La vida pública de Javier Milei y Manuel Adorni encuentra un trayecto paralelo que los hermana. Desde las tertulias ultras, $LIBRA y el manejo del presupuesto de un país, el economista y el contable formaron una sociedad que explica el porqué de una despedida tardía y lacerante.

Surgieron hace unos diez años como tertulianos capaces de expresar un “sentido común” que diera voz a odios latentes en la sociedad. Milei ganó aire con un estilo gritón y procaz; Adorni, con la mordacidad como bandera. Cada uno a su modo atizó el fuego de un país en el que pisarle la cabeza al prójimo (por zurdo, empleado estatal, feminista, kirchnerista, subsidiado, familiar de desaparecidos) estuviera no sólo justificado, sino que fuera celebrado.

Los años de Mauricio Macri en la Casa Rosada cruzaron sus caminos. Se encontraron en streamings y programas de radio de los que entonces eran grupúsculos a la derecha de Cambiemos. Fue la plataforma común de economistas, conservadores históricos y advenedizos que luego pegarían el salto: Carlos Maslatón, Diego Giacomini, Diego Spagnuolo, Victoria Villarruel, Lilia Lemoine y Luis Rosales, entre un par de docenas más. Carlos Rodríguez y Roberto Cachanovsky eran los patriarcas de una tesis que apuntaba al macrismo por “blando” y “socialdemócrata”. Esos espacios no eran los empleos principales de ninguno de ellos. Milei vivía del puesto de economista en la Corporación América, la firma de Eduardo Eurnekián, y Adorni vendía coches Renault en las concesionarias Mapemfi de las avenidas La Plata y Belgrano, en los barrios bonaerenses de Almagro y Monserrat.