Un grupo disidente de católicos tradicionalistas desafió al papa León XIV al consagrar a cuatro obispos sin su consentimiento, restando importancia a las excomuniones y al cisma resultantes al declarar que era un “deber sagrado” defender la fe católica.La Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que se opone a las reformas modernizadoras de la Iglesia católica, siguió adelante con sus planes pese a una última petición de León de que se cancelara.En una carta publicada el martes, el Papa advirtió que consagrar obispos sin su aprobación equivale a un “pecado de extrema gravedad” que, en realidad, perjudicará a sus fieles.La misa fue transmitida en directo por el canal de YouTube de la fraternidad, con traducción simultánea en varios idiomas. El evento subrayó el alcance internacional de la fraternidad.

Las consagraciones suponen una gran crisis para León, quien ha priorizado la unidad de la Iglesia y sanar las tensiones con los tradicionalistas que se agravaron durante el pontificado del papa Francisco.

La SSPX, como se conoce a la fraternidad, es una amenaza para la Santa Sede, ya que representa una iglesia paralela, ultracatólica y anterior al Concilio Vaticano II. Ahora cuenta con seis obispos, 751 sacerdotes, 264 seminaristas en formación en cinco seminarios, 145 hermanos religiosos, 88 oblatas y 250 religiosas que representan 50 nacionalidades, según estadísticas de la SSPX.Al inicio de la misa, un sacerdote leyó en voz alta un comunicado que justificaba las consagraciones como una defensa necesaria de la fe y criticaba cómo la Iglesia católica de hoy se había apartado de la tradición.“Por lo tanto, ante Dios consideramos que es un deber sagrado hacia la Santa Iglesia y hacia las almas proceder con la consagración de obispos que sean enteramente fieles a su santa tradición y a su magisterio constante”, afirmó el sacerdote. “Consideramos que todo castigo y censura que se aplique contra este paso no tendrá validez”.A mitad de la ceremonia, el obispo Alfonso de Galarreta, que fue consagrado sin consentimiento papal en 1988, colocó las manos sobre la cabeza de los cuatro nuevos obispos como parte del ritual de nombramiento.Según el derecho canónico, el mero acto de consagrar a un obispo sin mandato papal conlleva la sanción más severa en la Iglesia católica: la excomunión automática para los cuatro nuevos obispos y para el obispo que administra el rito. También equivale a un acto cismático, o una ruptura intencional de la unidad de la Iglesia católica.