El pasado enero, Giorgia Meloni llegó a su cota máxima de adulación a Donald Trump al decir que esperaba que le dieran el Nobel de la Paz. Era su máxima defensora en Europa a pesar de sus ataques a la UE, la imposición de severos aranceles comerciales, sus amenazas de invadir Groenlandia y las violaciones del derecho internacional en Venezuela o Irán. Todo ello sin que en realidad se viera ningún beneficio para Italia, pero Meloni se presentaba como la interlocutora privilegiada con la Casa Blanca, el puente entre EE UU y la UE. Sin embargo, a partir de abril el romance comenzó a torcerse y ahora se acaba de romper. Supone el derrumbe de todo el planteamiento de la política exterior de la primera ministra italiana estos dos años. Tras la caída de Viktor Orbán, también significa la pérdida del último aliado de la Casa Blanca en la UE. Ahora Meloni espera con cierta ansiedad la próxima cita en la que se verán las caras, el 7 y 8 de julio en la cumbre de la OTAN en Ankara.Fue en abril cuando Trump la atacó por primera vez, diciendo que no tenía valor y estaba “decepcionado” con ella, tras su negativa a involucrarse en el ataque a Irán. La ruptura ha culminado abruptamente esta semana con otra andanada de declaraciones agresivas contra Meloni, y una respuesta enérgica de ella. La líder ultraderechista e Italia han pasado ya a formar parte, a ojos de Trump, del pelotón de países traidores y “terribles”, como España.Esta vez el multimillonario se mofó de ella porque le había “implorado” hacerse una foto juntos en la cumbre del G-7 y accedió “por pena”. La primera ministra respondió con un vídeo en redes sociales donde dijo que Italia “no implora a nadie” y que Trump se lo había inventado todo.La diplomacia italiana y la propia Meloni han intentado estos días limar la dureza del choque, pero nada será como antes. “La política exterior no es La isla de las tentaciones”, resumió ella el martes, haciendo referencia a los memes que la representaban junto a Trump como una pareja en crisis del reality. En realidad, esta crisis revela un cambio de juego de Meloni que Trump, que exige obediencia incondicional, no ha aceptado. Más allá de las formas desagradables de Trump, no es una rabieta incomprensible. El presidente estadounidense ha acabado por hartarse de la ambigüedad de Meloni, que durante dos años ha hecho equilibrios con un pie en EE UU y otro en la UE. Hasta que ha llegado la hora de la verdad: en realidad, Italia está echando el freno en el gasto en defensa y ha seguido la línea europea contraria a colaborar militarmente para mantener abierto el estrecho de Ormuz. La cuestión del gasto en defensa es reveladora, porque en el recuerdo ha quedado que hace un año, en la cumbre de la OTAN, España fue el único país que se negó a aumentar esa partida al 5% en 2035. Italia lo apoyó, aunque tiene la deuda pública más alta de Europa, un 138%, y no puede hacer milagros: en realidad está remoloneando. Tras alcanzar el objetivo del 2% en 2025, como España, la previsión para este año es llegar al 2,8%, pero habrá que verlo, pues los cálculos presupuestarios lo dejan en el aire en función de la marcha de la economía. El aumento, además, se debe en gran medida a una reordenación contable que atribuye a Defensa partidas ya previstas para otras funciones, como las fuerzas del orden. Italia contaba con dejar atrás este año el procedimiento de infracción de la UE, pero le han salido mal las cuentas y sigue con un déficit por encima del 3%. Hay más. Italia, al contrario que España (ha aportado 100 millones de euros), no se ha adherido al plan PURL para comprar armas a EE UU destinadas a Ucrania, y también se ha desmarcado del programa de préstamos SAFE de la UE para invertir en armamento. A finales de 2025, pidió 14.900 millones de euros, pero ahora se ha echado para atrás. Puede que al final solo solicite 5.000 y la UE, también molesta por su ambigüedad, le acaba de dar un ultimátum de un mes para que se aclare. Los motivos, además de económicos, son políticos. En la coalición de derecha del Ejecutivo italiano hay tensiones con el gasto en defensa y Meloni sabe que es impopular cuando la gente no llega a fin de mes. Y en 2027 hay elecciones generales. La crisis energética causada por la guerra en Irán ha agudizado el dilema. En mayo, la primera ministra italiana escribió una carta a la Comisión Europea pidiendo una excepción al pacto de estabilidad, como la permitida en gasto militar, para medidas contra el aumento del combustible, la luz y el gas. “En ausencia de esta necesaria coherencia política, sería muy difícil para el Gobierno explicar a