Si tomamos como referencia uno de los últimos estudios realizados por el Observatori Català de la Joventut sobre la religiosidad de los jóvenes catalanes, se puede afirmar que el fenómeno de la secularización crece en Catalunya. Entre la juventud, la opción mayoritaria es la no creencia y las identificaciones que están asociadas: agnosticismo y ateísmo. No obstante, el mismo estudio señala que si bien entre este colectivo hay menos creyentes en comparación con otros grupos de edad, los que sí creen practican en una mayor proporción. Este dato puede observarse también en la serie del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en la que se pregunta la frecuencia de asistencia a oficios religiosos. La del pasado mes de abril señala que, entre las personas que se definen en materia religiosa como católicos, los jóvenes son de los que más asisten a los oficios. En especial, la franja que va de los 18 a los 24 años: un 43,7% afirma acudir todos los domingos y festivos. Únicamente la franja de los 65 años en adelante les supera.Quique Mira, en una de sus conferencias LVQuizás este hecho es lo que haya disparado en los últimos tiempos el fenómeno de los llamados misioneros digitales, donde prima la juventud también. El barcelonés Quique Mira (con 192.000 seguidores en Instagram y 70.000 en TikTok) es uno de ellos. Explica que se convirtió a la fe con 19 años (ahora tiene 27) y que antes llevaba una vida totalmente alejada de lo católico, la Iglesia y Dios. “Lo típico a esa edad: fiesta, fútbol, chicas y poco más”, relata a La Vanguardia.Pero un día conoció a un sacerdote y le llamó mucho la atención su forma de entender la vida. “Ahí me abrí a la posibilidad, por primera vez, de que Dios existiera y de que la fe tuviera sentido para mi”.Mis padres no practican la fe. Para ellos fue conmovedor ver como uno de sus hijos tenía esa conversión tan radical”Quique MiraMisionero digitalEmpezó a acudir a misa, a rezar. Mientras, en su casa no entendían nada. “Mis padres no practican la fe. Para ellos fue conmovedor ver como uno de sus hijos tenía esa conversión tan radical”. Hasta que a los 22 años, y en un retiro espiritual, sintió el deseo de abrirse una cuenta en Instagram para compartir su fe con los demás.Asegura que nunca se imaginó llegar a la cifra de seguidores que hoy tiene. “Mi misión siempre ha sido compartir mi experiencia de vida y fe para ayudar a los demás a crecer en lo espiritual y en lo humano”, razona.Mira, acompañado de su mujer, María Lorenzo LVExplica que vive de su condición de misionero. También su mujer, y las 15 personas que conforman su equipo. Más allá de las redes sociales, cuenta con una fundación (Aute), una empresa (Autestudio) y una academia online (Proyecto Caná). “Hemos creado una infraestructura de proyectos que responden a una necesidad. Creemos que hacen bien a todos los jóvenes que nos siguen”.Lamenta que siempre hay quien dice que se dedica a esto más por dinero que por fe, aunque subraya que “no son los comentarios habituales”. Cuando empezó –relata-, pasó cinco años sin ver ni un euro. Dejó su trabajo [es graduado en ADE] y estuvo en el paro dos años. “Ha sido en estos dos últimos años que hemos creado estos proyectos. Si queremos hacer el bien de forma profesional y crear iniciativas con sentido, ya me dirás cómo hacerlo. Si alguien encuentra la forma de llevarlo a cabo sin dinero, que me lo diga”.Mira se convirtió a la fe a los 19 años LVCree que, efectivamente, hay un boom de misioneros digitales. No obstante, sostiene que no todo el mundo está preparado para serlo. “Conlleva una responsabilidad y tienes que percibir la llamada. Cuando yo tuve ese deseo, sentí que el Señor me daba dones”.La malagueña Paula Vega (llamameyumi en redes y más de 88.000 seguidores en Instagram) también identifica este auge de misioneros digitales, si bien entiende que en general hay un boom de creadores de contenido, del género que sea. “Cuando yo empecé en el 2018 éramos diez personas como mucho las que nos dedicábamos a hablar de Dios en las redes. De hecho, teníamos un grupo, y quedábamos a veces”.A la gente le chocaba que subiera una foto con mis amigas de fiesta y al día siguiente vernos a todas en misa”Paula VegaMisionera digitalGraduada en educación infantil, explica que tuvo una crisis de fe muy importante cuando perdió al mismo tiempo a sus dos abuelos, que la habían criado junto a su madre. En ese momento, no quería saber nada de la Iglesia, hasta que se enroló en un campamento como voluntaria, organizado por la diócesis de Málaga, que juntaba a niños musulmanes y cristianos para fomentar la fraternidad y la convivencia.Para ella, fue como un punto de inflexión. Se dio cuenta de que sí tenía fe, pero que estaba pasando por un duelo. Y ahí empezó a tener presencia en las redes. En ese momento, con 22 años (ahora suma 31), salía de fiesta con sus amigas y subía fotos en Instagram. Pero también lo hacía cuando iban todas a misa, “con muchísima naturalidad y sin pretensión ninguna de ganar seguidores”. Y