De todas las feas palabras que le dedicó Donald Trump a Giorgia Meloni en su último rifirrafe público, cuando el estadounidense aseguró que la líder italiana "le suplicó una foto", hay un detalle interesante: "Gigiorgia (sic) quiere que seamos amigos de nuevo para subir sus cifras [de intención de voto]". Meloni respondió con dureza: "Mi popularidad no es de tu incumbencia. Te sugiero que te centres en la tuya". Con Trump, Meloni se ha apuntado a la estrategia de tratar el fuego con fuego, pero lo cierto es que sí hay algo de preocupación en Roma, y su nombre es Roberto Vannacci, "el general". Un ex eurodiputado de la Lega, aliados de Meloni, que ha fundado su propio partido aún más a la derecha que los Fratelli d'Italia y a quien las encuestas le otorgan ya un 5,9% de intención de voto. En el gobierno, Meloni se ha vuelto blanda, sostiene Vannacci; con Futuro Nazionale, la ultraderecha italiana ya tiene su relevo. Montados en la ola derechista, irreverente y antisistema que trae Donald Trump, el surgimiento de partidos más a la derecha que la ultraderecha no es un fenómeno único en Italia. Sucede algo similar en Reino Unido con Restore Britain. "Pero es fácil estar con Trump y apoyarse en su momentum cuando se trata de temas LGTBI, la cultura woke e incluso encerrar a los migrantes. Más difícil cuando empiezas a tener que pagar 30 céntimos más por cada litro de gasolina porque es evidente que no sabe lo que está haciendo con Irán", sostiene Daniele Albertazzi, investigador sobre populismos en la Universidad de Surrey. El evento de asamblea constituyente de Futuro Nazionale (el 13-14 de junio) podría ser una copia de cualquier evento de Trump, ataques a la prensa fake news incluidos. Vannacci (57 años) se describe como un outsider de la política hecho a sí mismo. La piedra angular del mensaje es la "remigración" para salvar a los "verdaderos italianos", como Trump habla de "auténticos estadounidenses" frente a la "invasión migratoria" mediante deportaciones masivas, "también conocidas como remigración". Quizá la diferencia es que el italiano, un exgeneral del Ejército, incluyó en la ceremonia la plegaria del paracaidista: "Dame valor, fuerza y fe". TE PUEDE INTERESAR La clave de Vannacci no es que vaya a dar un sorpasso a Meloni, sino que podría hacer lo propio con la Lega de Matteo Salvini (5,8% ahora mismo en las encuestas), el socio pequeño en la coalición de Gobierno. Tampoco ayudan las particularidades del sistema electoral italiano, que es mixto: la mayor parte de los escaños se reparten proporcionalmente, pero también se entregan escaños por distritos en los que gana el candidato más votado en dicho distrito, una suerte de el ganador se lo lleva todo. En la práctica, Vannacci no necesita llegar al 50% del sufragio para ser importante, ya que para Meloni "perder ese 5% que pasa a Vannacci, incluso si es solo el 3 o 4%, le implica perder muchos escaños, y podría perder las elecciones. Y ella lo sabe", añade el analista. Pero en la Italia actual, seguir la estela de Trump tiene sus riesgos, y Meloni ha demostrado ser mucho más lista que eso. Durante su carrera, Meloni ha mostrado una enorme capacidad para leer bien los mapas electorales: desde su decisión de mantenerse fuera del gobierno de concentración de Mario Draghi durante la pandemia de coronavirus a, por qué no, su relación con Trump. Pasó de amiga especial "Trump tiene razón" a "puente entre Europa y EEUU", y ahora, a tener que alejarse. "Por mi popularidad, ser tu amiga no ha ayudado, ciertamente", que le decía Meloni a Trump en un duro intercambio de tuits este sábado. TE PUEDE INTERESAR En su primer gran discurso en Europa, el vicepresidente J.D. Vance dejó claro que buscaban un "cambio de régimen en Europa" por gobiernos "más afines", "aliados civilizatorios". Una idea que más tarde repitieron otros pesos pesados de la Administración Trump, como la entonces secretaria de Seguridad Nacional estadounidense, Kristi Noem, o el secretario de Estado, Marco Rubio. Tras la caída de Viktor Orbán en Hungría, Italia es ahora mismo el gran gobierno "aliado civilizatorio" de Estados Unidos (con Eslovaquia quizá como único otro ejemplo, y la presidencia polaca, en eterna lucha con el gobierno de Donald Tusk, a quien Trump odia personalmente). Francia y Alemania, con Agrupación Nacional y Alternativa para Alemania en altísimas proyecciones, son, de momento, un futuro, como una hipotética victoria de Reform UK. TE PUEDE INTERESAR Por eso, quizá, choca especialmente el elemento personal de la ruptura Meloni-Trump, porque ocurre en contra de estos hipotéticos planes de puentes ideológicos europeos. El colapso ha sido por la falta de obediencia total: primero, los ataques de la Administración Trump al papa León, que Meloni tachó de "inaceptables" después de un largo silencio de un par de días de reflexión ("la inaceptable es ella", contestó el estadounidense), pero sobre todo el asunto de la guerra contra Irán. Mientras España se apresuraba a ser el primero en negar a EEUU el uso de sus bases para operaciones ofensivas contra el país persa, Meloni también se tomó su tiempo para tomar una decisión similar en un país donde la percepción de la operación Furia Épica es fundamentalmente negativa. Cualquier otra acción le habría pasado factura electoralmente. La reacción de Trump deja claro que no está buscando aliados ideológicos iguales, sino sumisión total, y cuando sale mal, la cosa se pone nasty, como diría el magnate. El martes, la Casa Blanca aprobó la publicación en medios del audio donde narra la presunta "súplica" de Meloni para hacerse la foto con él, hasta el momento bajo embargo. Este miércoles, incluso Mark Rutte, secretario de la OTAN y célebre por su seguidismo a Trump para mantenerlo en la Alianza a toda costa, se unió a la fiesta afirmando que Italia habría permitido hasta 500 aviones desde sus bases en la Operación Furia Épica, prácticamente tachando de mentirosa a Meloni, quien negó que se haya producido autorización alguna a vuelos que participaran en acciones militares directas contra Irán. TE PUEDE INTERESAR "Es por eso que una internacional nacionalista es una imposibilidad, y cuando la gente habla de ello me hace reír: ¡que son nacionalistas! Aunque coincidan en otros aspectos ideológicos", sentencia Albertazzi. Hasta Marine Le Pen, líder de Agrupación Nacional, ha defendido a Meloni. "[Trump] fue muy insultante, así que entiendo perfectamente la reacción de Meloni, que es la del orgullo nacional", sostuvo en una entrevista este mismo miércoles, en la que hace también un análisis similar de la situación de la ultraderecha europea con Trump. "Uno no tiene amigos cuando hablamos de relaciones internacionales. Uno tiene intereses, que pueden ser comunes o estar en conflicto", dijo. Para ella, Trump "era sin duda el símbolo de una forma de voluntad política que apenas se ha visto en Europa durante décadas", pero que hizo "lo contrario a lo que prometió" en política exterior. TE PUEDE INTERESAR Cada país tiene sus ejemplos para la brecha entre la administración Trump y sus formaciones de extrema derecha; desde el habitual sentimiento poco proestadounidense del electorado francés a choques por la industria con AfD. En Italia ha sido la guerra en Irán. Ahora mismo, el partido de extrema derecha que sigue apoyando más ampliamente a Trump es Vox, admite Albertazzi, con seguramente la excepción de los polacos. "Si esperaban unos gobiernos amistosos, no entendieron las culturas a las que venían: que si eres nacionalista en Europa, tus intereses acabarán siendo parcialmente divergentes a los de Trump", concluye el experto. Lo cual deja a Vannacci y su oportunidad de acercamiento trumpista en una situación algo incómoda, pero con todavía una muy buena oportunidad de hacer daño a Meloni y su partido de cara a las elecciones de 2027, que podrían incluso adelantarse al próximo abril, según un reporte de Il Giornale d'Italia esta semana.
¿Por qué Trump hace tamaños desplantes a Meloni? Porque alguien quiere sustituirla… pero ella es más lista
Con Trump, Meloni se ha apuntado a la estrategia de tratar el fuego con fuego, pero lo cierto es que sí hay algo de preocupación en Roma, y su nombre es Roberto Vannacci, "el general"












