El estruendo llegó al final de la tarde. Las paredes comenzaron a crujir, los objetos se precipitaron al suelo y miles de personas salieron corriendo de sus viviendas mientras la tierra se sacudía con una fuerza pocas veces vista en Venezuela. Cuando muchos creían que lo peor había pasado, una segunda sacudida aún más intensa terminó de sembrar el pánico.Los dos terremotos, de magnitudes 7,2 y 7,5, dejaron un rastro de destrucción en Caracas, La Guaira y otras zonas del centro-norte del país. Edificios colapsados, calles cubiertas de escombros, familias separadas y una carrera desesperada por encontrar sobrevivientes marcaron las horas posteriores a la tragedia.PUBLICIDADMientras los equipos de rescate trabajaban sin descanso entre estructuras derrumbadas, los habitantes intentaban procesar lo ocurrido.El doble terremoto en Venezuela, de magnitudes 7,2 y 7,5, devastó Caracas, La Guaira y otras zonas del centro-norte del país. (REUTERS/Maxwell Briceño)“Aquí sentimos horrible, es la primera vez que vivimos una situación así”, relató Nicole Torres, todavía conmocionada por lo que vivió durante la madrugada. La joven dormía cuando comenzó el movimiento.PUBLICIDAD“Cuando desperté vi que mi casa se estaba moviendo literalmente. Los tanques se estaban cayendo, el botellón de agua cayó, unas vajillas se rompieron”, recordó.La situación se volvió aún más angustiante por la presencia de su abuelo, un hombre de más de 90 años, dentro de la vivienda.“Tuvimos que sacar a mi abuelo y quedarnos esperando en la calle para ver si todo se calmaba y podíamos volver a entrar”, contó.PUBLICIDADEl momento en que poderosos terremotos sacuden VenezuelaEscenas similares se repitieron en numerosos barrios de Caracas. En el municipio de Chacao, uno de los más afectados por los derrumbes, decenas de vecinos permanecieron durante horas frente a edificios reducidos a montañas de concreto. Algunos observaban en silencio; otros preguntaban desesperadamente por familiares que seguían desaparecidos.En Los Palos Grandes, bomberos, policías y brigadas de rescate removían escombros iluminados por reflectores. Cada golpe de maquinaria era seguido por segundos de silencio absoluto mientras los rescatistas intentaban detectar señales de vida bajo los restos de las estructuras colapsadas.PUBLICIDADEdificios destruidos y escombros cubren la costa, tras los terremotos, en La Guaira, Venezuela (REUTERS)Las imágenes que comenzaron a circular durante la madrugada mostraban la magnitud del desastre. En Maiquetía, el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar registró daños estructurales que provocaron momentos de tensión entre quienes se encontraban en sus instalaciones. En otras zonas de La Guaira, motociclistas recorrían calles devastadas entre edificios parcialmente derrumbados y enormes acumulaciones de escombros. Pero fue precisamente en La Guaira donde el impacto humano resultó más devastador.“Fue terrible. Todo se desplomó, todo. Eso es algo que no se lo deseo a nadie”, relató Yilsmaris Blanco. La mujer explicó que la tragedia continúa para muchas familias que siguen esperando noticias de sus seres queridos.PUBLICIDAD“Le damos gracias a Dios porque estamos vivos, pero hay personas que están sufriendo con familiares atrapados bajo los escombros y no los pueden sacar”.La dimensión de la catástrofe quedó reflejada también en las palabras de Antonio Bermúdez, un residente cuyo edificio colapsó durante los sismos.“Lo que puedo decir es devastador. Caminas apenas unos metros y ves personas que han logrado sacar, pero sin vida”, afirmó.A medida que avanzaban las tareas de rescate, las escenas de esperanza se mezclaban con otras de profundo dolor. Equipos de emergencia lograron extraer heridos atrapados entre los escombros, algunos de ellos conscientes después de pasar horas bajo estructuras derrumbadas. Sin embargo, también comenzaron a recuperarse cuerpos de víctimas fatales, mientras familiares observaban a pocos metros con impotencia y angustia.PUBLICIDADEntre los sobrevivientes rescatados se encuentra Yenser Guevarra, quien logró ponerse a salvo cuando el edificio comenzó a sacudirse violentamente.“Fue de repente. Yo estaba en la sala de mi casa. Busqué refugio bajo una columna. Temblaba más duro y más duro”, recordó. “Me agarré a la pared una y otra vez hasta que comenzó a disminuir”.PUBLICIDADEn Chacao y Los Palos Grandes, los equipos de rescate removieron escombros y buscaron sobrevivientes entre edificios colapsados por el terremoto en Venezuela. (REUTERS/Leonardo Fernandez Viloria)Las autoridades reconocieron rápidamente la gravedad de la situación. La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, describió a La Guaira como “una verdadera tragedia” y confirmó que la región se había convertido en una zona de desastre.Según el balance oficial preliminar, al menos 32 personas murieron y más de 700 heridos fueron atendidos en centros de salud, aunque las autoridades advirtieron que la cifra podría aumentar a medida que continúen las operaciones de búsqueda.PUBLICIDADLa escasez de recursos representa uno de los principales desafíos para los equipos desplegados sobre el terreno.“La situación es muy crítica. Hace falta maquinaria y hace falta personal humano”, advirtió José Pacheco, jefe de operaciones de un equipo venezolano de rescate.Mientras tanto, comenzaron a llegar mensajes de solidaridad y ofertas de ayuda desde distintos países. Gobiernos de América Latina, Estados Unidos, China y varias naciones europeas manifestaron su disposición a colaborar en las tareas de asistencia y recuperación tras el terremoto en Venezuela.Sin embargo, para quienes permanecen junto a los edificios derrumbados, la atención sigue concentrada en un único objetivo: encontrar sobrevivientes.La falta de maquinaria y personal complicó la respuesta al terremoto en Venezuela, mientras países de América Latina, Estados Unidos, China y Europa ofrecieron ayuda. (REUTERS/Leonardo Fernandez Viloria)Con las primeras luces del amanecer, decenas de personas continuaban apostadas frente a las zonas de desastre. Algunos sostenían teléfonos con fotografías de familiares desaparecidos; otros seguían cada movimiento de los rescatistas con la esperanza de recibir una noticia alentadora.En Caracas y La Guaira, donde todavía persiste el temor a nuevas réplicas, la tragedia ya no se mide únicamente en cifras. Se refleja en las viviendas convertidas en ruinas, en las familias que pasaron la noche a la intemperie y en la angustiosa espera de quienes aún confían en escuchar una voz bajo los escombros.