Cuando salgo de viaje, siempre me dejo algo. Hace algunos meses me olvidé de colocar en el neceser un medicamento que llevaba tomando todas las mañanas desde hacía varias décadas: un protector gástrico tan imprescindible en mi rutina diaria como el café con leche o el aseo matutinos. Fuera de España, China más concretamente, entré en pánico, pero resultó imposible encontrar la medicina, así que me resigné a sufrir los efectos de mi poca memoria. No pasó nada, ni un mal síntoma, ni una pequeña molestia, así que de regreso a casa decidí no retomar la ingesta diaria y hasta hoy. Vicenç Llurba¿Me habré curado del problema estomacal que originó tan larga y continuada medicación? No es el caso, lo sé fehacientemente, pero también he constatado que no tenía necesidad alguna de depender diariamente de un fármaco que, como mucho, necesito en momentos puntuales. Los hay que se automedican y yo soy de las que se autodesmedican. Tan mala es una cosa como la otra.Voy poco al médico, y eso que los admiro profundamente, pero me obligo a pasar, en plan ITV, algún chequeo rutinarioTengo un gran desconocimiento sobre los fármacos y un botiquín tan escaso de existencias que no guarda ni una triste aspirina. Hace poco descubrí que ya no existe la mercromina, al menos con la fórmula original que, de niños, transformaba nuestras rodillas en cuadros abstractos. En caso de gripe, dolor de cabeza o cualquier otra dolencia menor, tengo que llamar a algún entendido, a poder ser una madre, para que me indique qué debo tomar, si paracetamol o ibuprofeno.También es verdad que voy poco al médico, y eso que los admiro profundamente, pero, aunque sea una inconsciente en la vida en general, me obligo a pasar, en plan ITV, algún chequeo rutinario y cumplo con los preceptivos análisis, ecografías y demás pruebas que me solicitan los amables doctores. No siempre salen perfectas pero tampoco tan imperfectas, más allá de los índices de colesterol y otros marcadores que se chivan de mi mala vida, alimentaria sobre todo. Algún día me arrepentiré de no hacer caso de algunas recomendaciones médicas sobre la necesidad de abandonar mis malos hábitos y mi indolencia.Admito que puedo mantener distancia con las medicinas porque, afortunadamente, no tengo problemas de salud, pero qué sería de nosotros sin tantos remedios que alivian y, en muchas ocasiones, salvan vidas. En realidad, dándole vueltas a mi problema de falta de relación con el mundo sanitario y, como consecuencia, con el farmacéutico, no tengo más remedio que constatar que la rara, por ignorante, soy yo y que, con toda seguridad, tendría que ir al médico para empezar a tratarme.
Los malos hábitos, por Mariángel Alcázar
Cuando salgo de viaje, siempre me dejo algo. Hace algunos meses me olvidé de colocar en el neceser un medicamento que llevaba tomando todas las mañanas desde hacía varias décadas: un protector gástrico tan imprescindible en mi rutina diaria como el café con leche o el aseo...












