“Si alguien pensaba que León XIV iba a dar marcha atrás o a hacer las concesiones que hizo Benedicto XVI, o incluso el propio Francisco, es que no conocen al Papa. Él lo tiene muy claro: son ellos los que se van de la Iglesia, son ellos los que se excomulgan”. Un estrecho colaborador de Robert Francis Prevost resume así lo que, si nada lo impide, sucederá el próximo 1 de julio, cuando la cismática Fraternidad de San Pío X ha anunciado la consagración, sin el permiso de Roma, de cuatro obispos de la localidad francesa de Ècône.

La organización cismática es una rama ultratradicionalista, cuyos miembros son conocidos como lefebvrianos. Si siguen adelante con su plan, tanto los obispos como sus superiores y sus seguidores —738 sacerdotes, 268 seminaristas, 145 hermanos y 87 hermanas oblatas— serán excomulgados. Esto es: dejarán de pertenecer a la Iglesia católica, porque solo el Papa tiene autoridad para nombrar obispos.

En el fondo, la historia se repite. Ya en 1988, su fundador, Marcel Lefebvre, ordenó a cuatro obispos sin el permiso de la Santa Sede. Lefebvre era un obispo francés que participó en el Concilio Vaticano II, aunque acabó abjurando de muchas de sus conclusiones, como la apertura a otras religiones, el fin de las mismas en latín o dejar de considerar a los judíos asesinos de Cristo.