El pasado miércoles 24 de junio, la Caja de las Letras del Instituto Cervantes depositó el legado in memoriam del escritor Agustín Gómez Arcos. Allí estuvimos sus descendientes, editores y personas vinculadas con él de alguna u otra manera. Supongo que se imaginan la emoción que me provoca este hecho, el de que el legado de Agustín, olvidado y expulsado de la memoria de su país hasta hace unos pocos años, descanse junto a los Machado, Miguel Hernández, María Lejárraga, María Zambrano o Juan Ramón Jiménez, personas que dejaron una huella en nuestra historia y nuestra cultura que nos inspiró y nos hizo mejores.

Entre los objetos depositados en el buzón, una copia del documental Un hombre libre, y una carta. Una carta personal que me pidieron que escribiera para las generaciones futuras. Así que un par de días antes, me vi con pluma en mano y folio en blanco escribiendo una carta a la antigua usanza, como aquellas que enviaba a mis amigos en los veranos de la infancia.