Actualizado S�bado,

agosto

10:44Cientos de habitantes de Liechtenstein participan este s�bado en la celebraci�n oficial que presiden los miembros de la dinast�a reinante con motivo del D�a Nacional del Principado. La recepci�n dominada por el ambiente festivo y relajado tiene lugar en el Castillo de Vaduz que se alza imponente sobre una colina escarpada y boscosa que domina el valle del Rin y desde la que se divisa buena parte del cuarto pa�s m�s peque�o de Europa, con m�s de 40.000 paisanos. El discurso del pr�ncipe regente, el brindis por la naci�n, el �gape, la m�sica tradicional y la atm�sfera propia de romer�a se han vuelto a repetir este 2026 como siempre. Porque pareciera que en este apacible Estado enclavado entre Suiza y Austria jam�s pasa nada y que todo es un eterno ciclo cadencioso. Y, sin embargo, esta fiesta nacional coincide con un momento de convulsi�n ciudadana y probablemente le haya cogido a Alois de Liechtenstein con el humor entrecortado. Porque el jefe de Estado de facto -ejerce las funciones de gobierno en nombre de su padre, el pr�ncipe soberano Hans Adam II, desde 2004- ha visto en los �ltimos d�as c�mo una parte considerable de la poblaci�n empieza a revolverse contra sus poderes casi absolutos y est� dispuesto a ponerle a prueba sobre hasta qu� punto ser� capaz de reinar en contra del sentir general.Y es que la campa�a impulsada por varios colectivos sociales que busca que en Liechtenstein se despenalice el aborto hasta la duod�cima semana del embarazo, en contra del criterio manifestado por el pr�ncipe regente, ha adquirido tal dimensi�n que pareciera un plebiscito a la misma Monarqu�a tal como est� configurada en la actualidad. En la naci�n basta con que se recojan 1.000 firmas de ciudadanos para que las propuestas ciudadanas sean sometidas a refer�ndum y fuercen a las autoridades a adoptar medidas legislativas. Aunque el pr�ncipe tiene en todo caso el derecho de veto si alguna ley no le gusta. Hace meses advirti� de que �l vetar�a cualquier norma para regular el aborto. Y, aun as�, los promotores a favor de la medida -con la que est�n de acuerdo el 62% de los ciudadanos, seg�n los sondeos-, se pusieron a buscar firmas como locos, habi�ndose alcanzado todo un r�cord. A principios de agosto, el comit� que aboga por la despenalizaci�n de la interrupci�n del embarazo present� ante la Canciller�a de gobierno nada menos que 4.970 peticiones uninominales, lo que supone una cuarta parte de todos los votantes del Principado. As� pues, la consulta se llevar� a cabo presumiblemente este oto�o. Y como ha destacado en medios locales estos d�as uno de los promotores de la iniciativa, Samuel Schurte, "es importante ejercer los derechos democr�ticos. As� el pr�ncipe heredero sabr� lo que piensa la poblaci�n antes de aprobar o rechazar la ley".Hipocres�a del EstadoLos colectivos feministas denuncian la hipocres�a del Estado en Liechtenstein, toda vez que la criminalizaci�n del aborto no impide que, seg�n las estad�sticas que se manejan, hasta 40 mujeres se desplacen cada a�o para abortar desde el Principado a otros pa�ses, sobre todo la vecina Suiza. Ojos que no ven..., deben de pensar en el imponente Palacio de Vaduz.Se va a colocar a Alois, ferviente cat�lico, ante una tesitura m�s que complicada. Porque, en v�speras de esta Fiesta Nacional, el regente ha reiterado en entrevistas a los peri�dicos de la naci�n su firme postura ante la iniciativa popular para despenalizar el aborto. "La protecci�n de la vida desde la concepci�n es un deber moral absoluto e inalienable de cualquier gobernante. Un valor fundamental" por encima de las mayor�as democr�ticas, ha subrayado al Liechtensteiner Vaterland. Pero si sus s�bditos se muestran tan decididos a que el pa�s deje de ser uno de los pocos en Europa donde todos los supuestos para el aborto est�n prohibidos -salvo contadas excepciones, como embarazos fruto de una violaci�n o que la vida de la madre corra peligro en caso de continuaci�n del embarazo-, sostenella y no enmendalla podr�a causar turbulencias en el estable trono."Resulta antidemocr�tico, el pueblo deber�a decidir. Resulta problem�tico cuando una persona sola tiene tanto poder". Son lamentos que se escuchan estos d�as en Liechtenstein, lo que demuestra que podemos encontrarnos ante la primera gran contestaci�n ciudadana a la arquitectura de gobierno nacional y al hecho de que esta Monarqu�a est� muy lejos de los est�ndares de casi todas las Coronas parlamentarias que hay hoy en el Viejo Continente, donde los reyes reinan pero no gobiernan.La Constituci�n del Principado otorga a Alois ampl�simas prerrogativas, como la de nombrar jueces, destituir a los miembros del Ejecutivo, conceder medidas de gracia a su antojo o vetar todas y cada una de las leyes si no son de su gusto. Los soberanos de Liechtenstein tienen muy claro que son lentejas. Si sus s�bditos quieren Monarqu�a, con todas las consecuencias; si no, lo dejan. As�, en los �ltimos tiempos ha habido hasta dos amagos de renuncia principesca. En 2003, Hans Adam amenaz� con abandonar el trono si no se reformaba la Ley Fundamental para reforzar sus poderes al considerar que lo contrario le imped�a gobernar con eficacia. Dos tercios de los ciudadanos refrendaron en las urnas su demanda. "Debemos ser el primer pa�s del mundo que decide votar el regreso a la Edad Media", solt� entonces con iron�a el l�der del opositor Partido Dem�crata, Sigvard Wolhend.De momento, las hogueras se siguen encendiendo este 15 de agosto en muchos rincones de la naci�n, como s�mbolo del v�nculo entre la Casa principesca y el pueblo. En 1719, Carlos VI de Habsburgo cre� el Principado a partir de los dominios del se�or�o de Schellenberg y el condado de Vaduz. Y ya en 1806, el territorio logr� su adhesi�n a la Confederaci�n del Rin, lo que marc� su reconocimiento como Estado soberano, algo que casi milagrosamente ha logrado mantener desde entonces. "Por Dios, el Pr�ncipe y la Patria" es el lema nacional, que evidencia lo indisolublemente ligada que est� la identidad de Liechtenstein con su dinast�a reinante. Algunas cosas se mantienen intactas desde hace m�s de 300 a�os, como la ley s�lica que impide a las mujeres acceder al trono. A�os atr�s se pregunt� por esta cuesti�n a Alois, quien se despach� diciendo que "no ser�a f�cil cambiar un sistema que ha demostrado su eficacia durante siglos". Veremos si la paciencia de los ciudadanos con tantas prerrogativas reales sigue o no inc�lume.