EditorialUna segunda vuelta polarizada, donde se enfrentan los extremos políticos, y el avance de un candidato de derecha dura que crece a costa de la derecha tradicional, reafirman una tendencia que se ha repetido en las últimas elecciones en la región.ComentariosLa primera vuelta de la elección presidencial de Colombia reveló un país polarizado que deberá elegir en el balotaje del próximo 21 de junio entre los candidatos de los dos extremos políticos: el heredero del actual gobierno de izquierda de Gustavo Petro, Iván Cepeda, y el representante de una derecha más dura y populista, el abogado Abelardo de la Espriella. Este último, además, dio la sorpresa al posicionarse en el primer lugar de las preferencias y llegará a la segunda vuelta con la primera opción de convertirse en el nuevo mandatario de ese país. De ser así, confirmará el giro a la derecha que ha venido experimentando el continente en los últimos años. De la Espriella sacó más de 10 millones de votos y superó por cerca de 650 mil sufragios al candidato oficialista.El escenario que se abre en Colombia, tras cuatro años del primer gobierno de izquierda de su historia, si bien da cuenta de un país quebrado que se explica en parte por variables propias de la realidad de ese país, también muestra una tendencia que se viene observando desde hace varios años en toda América Latina. La política ha venido experimentando una creciente polarización entre opciones antagónicas. Si bien es un fenómeno que no solo afecta a América Latina, un estudio del PNUD calificó a la región como la más polarizada del mundo. Varias elecciones en el continente han dado cuenta de esa realidad. Es el caso de lo sucedido en Argentina con el triunfo de Javier Milei, la propia elección de 2025 en nuestro país o lo sucedido en Perú, sin olvidar los próximos comicios en Brasil donde se dará un escenario similar.En este proceso influye por un lado el fracaso de gobiernos de izquierda, incapaces de responder a las expectativas ciudadanas, que han favorecido un movimiento pendular de las preferencias de la población, pero paralelamente una apuesta por opciones de derecha más dura y, en algunos casos, con un discurso contra el establishment político tradicional. En eso coinciden, por ejemplo, Abelardo de la Espriella y Javier Milei. En este escenario, además, esas opciones han terminado por fagocitar a los sectores históricos de la derecha. Lo sucedido en Colombia es un claro ejemplo de ello. La candidata que representaba a los grupos conservadores tradicionales de ese país, Paloma Valencia, acabó reducida a menos del 7% de las preferencias ciudadanas. A ello se suma que, frente a esta nueva realidad, el centro político virtualmente desaparece.Este clima de polarización plantea riesgos para el buen funcionamiento de cualquier sistema político, porque favorece un ambiente más crispado, debilita las confianzas en las instituciones y hace más difícil llegar a acuerdos. Un escenario que puede llevar al bloqueo de las instancias deliberativas del sistema, como el Congreso, elevando el descontento ciudadano con la democracia. El discurso disruptivo de muchos de los líderes políticos también alimenta ese fenómeno y el caso colombiano no es la excepción. Por ello, de concretarse en Colombia el triunfo de De la Espriella su principal desafío será ser capaz de entregar resultados a la ciudadanía y cumplir las expectativas levantadas. De no ser así, el péndulo seguirá moviéndose de un extremo al otro.Más sobre:ColombiaEleccionesDe la EspriellaCepedapolarización
Las señales de la elección colombiana - La Tercera
Una segunda vuelta polarizada, donde se enfrentan los extremos políticos, y el avance de un candidato de derecha dura que crece a costa de la derecha tradicional, reafirman una tendencia que se ha repetido en las últimas elecciones en la región.









