“Mañana va una primera persona a hacer inspecciones, y ahí vamos a tener reportes más técnicos”, dice Rubén Boroschek Krauskopf (Santiago de Chile, 64 años). Lo afirma el viernes, como quien se excusa por no tener información en terreno del sismo que sacudió el pasado miércoles a Venezuela, pero destacando que esa primera persona que viaja es, como él, un académico del Departamento de Ingeniería Civil de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. Ingeniero civil doctorado en la U. de California en Berkeley, este profesor titular de la U ha enseñado Diseño Sísmico de Estructuras y Estudios Sísmicos y Geotécnicos para los Proyectos, entre otras asignaturas, y ha sido una voz requerida tras declararse la tragedia venezolana. Pregunta. ¿Qué diferencia puede establecerse entre Chile y Venezuela a partir de los sismos y su distancia de los asentamientos humanos? Respuesta. Entre más cerca esté la fuente de generación de vibraciones o de liberación de energía —de la falla sísmica, en este caso—, generalmente hay mayores intensidades de movimiento. En el caso venezolano, las fallas cruzan el territorio en varios lugares, o prácticamente en la costa, por lo que pueden tener vibraciones mucho mayores. En el caso chileno, tenemos el contacto de la placa de Nazca con la Sudamericana [donde se asienta el continente], y en ese caso los puntos más cercanos están a unos 25 kilómetros [de lugares habitados]. También hay terremotos como el de Chillán [en 1939, a 400 kilómetros al sur de Santiago], que ocurren debajo de nosotros, pero en profundidades mayores a los 60 u 80 kilómetros, y esa distancia nos protege, pero también tenemos fallas como la de San Ramón, en la Región Metropolitana [cuya capital es Santiago] y si se llega a activar, tendremos aceleraciones como en Venezuela. Y eso va a ocurrir. La suerte que hemos tenido hasta ahora es que esas fallas no se han activado tan frecuentemente. P. ¿Cuánto inciden las características del suelo? R. El suelo influye mucho. En Chile hay suelos duros o rígidos, como roca, gravas o arena, por lo que tenemos una respuesta, en general, menos dañina que si tuviésemos arcilla, que se genera mucho en Venezuela por el clima tropical. Lo otro es que somos más cuidadosos en diseñar con estructuras que resisten el tipo de terremotos que tenemos, que sufren poco daño y tienen muy poca probabilidad de colapsar. Mi percepción es que en Venezuela se usan sistemas estructurales que tienden a tener mucho daño y una probabilidad de colapso mucho mayor, como vemos en los terremotos recientes. Si en el caso venezolano se aplicara la norma al pie de la letra, podría haber menos colapso, pero siempre van a tener mucho daño, porque es algo intrínseco a la forma en que han normado y diseñado. En el caso chileno, lo que se hizo bien hace 100 años ya no nos molesta. En el venezolano, lo que se hizo mal en los años 70, por deficiencias normativas, hoy se está cayendo. P. Lo que lleva a la construcción y a las normas que la regulan. ¿Es dable pensar que, por bien que se construyan los edificios, se pueden desplomar de todos modos? R. No. Hoy en día, mientras no construyas encima de la falla, puedes evitar el colapso: es una realidad que se ha demostrado en Chile y en otros países. Las herramientas técnicas se han ido afinando; siempre hay cambios, pero creo que es poco justificable, de 1980 en adelante, tener colapsos catastróficos como el que hoy se observa. P. ¿Cuánta responsabilidad le asigna a la fiebre de los pozos profundos [la práctica, en edificios residenciales en Caracas y otras ciudades, de perforar el suelo de la propiedad para obtener agua subterránea, ante el colapso del suministro público]? R. El agua en estratos subterráneos es normal y debe ser considerada en el diseño. Podría ser un problema si, por la presencia del agua, hay licuación del terreno (el suelo se vuelve como un líquido y no resiste el peso del edificio), para lo cual se puede mejorar el terreno, poner pilotes, etc. Sin confirmar ni descartar la incidencia que menciona, la fuente principal del daño observado hasta ahora es, esencialmente, un sistema estructural débil, un sistema muy frágil de cierres, de tabiques, de fachadas que se desploman. Tengo la impresión de que la norma puede haber estado un poco corta en las demandas y en el nivel de la fuerza, porque es la primera vez en 100 años que ocurre uno de magnitud 7 en la zona. P. ¿Hay un problema con la norma? R. Cuando uno ve la norma sísmica venezolana vigente, de 2019 (que no se aplica los edificios que cayeron, que son anteriores), a esta zona no se le asigna la máxima intensidad del país, que está asignada a otra, un poco más al este, y creo que esa situación va a pesar en el futuro. Este sismo fue mucho más severo que lo que estimaba la norma, y de eso no podemos echar la culpa ni a los diseñadores, ni a los constructores, ni a los vendedores de viviendas. Si la norma estaba equivocada, la capacidad de estos edificios de resistir más era muy poca. En Chile eso no ocurre: el concepto de diseño chileno es precisamente que, si se supera la norma, haya una reserva. Y la impresión que dan los videos, porque no he estado ahora en Venezuela, es que los edificios estaban muy ajustados, con poca capacidad en exceso [todo lo que una estructura, terreno o instalación podría soportar o permitir, pero que normalmente no se usa por completo] y, por lo tanto, cualquier error normativo se expresa en un colapso. En el caso chileno, un error normativo implica más daño, tal vez un costo de reparación mayor, tal vez demolición posterior, pero no un colapso. La norma venezolana está revisada por gente imparcial, externa al proyecto, y es bastante estricta: exige un montón de cosas que en Chile también requerimos. El problema es que no se respeta la institucionalidad: muy probablemente, no aplican la norma de forma completa. El diseñador en Chile es un actor, pero tiene siempre un revisor para escrituras de más de cuatro pisos que chequea todo el cumplimiento normativo. Entonces, lo que nos favorece es que hay una institucionalidad muy fuerte, normas que van en la dirección correcta, revisores sísmicos dispuestos por ley que validan la aplicación de la norma y que son corresponsables, así como constructoras que respetan la norma y, en general, usuarios que no modifican la seguridad sísmica eliminando muros o cambiando usos sin hacer un estudio detallado. Mi percepción es que puedes tener muchas leyes, pero si el Estado está débil, nada funciona. Conozco las normas venezolanas, y a los colegas, de excelente nivel, pero el problema no está ahí: el problema es que la institución completa del país tiene deficiencias importantes. P. En lo que ha estado ocurriendo en Venezuela, ¿hay algo distinto de lo que usted podía imaginar o prever? R. Lamentablemente, todo el daño que hemos visto se ha visto en otros terremotos y está en la normativa. Los edificios al borde de acantilados, de los que siempre se ha sabido que tienen más demanda sísmica, deberían ser más robustos. El uso de pórticos, vigas y columnas, así como la ausencia de muros, sabemos que generan estructuras que pueden colapsar. Siempre hemos sabido que las fachadas de ladrillo hueco se agrietan, explotan, se vacían y generan caos.
Rubén Boroschek, ingeniero civil: “Es poco justificable, de 1980 en adelante, tener colapsos catastróficos como el de Venezuela”
Especialista en ingeniería sísmica, el académico de la Universidad de Chile aborda el fuerte episodio telúrico del pasado miércoles










