La obra de Gonzalo Celorio, que el día 23 recibe el Cervantes, refleja un pasado que ya no volverá, salvo en las palabras que lo rescatan

Este 23 de abril, Gonzalo Celorio recibirá el premio Cervantes en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares de manos del rey Felipe VI. Su nombre se agrega a la lista de escritores mexicanos que han recibido el galardón, que empieza con Octavio Paz...

e incluye a Carlos Fuentes, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska y Fernando del Paso.

Una de las cualidades que tiene la obra narrativa de Gonzalo Celorio es hacer de sus novelas un espejo continuo de su propia vida, narrándose a sí mismo como personaje, y narrando las historias de su familia. Las novelas se conectan unas a otras a través de este hilo autobiográfico, y lo que queda en el espejo es la memoria. Una memoria siempre en movimiento, y el pasado recordado viene a ser la vida misma, rostros que se asoman al espejo, se inscriben en la página, se ausentan, y vuelven a aparecer. Un concierto de imágenes revividas en la nostalgia del tiempo que pasó y que ya no volverá a ser, salvo en el poder de las palabras que lo rescatan.

Empieza con Tres lindas cubanas, la novela de 2006, que evoca el danzón de 1926 compuesto por Guillermo García Castillo: “Tres, tres lindas cubanas / si cruzo por Paso Franco, alma mía / nunca me digas que no”. Es la historia de Miguel Celorio, el padre del novelista, destacado como diplomático en La Habana, quien una tarde del año 1921 encuentra en una sala de cine a las hermanas Rosita, Virginia y Ana María, las tres lindas cubanas.