“Una cosa es verla desde acá y otra es estar allá, llorar en el estadio y abrazar a otro ecuatoriano al que nunca has visto en tu vida”, indicó Cristian Gómez, quien aún hablaba con una molestia en la garganta cuando cruzaba la zona de llegadas internacionales del aeropuerto José Joaquín de Olmedo de Guayaquil.Acababa de regresar de Estados Unidos, donde acompañó a la selección ecuatoriana en el partido frente a Alemania, que selló la clasificación a los dieciseisavos de final del Mundial de Fútbol. La Tri alcanzó una remontada histórica de 2 a 1.Como este aficionado, decenas de ecuatorianos comenzaron a volver al país con maletas llenas de recuerdos, fotografías y una experiencia que, aseguraron, difícilmente olvidarán.PublicidadGómez, oriundo de Quito, asistió a su primer Mundial junto con un grupo de amigos. El viaje representó mucho más que presenciar un partido de fútbol. Durante varios días recorrió ciudades, convivió con aficionados ecuatorianos y terminó siendo testigo de una clasificación que cambió por completo el estado de ánimo de la hinchada, tras la pérdida contra Costa de Marfil y el empate con Curazao.“Parecía que ya no había esperanza, pero el estadio comenzó a levantar, a dar ánimos y a transmitir esa energía a los jugadores”, recordó.Aseguró que los últimos minutos fueron los más intensos del encuentro. Desde cualquier rincón del estadio se escuchaban gritos de aliento mientras los aficionados seguían cada jugada con tensión. Cuando el árbitro decretó el final, los abrazos llegaron incluso entre personas que nunca antes se habían visto.PublicidadPublicidad“Retumbó el estadio. Todo el mundo gritaba. Uno abrazaba a cualquier compatriota porque sentía que estábamos viviendo lo mismo”, comentó.Para cumplir ese sueño pidió vacaciones en su trabajo y organizó un viaje que incluyó boletos de avión, hospedaje y entradas al estadio. Calculó que la inversión superó los $ 2.000, aunque aseguró que volvería a hacerlo.“Valió la pena cada centavo”, afirmó.La experiencia de la familia Albán GrandeLa experiencia de la familia Albán Grande comenzó incluso antes del primer partido. Marta Albán viajó junto con sus hijos Ricardo y Sebastián para seguir a Ecuador durante toda la fase de grupos.El recorrido incluyó Filadelfia, Kansas City, Nueva Jersey y Nueva York, ciudades donde participaron en banderazos, recorrieron puntos de encuentro de la hinchada ecuatoriana y visitaron el mural dedicado a Moisés Caicedo.Uno de los recuerdos que más guardan ocurrió lejos del estadio. En Times Square encontraron cientos de ecuatorianos reunidos con banderas, camisetas y cánticos.Publicidad“Parecía que Guayaquil se había trasladado para allá”, recordó Marta.La familia reconoció que el ambiente cambió después de la derrota frente a Costa de Marfil y el empate con Curazao.Antes del encuentro con Alemania, las dudas fueron inevitables y las conversaciones giraban alrededor de las posibilidades de clasificación. Aun así, decidieron mantener la confianza.“Le pedíamos mucho a Dios y nunca dejamos de tener fe”, contó.Ricardo Albán, de 25 años, consideró que el último partido mostró una versión diferente de la Selección. A su criterio, el equipo fue más agresivo en ataque y asumió riesgos que no aparecieron en los compromisos anteriores.“Había que patear más y arriesgar. En este partido sí lo hicieron”, señaló.Para él, el Mundial dejó recuerdos que permanecerán durante muchos años. Los banderazos, los viajes entre ciudades y la convivencia con miles de ecuatorianos terminaron convirtiéndose en una experiencia tan importante como los 90 minutos de cada encuentro.El regreso a la rutina y la revancha del fútbolEl regreso al país también significó volver a la rutina para Emanuel Aguilar y su grupo de amigos. Permanecieron dos semanas en Estados Unidos y acompañaron a Ecuador en los tres partidos de la fase de grupos.“Muy contentos por esa hazaña y por el esfuerzo de todos los ecuatorianos que fuimos a alentar”, expresó.Emanuel reconoció que la clasificación cambió por completo la forma en que terminó el viaje. Después de dos resultados adversos, pocos imaginaban un desenlace como el que se vivió frente a Alemania.“Así es el fútbol. Nos dio la revancha”, comentó.Ahora volverá a sus actividades habituales, aunque aseguró que el recuerdo del Mundial permanecerá por mucho tiempo. “Toca regresar a trabajar”, dijo entre sonrisas.Francisco González compartió ese sentimiento. Permaneció hasta el último minuto en el estadio y vivió la clasificación desde las gradas.“Lloramos todos. Nos quedamos hasta que se fue la última persona”, recordó.Aunque el viaje terminó y cada uno regresó a sus ciudades, todos coincidieron en que volverían a repetir la experiencia dentro de cuatro años.“Es increíble. Se lo recomendaría a cualquiera”, manifestó González antes de abandonar el aeropuerto junto con sus amigos.Por ahora, Ecuador espera la definición de su rival para la siguiente fase de la Copa del Mundo, aunque las probabilidades lo pondrían frente a México. (I)