente su papel desde su llegada al poder. El propio presidente chino lo ha descrito como una de las "tres armas mágicas" del Partido Comunista, junto con la construcción del Partido y el Ejército Popular de Liberación. El sinólogo Martin Thorley, autor de All That Glistens, resume esa estrategia con una comparación especialmente gráfica. "Del mismo modo que el Ejército Popular de Liberación es el brazo armado del Partido Comunista, el Frente Unido se asemeja al Ministerio de Exteriores del Partido. No gestiona las relaciones de China con otros países, sino las relaciones del Partido con grupos que considera estratégicamente importantes, tanto dentro como fuera de China". Buena parte de esa actividad, explica, se dirige a empresarios, estudiantes, comunidades chinas en el extranjero y organizaciones religiosas. TE PUEDE INTERESAR Para Chung Ching Kwong, analista sénior de Inter-Parliamentary Alliance on China (IPAC), el objetivo va incluso más allá. "En el contexto británico moderno, se trata de un esfuerzo sistemático para incorporar a las élites no pertenecientes al Partido, a las comunidades chinas en el extranjero y a figuras influyentes". En su opinión, el sistema "convierte las sociedades democráticas abiertas en herramientas contra sí mismas al transformar a líderes comunitarios en representantes de los intereses de un Estado extranjero". Precisamente esa ambigüedad explica por qué la investigación ha tenido tanta repercusión. No describe una operación clásica de espionaje, sino un mecanismo mucho más difícil de detectar y combatir: la construcción paciente de influencia política, económica y social a través de relaciones perfectamente legales que, vistas de forma aislada, apenas despiertan sospechas, pero que en conjunto dibujan una estrategia de largo plazo para ampliar la capacidad de proyección internacional de Pekín. Aunque la estrategia se utiliza en paralelo con otros métodos. La alianza de inteligencia Five Eyes —Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda— alertó recientemente de que tanto China como Rusia están utilizando plataformas profesionales como LinkedIn, Indeed y Upwork para identificar y captar funcionarios, militares, científicos, periodistas, investigadores y contratistas de defensa con acceso a información sensible. TE PUEDE INTERESAR Comprender cómo pudo desarrollarse una red de estas características obliga a retroceder una década, cuando Reino Unido veía a China como una oportunidad económica histórica y no como un desafío estratégico. En octubre de 2015, Xi Jinping fue recibido con todos los honores por Isabel II durante una visita de Estado que marcó el inicio de la denominada Golden Era. David Cameron y su entonces ministro de Economía, George Osborne, aspiraban a convertir al Reino Unido en "el mejor socio de China en Occidente". Londres abrió la puerta a la inversión china en infraestructuras estratégicas, permitió la participación de Huawei en el despliegue de la red 5G, impulsó el uso internacional del renminbi desde la City y dio entrada a la empresa estatal China General Nuclear en el proyecto de la central nuclear de Hinkley Point C. La premisa era sencilla: una mayor integración económica favorecería también una progresiva apertura política de China. 'Compromiso con los ojos abiertos' La realidad evolucionó en sentido contrario. La concentración de poder en torno a Xi Jinping, la represión del movimiento democrático en Hong Kong, las denuncias sobre Xinjiang, la creciente presión militar sobre Taiwán y el acercamiento entre Pekín y Moscú tras la invasión rusa de Ucrania transformaron profundamente la percepción británica. El veto definitivo a Huawei en 2020 simbolizó el final de aquella etapa y dio paso a una política orientada a reducir la dependencia de China en sectores estratégicos y a reforzar la protección frente a las injerencias extranjeras. Ese cambio quedó reflejado en el China Audit, la revisión integral encargada por el Gobierno laborista en 2025 para redefinir la relación con Pekín. El documento, elaborado con la participación de distintos ministerios y de los servicios de inteligencia, nunca se hizo público. El entonces ministro de Exteriores, David Lammy, explicó que gran parte de su contenido permanecía clasificado, porque incluía información cuya difusión podría perjudicar la seguridad nacional. Sus conclusiones se incorporaron a la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, la Revisión Estratégica de Defensa y la estrategia industrial del Gobierno. TE PUEDE INTERESAR Opinión La nueva doctrina quedó resumida en una expresión utilizada por Lammy: clear-eyed engagement, o "compromiso con los ojos abiertos". Es decir, mantener relaciones con la segunda economía del mundo —China sigue siendo uno de los principales socios comerciales de Reino Unido—, pero sin ignorar los riesgos que plantea para la seguridad nacional, la tecnología, las universidades, las infraestructuras críticas o la investigación científica. En 2022, los servicios de inteligencia emitieron una inédita alerta parlamentaria contra la abogada Christine Lee, a la que acusaron de actuar como agente de influencia del Frente Unido mediante contactos y donaciones a políticos británicos. Más recientemente, las autoridades prohibieron la entrada en el país de Yang Tengbo, un empresario relacionado con el ya expríncipe Andrés y señalado por sus presuntos vínculos con el mismo organismo. A diferencia de un servicio secreto tradicional, la misión del Frente Unido no consiste en robar información, sino en ampliar la capacidad de influencia del Partido Comunista fuera de sus fronteras. Los documentos oficiales chinos hablan abiertamente de fortalecer la "orientación ideológica y política" de la diáspora y de consolidar el apoyo de las comunidades chinas en el extranjero. En definitiva, la investigación no demuestra la existencia de una conspiración coordinada ni acusa a las personas citadas de actuar deliberadamente para el Partido Comunista. Lo que pone de manifiesto es la dificultad de distinguir dónde termina la actividad legítima de una asociación cultural o empresarial y dónde comienza una operación de influencia impulsada por un Estado extranjero.