Actualizado Lunes,

junio

02:48Una Monarqu�a constitucional hereditaria sobre una base democr�tica y parlamentaria. As� es como se define la forma de Estado del Principado de Liechtenstein, peque�o pa�s de apenas 160 kil�metros cuadrados atravesado por una espectacular cordillera alpina y enclavado entre Austria y Suiza. Pero la realidad es que, en algunos aspectos, es la �ltima naci�n cuasiabsolutista de la Vieja Europa, en la que su soberano tiene ampl�simas prerrogativas, como la de nombrar jueces, destituir a los miembros del Ejecutivo, conceder medidas de gracia a su antojo o vetar todas y cada una de las leyes si no son de su gusto.Y es lo que el pr�ncipe Alois de Liechtenstein ha advertido ya que va a hacer si en su feudo sigue adelante la iniciativa popular promovida por un comit� que agrupa a organizaciones de mujeres y a miembros del partido opositor Lista Libre -de adscripci�n socialdem�crata y ecologista- y que pretende la despenalizaci�n del aborto. Contra la voluntad del regente, que ejerce como jefe de Estado interino desde 2004 en nombre de quien sigue siendo el pr�ncipe soberano, Hans Adam II. Su hijo primog�nito, Alois, les ha mandado el recadito de que por encima de su cad�ver la interrupci�n del embarazo va a despenalizarse dentro de las fronteras liechtensteinianas.Hablamos de un pa�s con una de las legislaciones m�s restrictivas en esta materia de toda Europa. El aborto es ilegal en todos los casos, salvo contadas excepciones, como embarazos fruto de una violaci�n o que la vida de la madre corra peligro en caso de continuaci�n del embarazo. Los m�dicos se enfrentan a tres a�os de c�rcel en caso de participar en una intervenci�n abortiva y tambi�n est� prohibido que los facultativos informen sobre el procedimiento.Pero, desde principios de a�o, organizaciones feministas han emprendido una campa�a para remover esta situaci�n. Y presentaron una iniciativa popular tanto al Gobierno del principado como al Landtag -Parlamento- con el fin de lograr que, como ocurre en casi todo el continente, el aborto sea legal durante las primeras 12 semanas del embarazo, se levanten prohibiciones como la que afecta a la informaci�n en los centros de salud, y los costes de la interrupci�n del embarazo queden cubiertos por el seguro m�dico.El Landtag se acaba de pronunciar se�alando que la propuesta no es inconstitucional. Y, tras ese paso preceptivo, los parlamentarios tramitar�n la iniciativa, con muchos visos de no aprobarla. Pero el comit� no quiere darse por vencido y ya est� en marcha una recogida de al menos 1.000 firmas de ciudadanos con el fin de obligar a las autoridades a someter la cuesti�n a refer�ndum nacional. Conf�an incluso en que se lleve a cabo el pr�ximo noviembre. Ante este escenario, el regente Alois ha dejado claro, en declaraciones al peri�dico Liechtensteiner Vaterland, que ejercer�a su derecho de veto a la medida. "Con la regulaci�n del plazo l�mite, el Estado se desentiende de su responsabilidad de reconocer el derecho a la protecci�n de la vida no nacida durante el periodo especificado", se�al�, oponi�ndose con rotundidad a la cuesti�n.Peso de la Iglesia cat�licaLa Constituci�n del Principado, de 1921, estipula que la Iglesia cat�lica es la "Iglesia nacional", algo que se mantiene a pesar de que desde hace a�os el Legislativo trata de impulsar enmiendas para suprimir ese car�cter de religi�n de Estado. En todo caso, se estima que casi el 70% de los ciudadanos profesan este credo y el catolicismo sigue teniendo una enorme influencia en la vida del pa�s. En concreto, los miembros de la dinast�a reinante son fervientes cat�licos, algo que Alois de Liechtenstein vuelve a demostrar con esta cuesti�n siempre espinosa. Pero los colectivos feministas denuncian la hipocres�a del Estado, toda vez que la criminalizaci�n del aborto no impide que, seg�n las estadisticas que se manejan, hasta 40 mujeres se desplacen cada a�o para abortar desde el Principado a otros pa�ses, sobre todo la vecina Suiza. Ojos que no ven..., deben de pensar en el imponente Palacio de Vaduz.No es la primera vez que en Liechtenstein se intenta algo as�. En 2011 ya hubo, de hecho, un refer�ndum, con un 52,3% de los votos en contra de despenalizar la interrupci�n del embarazo. Claro que entonces la participaci�n en las urnas fue baj�sima, algo en lo que, seg�n los expertos, pes� mucho el que de antemano se supiera que el resultado no iba a servir para nada, puesto que el pr�ncipe tiene capacidad de veto de todas las leyes. Ahora podr�a producirse exactamente la misma desmovilizaci�n.El caso recuerda mucho a lo sucedido en noviembre en M�naco, donde otro pr�ncipe soberano, Alberto II, decidi� igualmente hacer uso de sus prerrogativas y bloquear una ley que ya estaba en marcha para legalizar el aborto en el diminuto pa�s mediterr�neo. El Vaticano respondi� al gesto del jefe de los Grimaldi dando luz verde al viaje de Le�n XIV a La Roca a finales de marzo, convirti�ndose en el primer Pont�fice en medio siglo que pisaba Montecarlo.Otros precedentes de monarcas que antepusieron sus convicciones religiosas al sentir popular en sus respectivos pa�ses se vivieron en B�lgica y Luxemburgo. El episodio m�s c�lebre tuvo lugar en 1990 cuando el rey Balduino de los belgas fue incapacitado durante 36 horas como estratagema legal para sortear la crisis que supuso su negativa a firmar una ley del aborto. Y, en 2008, un sobrino suyo, el gran duque Enrique de Luxemburgo, provoc� una gran crisis institucional cuando advirti� de su negativa a firmar la ley para despenalizar la eutanasia que entonces tramitaba el Parlamento, invocando convicciones profundas, ya que es un ferviente cat�lico practicante. El entonces primer ministro, el socialcristiano Jean-Claude Juncker, tuvo que ponerse manos a la obra para sacar adelante en tiempo r�cord una reforma constitucional por la cual desde ese momento el gran duque dej� de sancionar las leyes, limit�ndose su funci�n a refrendarlas. De ese modo, Enrique pudo sortear el problema de conciencia que le supon�a dar su visto bueno a una ley que regulaba la eutanasia.Lo m�s llamativo de Liechtenstein es que su soberano logr� en otro refer�ndum, en 2003, que el pueblo le mantuviera su derecho de vetar las normas del Parlamento. Dej� bien claro que si le tocaban un pelo, abdicaba la corona y que se constituyeran en una Rep�blica. Y la consulta popular se sald� con un enorme 76% de ciudadanos respald�ndole. Hasta el medieval derecho de pernada le hubieran concedido si lo hubiera exigido, por lo que se ve.