Todos los viajes, incluso los más sencillos, tienen algo de aventura y, por tanto, de riesgo. Las urgencias médicas pueden arruinar nuestras vacaciones (y a veces nuestra economía), pero no son imprevisibles. La mayoría responden a patrones que se repiten: la famosa diarrea del viajero por descuido con el agua o la comida en el país de destino, el golpe de calor o las quemaduras por subestimar el sol y saltarse el protector solar, picaduras que no se tratan a tiempo, o simplemente llegar a un hospital extranjero sin tener una cobertura adecuada.
Conocer los riesgos según el destino al que vayamos, y tomar precauciones antes de salir reduce enormemente la probabilidad de que el viaje acabe en tragedia. Estas son las medidas más recomendables.
Un seguro médico de viaje con cobertura real
La tarjeta sanitaria europea cubre la atención de urgencias en países de la Unión Europea en las mismas condiciones que los residentes locales, pero no incluye el traslado médico ni la cobertura en países fuera de la UE, y esto puede ser ruinoso en países como Estados Unidos, donde los precios de la atención médica pueden triplicarse. Un seguro de viaje con una cobertura médica amplia (que incluya repatriación en caso de accidente) es imprescindible para cualquier destino no comunitario y muy recomendable para viajes de larga duración en Europa. Hay que verificar que la póliza cubra las actividades previstas durante el viaje, ya que muchos seguros excluyen deportes de aventura o buceo, que requieren un seguro aparte.