eso, la naturalidad, es lo que cree que llamó la atención de los internautas. “A la gente le chocaba que subiera una imagen con mis amigas de fiesta y a la mañana siguiente vernos a todas en la iglesia”.Paula Vega, misionera digital LVAsimismo, empezó a estudiar teología (ha completado el 60% de la carrera –“trabajar y estudiar a la vez es difícil”, arguye) e incluso quiere doctorarse. Afirma que lo que ha ido aprendiendo en el grado lo ha estado compartiendo en redes. “Mi deseo es hacer la teología atractiva y accesible para todas las personas”.Este rasgo, el de tener formación religiosa, no es común entre los misioneros digitales laicos, como Vega o Quique Mira. Así lo apunta Rosa Martínez-Cuadros, socióloga y colaboradora del ISOR (Investigacions en Sociologia de la Religió), un equipo investigador vinculado a la UAB. “Y todos ellos son conscientes de este hecho”, apunta.Hablan de religión mientras lo hacen de su vida cotidiana, y ahí está su éxito”Rosa Martínez-CuadrosSocióloga y colaboradora del ISORSin embargo, saben que tienen capacidad de llegar a los jóvenes. “Son capaces de hablar de la religión mientras a la vez lo hacen de su vida cotidiana, y eso es lo que les permite conectar con la audiencia”, sostiene esta investigadora.Comparte la idea de que cada vez hay más personas que ejercen este rol de misioneros digitales en las redes y hablan de religión. “Es un fenómeno pospandemia que está presente en los últimos años”. También detecta este crecimiento Xiskya Valladares (Nicaragua, 1969), con más de 766.000 seguidores en TikTok. En especial, de misioneros religiosos laicos.Xiskya ejerce de misionera digital desde el 2011 LVReligiosa y filóloga de formación –con un master en periodismo y un doctorado en comunicación audiovisual, entre otros-, hace muchos años que ejerce como misionera digital. Empezó en el 2011, con motivo de la visita del papa Benedicto XVI a Madrid para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud.Sostiene que el boom de misioneros se dio a partir del fin del Sínodo del 2024, en el que ella participó como representante de este colectivo. Hasta entonces, asegura, no se les nombraba en la Iglesia. “Para su mentalidad no existíamos”. En la mentalidad de la Iglesia no existíamos”Xiskya ValladaresReligiosa y misionera digitalPero en los documentos del Sínodo se especifica que las diócesis deben apoyar a los misioneros digitales, “y eso ha sido un espaldarazo para todo aquél que lo era y no lo decía y para la aparición de muchos nuevos”.Dice que ella no se gana la vida como misionera digital. Sí ejerciendo de profesora universitaria del Centre d’Estudis Superiors Alberta Giménez de Palma (Mallorca), donde reside, y siendo además la directora del gabinete de comunicación. Quique Mira sí vive de ello y Paula Vega lo intenta.Esta última decidió en el 2023, justo antes de casarse, dejar su trabajo (ejercía como profesora de religión –“tenía el trabajo al lado de casa”, afirma) para dedicarse plenamente a estar en las redes.Vega dejó su trabajo en el 2023 para dedicarse en exclusiva a estar en las redes LVSostiene que no monetiza nada de ellas, sino que tiene otros proyectos de marketing con los que se gana la vida, como la serie The Chosen (sobre Jesús de Nazaret) o llevando las redes sociales y el marketing de otras iniciativas. “Eso es lo que me mantiene económicamente. También algunos cursos de formación que hago sobre teología”.Lamenta que los misioneros digitales, al menos los que ella conoce, más que ganar dinero lo que hacen es pedirlo. “Muchas veces pedimos ayuda. Las plataformas cuestan dinero, también la página web, hacer los vídeos, la hipoteca…”. Es una de las peticiones que le hacen a la misma Iglesia. Muchas veces pedimos ayuda. Las plataformas cuestan dinero, también la página web, hacer los vídeos...”Paula VegaMisionera digital“Hemos reclamado a algunos obispos que abran una pastoral digital donde podamos estar trabajando para la Iglesia 100% y no tengamos que estar preocupados por el dinero que va a entrar en casa. Les pedimos que nos ayuden un poco económicamente, no para hacernos ricos, sino para vivir, de la misma manera que se ayuda a los misioneros de África”.En este sentido, explica que “se están haciendo cosas”. “Se nos está valorando más. El año pasado hubo un Jubileo de misioneros digitales, una puerta que abrió el papa Francisco para nuestro reconocimiento. También dentro del Sínodo se está pidiendo a la Iglesia, a las diócesis, que nos ayuden, y no solo económicamente, sino teniéndonos en cuenta, reuniéndonos, etc… Estoy esperanzada de que se resuelva”, concluye.Licenciado en Periodismo por la UAB, trabaja en La Vanguardia desde el 2010. Actualmente, en la sección de Sociedad, donde escribe sobre salud, ciencia o educación. Antes había trabajado en la Cadena Ser y COM Ràdio. jfita@lavanguardia.es
El boom de los misioneros digitales: “Sentí que Dios me daba un don”
Cada vez hay más personas, jóvenes en particular, que usan las redes para difundir su fe