la opinión pública un posible recurso al programa SAFE”, explicó. Pero, sobre todo, Meloni ha comprendido que la relación sumisa con Trump ya le costaba votos. Por eso en su vídeo de réplica al magnate jugó la carta patriótica, apareciendo como una líder que defendía el orgullo nacional. Todo el lío le ha venido bien. Luego se disparó su número de seguidores en redes sociales: un millón más.Lo cierto es que el Ejecutivo italiano ya había hecho sutiles movimientos de desconexión y en la Casa Blanca no son tontos: el Corriere della Sera publicó el 31 de marzo, con una filtración, que Italia había negado el uso de su base de Sigonella, en Sicilia, a bombarderos de EE UU que volaban a Irán. El Gobierno italiano ya quería mostrarse digno e intransigente con su aliado.El varapalo del referéndum en Italia, una señal de alarmaLa razón es lo que había ocurrido una semana antes: Meloni había sufrido una derrota en un referéndum crucial para cambiar la organización del sistema judicial, una medida que el Gobierno había vendido como una de sus grandes reformas, y que creía que tenía ganado. Lo tomó como un aviso de una opinión pública harta de decir que sí en todo a Trump y contraria al apoyo a Israel y la ofensiva en Gaza. Por la misma razón, esta semana el Gobierno italiano ha vivido como un golpe bajo, donde ve todo tipo de conspiraciones, las declaraciones de Mark Rutte, secretario general de la OTAN, en las que defendía el apoyo europeo a EE UU en Irán y ponía como ejemplo a Italia. Según dijo, había dejado usar sus bases 500 veces a los bombarderos estadounidenses. En Roma no creen que fuera un comentario inocente, sino una forma de Rutte de crear problemas en casa a Meloni para ganarse a Trump, precisamente señalando sus contradicciones. De inmediato la oposición pidió explicaciones y el Gobierno aclaró que habían sido solo unos 200 permisos y siempre de tipo logístico, no de intervención directa en los ataques. La OTAN luego lo corroboró.No obstante, el auténtico detonante con el que comienza la ruptura fue el ataque del republicano al papa León XIV, que había criticado los bombardeos en Irán. Para cualquier primer ministro italiano el Vaticano es una línea roja muy delicada. Aquel 14 de abril, Meloni tardó varias horas en reaccionar, sabía que era un paso decisivo. Intentó arreglárselas por la mañana con una vaga nota de solidaridad con el Papa, pero ante las críticas de la oposición finalmente tuvo que hablar a las seis de la tarde. Declaró “inaceptables” las palabras de Trump. Y justo el mismo día el Gobierno italiano anunció que no renovaría su acuerdo de cooperación militar con Israel en materia de defensa, vigente desde 2005. A las pocas horas llegó el ataque del líder republicano a Meloni.Siguieron dos meses de silencio, hasta que por fin ambos líderes se vieron la semana pasada en la cumbre del G-7 en Évian-les-Bains (Francia). En la delegación italiana había cierta tensión escénica: se vendió a los medios que todo había ido fenomenal, pero luego apareció un vídeo que mostraba un clima tirante. “Me has abandonado”, le reprochó Trump a Meloni. Luego pasó el temporal, pero a los tres días él volvió a la carga con la misma fórmula que la vez anterior: un periodista italiano le llamó al móvil y, sin venir a cuento, atacó a Meloni. Quería lanzar ese preciso mensaje. En el Gobierno italiano se mostraron sorprendidos, aunque saben que la procesión va por dentro. Según medios estadounidenses, la causa de este pronto es un vídeo que se hizo viral en EE UU en el que se veía a Meloni gesticulando airada delante de Trump. Daba la impresión de que le regañaba. Ella no ha querido aclarar qué le decía: “He leído varias reconstrucciones de los presuntos vídeos virales en los que mi actitud podía parecer un poco asertiva. (...) No sé decir si pueden ser verdad, pero no quiero seguir alimentando este enfrentamiento”.Para el mundo del movimiento trumpista MAGA (siglas de Hagamos Grande América Otra Vez) ya es una traidora. Uno de sus principales ideólogos, Steve Bannon, exasesor de Trump, ha sido muy duro con ella: “Antes era fantástica, pero se ha convertido en una globalista total. Jugó al juego de la UE porque necesitaba dinero, y también al de la OTAN. Habla mucho de Ucrania, pero cuando hay que mandar financiación y tropas las cosas cambian. Francamente, creo que nada de lo que dice es relevante, no tiene los recursos económicos ni militares para respaldarlo. Ya no la tomo en serio, y nadie en Estados Unidos lo hace. (...) Meloni nunca ha sido un puente entre el presidente y Europa. Esto fue una fantasía que ella misma se construyó”.