Frente a las vueltas a la derecha, lo principal desde el campo democrático es defender y preservar las instituciones y reglas electorales que hacen posible la alternancia. En democracia, quien gana no obtiene todo, ni para siempre. Que así siga siendo.
Por Jorge Alcocer V.
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El cerrado triunfo, en la segunda vuelta del pasado domingo 21 en Colombia, del candidato presidencial de la ultraderecha, Abelardo Gabriel de la Espriella, se suma a la cauda de resultados similares que hemos visto en años recientes en el subcontinente, a los cuales no es ajeno, sino todo lo contrario, el activismo de la Casa Blanca desde el regreso de Donald Trump a esa residencia.
Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Panamá, ahora Colombia, han experimentado una vuelta a la derecha, lo que en el segundo semestre de 2026 dejará aislados a los gobiernos de Brasil y México, que se ubican en la izquierda. Si en Brasil gana la derecha, en las elecciones presidenciales en octubre de este año, México quedaría como solitario salero en ese lado de la mesa. Considerar a Cuba y Nicaragua en la lista de gobiernos latinoamericanos de izquierda es una falacia, o un autoengaño.








