El doble terremoto que estremeció la costa norte de Venezuela, con un saldo, por el momento, de casi 1.500 muertos y más de 50.000 desaparecidos, no discriminó por clase social ni preferencia política.
En los distritos opulentos del este de Caracas, edificios de alto standing se desplomaron, al igual que las viviendas de clase media baja y los bloques de viviendas públicas construidos durante el gobierno de Hugo Chávez, como parte de la Misión Vivienda, en La Guaira, la verdadera zona cero de la catástrofe.
No era de extrañar, pues, que la presidenta venezolana, Delcy Rodríguez, fuera recibida de forma distinta en su recorrido por las dos zonas principales del desastre. Un grupo de vecinos abucheó y gritó “¡Fuera!” cuando la presidenta se acercó a la zona del cotizado edificio Petunia, en el distrito más rico del país, Chacao, cuyas 22 plantas se desplomaron en el terremoto con un saldo de 11 muertos. “¡Ya está bien de hacer campaña política en una tragedia como la que estamos viviendo!”, protestó una vecina, grabada en un video y retransmitido por medios de la oposición en Venezuela y Colombia.
En La Guaira, aunque testigos comentan la desesperación por la falta de recursos para el desescombro y la búsqueda de miles de desaparecidos, no hubo protestas visibles durante la visita de la presidenta interina horas después, al menos en los videos difundidos del recorrido. Rodríguez, ante un paisaje de devastación absoluta, anunció la militarización de la zona y pidió a la gente no acercarse al municipio, siempre vulnerable al ser construido en las laderas de las montañas que bajan al Caribe y donde el subsuelo es de sedimentos marinos.











