En las horas posteriores al terremoto en Venezuela, un pronóstico devastador comenzó a circular por numerosos medios internacionales. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) estimó que existían un 44% de probabilidad de que más de 10.000 personas mueran como consecuencia del sismo. La Vanguardia ha hablado con Christine Goulet, directora del Earthquake Science Center del USGS, para preguntarle por esta proyección. La respuesta no es sencilla: Venezuela no solo es vulnerable por la tectónica de su subsuelo, sino también por los efectos de la corrupción en la construcción de sus edificios y la mala calidad de los materiales utilizados.

Tras el terremoto que azotó la costa Venezolana el miércoles, el equipo de Goulet recurrió a un inventario, elaborado y actualizado durante años, que reúne información sobre la población y los tipos de edificaciones de la zona afectada. Con esos datos, y registros de la intensidad de la sacudida el sistema empezó a generar un análisis de riesgo sobre la probabilidad de colapso de los edificios. “Sabemos que el colapso de un edificio casi siempre conduce a la muerte de quien está en el interior, así que hacemos nuestras estimaciones a partir de esa relación”, afirma Goulet. En menos de 30 minutos, el sistema ya había generado una primera evaluación. Los resultados eran desoladores.