En el Centro de Caracas abundan los edificios de la llamada Gran Misión Vivienda Venezuela, una política habitacional creada por Hugo Chávez en 2011 para los miles de damnificados que iban dejando los desastres naturales que se cebaban en las últimas décadas en Venezuela. Ahora, 14 años después, han sido precisamente estos edificios los que más han sufrido la destrucción del doble terremoto del pasado 24 de junio. Grietas, fachadas quebradas, paredes caídas, pisos y escaleras en mal estado se observan a simple vista. Mientras tanto, las familias afectadas permanecen frente a sus antiguas casas, a la espera de que alguna autoridad aparezca y les dé una solución, o de que algún experto realice una inspección y les confirme si es seguro volver a habitar o no sus hogares, en los casos donde todavía alguna pared se tiene en pie. Ana Guanipa, de 62 años de edad, duerme junto a su familia en una plaza frente al Panteón Nacional, el sitio donde reposan los restos de Simón Bolívar. Es el mismo testimonio de Carmen, de 64 años, y su familia. Vecinas de un edificio de la Misión Vivienda ubicado en el centro de la ciudad. TE PUEDE INTERESAR Ambas familias permanecen en carpas desde el miércoles pasado, cuando tuvieron que salir corriendo del edificio tras los terremotos. Desde ese día se alimentan gracias a organizaciones y particulares que llevan donaciones. Estos días post-tragedia, lo peor ha sido el aseo personal y tener que compartir baños portátiles junto a más de 30 familias que pernoctan en el mismo espacio. "Todo esto es impresionante, mi hija y yo no queremos volver a entrar al edificio", dice Ana, quien también vivió la tragedia de Vargas, en 1999. "Nos sentimos en la calle, pero tenemos fe de que sí vamos a poder volver al edificio", dice Carmen. Ana y Carmen han llorado mucho, sobre todo cuando recuerdan la cantidad de personas que han fallecido tras los terremotos, una cifra que ya va por las 1.430 muertes, 3.232 heridos y 3.142 familias damnificadas, según reportes gubernamentales recientes. También la ONU estima al menos 50.000 personas desaparecidas. Lo que significa vivir en un refugio Ambas ya saben lo que es estar sin casa. En 2010 quedaron damnificadas tras una vaguada que dejó a más de 56.000 personas afectadas en todo el país. Antes de la asignación de un apartamento, vivieron junto a sus familias en refugios. Ana en tres y Carmen en dos. No obstante, ambas coinciden en que es una experiencia que no saben si están dispuestas a volver a atravesar. TE PUEDE INTERESAR En Venezuela, según cifras oficiales, el gobierno ha entregado más de cinco millones de viviendas, aunque desde la oposición han denunciado que la cifra no es real. Además, investigaciones han expuesto la corrupción y el riesgo de construcción dentro del proyecto, Volver a empezar en Venezuela Volver a empezar en Venezuela no es una opción para la mayoría. Una crisis económica, política y social que se refleja en una inflación interanual del 524%, la segunda más alta del mundo, y que mantiene al 68,5% de los hogares en pobreza, según sondeos independientes. Dentro de esa cifra entran las familias que hacen vida en los edificios de la Misión Vivienda. TE PUEDE INTERESAR Esta realidad contrasta con los elevados costos de las propiedades en Venezuela. Un apartamento económico en Caracas puede estar por encima de los 40.000 dólares, según portales inmobiliarios. Al tiempo que el sueldo mínimo está por debajo de un dólar al mes y las bonificaciones económicas que otorga el gobierno no sobrepasan los 300 dólares. Además, tras la detención de Nicolás Maduro, el costo de las propiedades ha ido en aumento debido a las expectativas de cambio. TE PUEDE INTERESAR Pero tras el terremoto, el panorama no es muy alentador. Las autoridades les han asegurado que a lo mejor su edificio es rehabilitable. Sin embargo, los arreglos podrían tardar entre cinco y seis meses. Otro edificio en el centro de Caracas "Nadie viene a decirnos nada", reclama, Yoneifry, de 37 años de edad, una madre de cuatro hijos menores de edad, con quienes vive en un edificio de la Misión Vivienda, ubicado a pocos metros de Miraflores, el palacio presidencial venezolano. Allí hacen vida mayoritariamente adultos mayores y niños pequeños. "No nos han dado respuesta; no podemos volver a entrar al edificio así como está, a uno le da miedo. No me atrevo a entrar allí con mis hijos; yo lo siento demasiado débil aunque digan que sí tiene arreglo", añade, mientras pasa el día sentada en un banco cerca de la edificación junto a su suegra, Nancy García, de 58 años de edad, y su pareja, Wilson García, de 41 años de edad. TE PUEDE INTERESAR Opinión Esta familia de siete llegó a dicho edificio hace 14 años, luego de permanecer un año y medio en un refugio tras el derrumbe de su vivienda en una barriada popular caraqueña. Ellos y sus vecinos piden la presencia de la alcaldesa de Caracas, Carmen Meléndez. "Queremos que nos den seguridad plena", pide Wilson. Sin embargo, Carolina Cestari, viceministra de la Misión Vivienda Venezuela, estuvo por algunos minutos en el lugar el pasado viernes. "Prácticamente se fue en el momento, un señor que estaba con ella pasó al edificio y dijo que estaba habitable desde el piso cuatro hacia arriba, pero yo, que tengo a mis hijos, me da mucho miedo", insiste Yoneifry. TE PUEDE INTERESAR "No nos ha faltado comida ni medicinas, pero no tenemos resguardo, donde podamos refugiarnos de la lluvia y no llevar tanto sol, al menos por los momentos", dice Nancy. "No me gustaría volver a vivir esa experiencia" Libia Gómez, de 74 años, también permanece junto a su hija y dos sobrinos en la calle aledaña al edificio. Cuenta que la construcción se ve muy agrietada en los primeros tres pisos, por lo que insiste en que allí no pueden vivir, al menos por el momento. "¿Qué van a hacer con nosotros?", se pregunta la mujer que sufre de diabetes y que, al igual que sus vecinos, también ha vivido en refugios tras perderlo todo durante el deslave de Vargas, en 1999. Estado venezolano que ahora se llama La Guaira y que es la zona más afectada de esta desgracia. TE PUEDE INTERESAR "No me gustaría volver a vivir esa experiencia porque no es igual a estar en un hogar propio", finaliza. Sin un hogar propio, como las más de 3.000 familias que, según cifras preliminares, se han quedado sin un techo sobre sus cabezas.