Venezuela sigue conmocionada tras el doble terremoto sufrido la tarde del miércoles, hora local. Se trata de una de las mayores tragedias en la historia del país. Cientos de edificios se desplomaron a consecuencia del seísmo, en especial en las zonas de Caracas y La Guaira, y atraparon a un número indeterminado de personas, aunque se teme que pueda ser muy elevado. El balance provisional de víctimas, que lamentablemente crecerá, era de cerca de un millar de muertos. Había ya cinco españoles fallecidos y un centenar de desaparecidos. La ONU hablaba de hasta 50.000 desaparecidos.La prioridad es encontrar a las personas desaparecidas y sacarlas de las ruinas, el desescombro de los edificios caídos –pese a la falta de maquinaria pesada– y la llegada lo antes posible de la ayuda humanitaria y logística internacional. Una ayuda muy necesaria para un país que atravesaba una etapa política y económica muy singular, marcada por el “protectorado” ejercido desde enero por Estados Unidos y la escasa capacidad de maniobra del Gobierno de la presidenta interina Delcy Rodríguez, que ayer anunció la militarización del estado de La Guaira, donde ha habido saqueos. La mala gestión económica durante los años del gobierno de Nicolás Maduro se ha traducido en unas infraestructuras vulnerables y una edificación sin cumplir las normas antisísmicas. A ello se le suma que el país no dispone de los recursos necesarios para afrontar un desastre de esta dimensión, ya que sus servicios básicos son limitados y muy precarios.De ahí que Venezuela afronte un doble reto, capital para su futuro y el de la presidenta interina. Por un lado, tiene por delante la ingente tarea de las labores de rescate de víctimas entre los escombros. Una tarea contra reloj para la que sin duda serán una gran ayuda los equipos especializados, con perros de búsqueda y drones, llegados de todas partes del mundo, incluidas España y Catalunya.El seísmo pone a prueba la autonomía y capacidad de gestión de la presidenta Delcy RodríguezLa caída de telefonía móvil provocó una falta de comunicación que ocasionó una profunda angustia entre los supervivientes y muchos venezolanos en el exterior, que no lograban localizar a sus familiares. Junto con su restablecimiento urge también recuperar los servicios básicos, especialmente agua y electricidad, y acomodar lo antes posible a las miles de personas que, definitiva o provisionalmente, se han quedado sin casa. La ONU estimó ayer que hasta 6,7 millones de venezolanos pueden haberse visto afectados por el doble seísmo. Será básica la capacidad de saber canalizar toda la ayuda internacional que ya está llegando al país. Una prueba de fuego para el régimen chavista, como también lo será la factura de la reconstrucción de buena parte del norte del país. EE.UU. ha levantado algunas de las sanciones a Venezuela hasta el 23 de octubre y ha prometido ayuda y colaboración, lo que le permitirá ampliar su influencia en el país, con un ojo también puesto en los negocios que empresas estadounidenses podrán llevar a cabo con la obtención de contratos para esa reconstrucción.Este es el mayor desafío al que Delcy Rodríguez nunca pudo imaginar que tendría que enfrentarse. Las limitaciones que le impone la tutela de Washington le obligan a elegir entre aceptar que lidera un gobierno sin capacidad de maniobra ni autonomía y ponerse en manos de Trump, o demostrar capacidad de liderazgo y movilizar los escasos recursos de que dispone el país para hacer frente al rescate y la atención sanitaria que van a necesitar miles de venezolanos.La oposición desconfía del Gobierno y ha puesto en marcha su propia operación de rescate, que incluye organizar la respuesta humanitaria entre la ciudadanía, crear plataformas alternativas para localizar a personas desaparecidas y coordinar la ayuda. La opositora María Corina Machado ha pedido “unidad y fortaleza” a sus compatriotas. Todo ello no hace sino aumentar las dudas de que el Gobierno chavista tenga suficiente capacidad de respuesta en un Estado donde millones de personas ya vivían al límite antes de que se moviera la tierra. En el 2025, según la ONU, casi ocho millones de venezolanos, el 28% de la población, necesitaban asistencia humanitaria.El mundo se vuelca en ayudar a un país que ya tenía unos servicios básicos muy precariosEl chavismo deberá demostrar si aún tiene capacidad para levantar un país que ya antes de este doble seísmo se le caía encima. La ayuda internacional está llegando. La ola de solidaridad mundial ha aparcado, como no podía ser de otro modo, las diferencias con el chavismo, incluso las de países latinoamericanos totalmente críticos con Caracas. Pero esa solidaridad no será eterna ni la solución de la tragedia. El Gobierno de Delcy Rodríguez se la juega, entre las críticas de una población que se pregunta dónde están ahora los militares tan presentes en su vida cotidiana.