El autor defiende que el presidente del Gobierno, Pedro S�nchez, deber�a seguir el ejemplo de Keir Starmer y presentar su dimisi�n.La soluci�n es muy sencilla: es marcharse. Todo presidente de toda gran empresa cotizada anuncia que se va a su casa nada m�s sentenciar un�nimemente siete jueces del Tribunal Supremo a veinticuatro a�os de c�rcel por malas pr�cticas al consejero delegado que �l eligi�. Solo as� se evita en lo posible el ensordecedor pataleo de los accionistas y el desplome total del valor de la entidad.Lo que hay que hacer en estas circunstancias es marcharse ordenadamente, como ha dicho que se va el ingl�s Sir Keir Starmer. La coincidencia de la crisis pol�tica en Reino Unido con la de Espa�a saca las verg�enzas a Pedro S�nchez. Y crea una sana envidia del sistema parlamentario brit�nico entre una mayor�a de espa�oles que desean la inmediata dimisi�n del ocupante de Palacio de la Moncloa.A lo largo de las pr�ximas semanas el Prime Minister y l�der del Partido Laborista dar� paso a Andy Burnham, el aparentemente m�s brillante de los altos ejecutivos de la socialdemocracia brit�nica que fue ministro en la �poca dorada de Tony Blair y ahora es el popular�simo alcalde de Manchester. Starmer no se ha rodeado de subordinados corruptos, pero bajo su presidencia la marca Labour Party ha dejado de gustar por sosa y vacilante. Su liderazgo ha sido letalmente cuestionado en sondeos y en elecciones parciales.La indefinici�n y la indecisi�n son absolutamente imperdonables en el cada vez m�s competitivo mercado de la pol�tica. En la nueva era saturada de informaci�n que han inaugurado las redes sociales, el p�blico demanda mensajes sencillos y soluciones contundentes e instant�neas a problemas que son complejos. Su pensamiento desordenado no da para m�s, porque la transmisi�n del saber le es desconocido y el decoro ha desaparecido. En estos confusos tiempos no faltan plataformas insurgentes que agitan sus miedos y sus prejuicios.La prolongaci�n en el poder de quien a diario pierde legitimidad para ejercerlo da alas al populismo antisistema. �Por qu� no sigue Pedro S�nchez el ejemplo de Starmer? �Por qu� no reconoce que su liderazgo, debido a las causas judiciales que involucran a su c�rculo cercano, es much�simo m�s insostenible que el que hundi� a su correligionario brit�nico?Ante una crisis sist�mica que arrecia �por qu� no asume S�nchez que el orden de prioridades de un mandam�s en la vida p�blica es primero el inter�s de su pa�s, luego el de la formaci�n pol�tica que lidera y, en �ltimo t�rmino, el suyo propio?Si se formulan estas preguntas en el bar de la esquina a la hora del aperitivo, los habituales de la tertulia dir�n que el todav�a presidente del Gobierno de Espa�a se enroca porque teme ir a la c�rcel. Esta explicaci�n da por concluida toda explicaci�n del asunto. Pero hay otra que enriquece la conversaci�n.Starmer no puede ponerse a salvo con la jugada sobre el tablero del rey y la torre como hace S�nchez. Y S�nchez s�. Se lo permite la ley electoral que est� vigente desde hace casi cincuenta a�os y se lo autoriza la estructura jerarquizada que por aquel entonces interiorizaron los partidos pol�ticos cuando fueron legalizados. S�nchez sabe aprovecharse del d�ficit democr�tico que acarrea el sistema pol�tico desde que se liquid� la dictadura. S�nchez hace lo que hace porque puede hacerlo.La carencia democr�tica se debe fundamentalmente a dos contextos que son bien conocidos. Uno es la presentaci�n de listas cerradas y bloqueadas de candidatos en las elecciones locales, auton�micas y generales. Los potenciales cargos electos se deben, por lo tanto, no a quienes aspiran representar sino a quienes le incluyeron en la candidatura. El otro es la elaboraci�n de esas listas que se presentan a los comicios por la c�pula directiva de cada partido. En cada caso y sin excepci�n esa directiva es opaca, endog�mica, reacia a rendir cuentas al electorado y disciplinadamente servil ante el l�der.Starmer tir� la toalla porque se lo exigi� el grupo parlamentario del Partido Laborista. Al hacerlo, los MP's, Members of Parliament, que ostentan una holgada mayor�a, actuaron de acuerdo con el sentir de quienes les votaron, y por supuesto de quienes no les votaron, en sus distritos electorales. Starmer estaba acabado, el populismo aporrea las puertas de la C�mara de los Comunes y, quiz�s, con Burnham de Prime Minister aumentar� la confianza en el sistema.El derrocamiento parlamentario de Starmer es inconcebible en Espa�a. El pasado jueves, el grupo parlamentario socialista, m�s exactamente sanchista, aplaudi� a rabiar a su jefe S�nchez cuando en una votaci�n in�dita en los casi cincuenta a�os de democracia parlamentaria una mayor�a del Congreso de los Diputados -177 diputados a favor, 171 en contra y uno que se abstuvo- exigi� la dimisi�n del presidente del Gobierno.Y en su reuni�n el s�bado, el comit� federal del Partido Socialista, o sanchista, cerr� filas, tal y como se esperaba, en torno a S�nchez. No hay soluci�n.