Pablo Lodeiro
Madrid
Actualizado a las 04:46h.
Arde Uruguay, ahogados en lágrimas los aficionados charrúas a la salida del Estadio Akron de Guadalajara después de confirmarse que, por segundo Mundial consecutivo, su selección abandonaba el torneo en la fase de grupos. Envueltos en celeste y con cuatro estrellas sobre sus corazones pedían « ... corazón», «cojones», una forma atropellada de decir que el hacer de los suyos había sido un auténtico desastre tras haber caído contra España y haber cosechado tan solo dos puntos de nueve posibles. A Uruguay le pasa como a Italia, sufre una crisis futbolística tan profunda que necesita una refundación, y el primer paso será el despido de Bielsa, incapaz el Loco de exprimir una generación no rebosante de talento pero sí con mimbres suficientes para competir sobre el césped y no desvirtuar la herencia de sus ancestros a base de patadas violentas y a destiempo.
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