En el 80% de los casos de abusos sexuales contra la infancia, el agresor es una persona del entorno familiar o conocida del niño o la niña. Son datos del informe Por una justicia a la altura de la infancia, publicado en 2023 por la ONG Save the Children. Pese a que los datos de distintas instituciones apuntan en esa misma dirección, las familias, como lamenta la criminóloga y abogada Carla Vall (Vilanova i la Geltrú, 37 años), tienden a transmitir la idea de que el peligro viene de desconocidos, de ese hombre, común en el imaginario colectivo, que reparte caramelos en la puerta del colegio para captar a sus víctimas. “Esto, sin embargo, prácticamente no pasa. Lo que sabemos es que es muy difícil que sea alguien ajeno a nuestro círculo de conocidos. Si no les explicamos a los niños que alguien cercano puede abusar de ellos, los estamos dejando completamente desprotegidos”, apunta.Para abrir espacios de diálogo al respecto entre padres, madres e hijos, la abogada ha publicado recientemente su primer cuento infantil, Sansa sin secretos (Duomo Ediciones), que busca ofrecer a las familias una herramienta para abordar de manera cercana un tema que sigue siendo tabú. La autora explica que decidió escribirlo tras constatar, durante sus 15 años de trabajo con víctimas de violencia sexual, que muchos padres y madres no sabían cómo hablar de este asunto con sus hijos ni cómo abrir ese espacio de conversación. Dirigido a niños y niñas a partir de 5 años, en el libro, Sansa, su pequeña protagonista, aprende a diferenciar entre dos conceptos (sorpresa y secreto), primer paso ineludible para evitar que los casos de violencia sexual contra la infancia se cronifiquen hasta la adolescencia.PREGUNTA. La diferenciación entre sorpresa y secreto, como comprueba Sansa en las páginas de su álbum ilustrado, no es baladí.RESPUESTA. Para nada. Es muy habitual que, cuando el agresor es una persona conocida, se instaure la idea del secreto para dar a entender, entre comillas, que se trata de un pecado compartido, algo que han hecho mal los dos. También, si son personas de mucha confianza o existe algún tipo de vínculo especial, la idea de secreto suele adoptar otra forma: hacer creer a la víctima que es alguien especial, un elegido entre los hermanos o amigos, que está recibiendo un regalo a cambio de mantener lo ocurrido en secreto. Además, cuando se habla de secreto, es porque esta violencia contra la infancia se instaura desde que los niños son muy pequeños, de forma que los agresores se aseguran de que, al llegar a la pubertad, todo siga manteniéndose en secreto.P. Puede que sea una de las conversaciones más difíciles para un padre o una madre. La violencia sexual contra la infancia es un tema tabú, del que cuesta hablar de forma directa con niños y niñas.R. Hay muchas formas de tener estas conversaciones con los más pequeños, y es importante que no se planteen desde el miedo y la incomodidad, sino desde una idea que vaya más allá de la sexualidad. También es muy importante que expliquemos a nuestros hijos e hijas que no existen los secretos con los padres, con ambos, porque también hay que tener en cuenta que buena parte de los agresores son padres —aunque también hay algunas madres—. Por eso, es fundamental transmitir la idea de que todo se puede contar a ambos, lo que nos da más garantías. Si, además, les explicamos que no hay nada que tengan que callar para siempre y que si algo les hace sentir mal deben contárselo enseguida a sus padres, les estaremos ayudando a protegerse.P. Educamos en el miedo a los desconocidos y luego, cuando un niño o niña revela su secreto, según dice usted, las familias tienden a responder mal a esa revelación. ¿Por qué?R. Es cierto que las familias responden mal, pero no lo hacen adrede. Imagínate que te cuentan que el abuelo o el tío es un agresor. Estamos hablando de tu padre o de tu hermano, y tu respuesta instintiva es querer que eso no sea real. Y es desde aquí que trabajas para minimizar o contextualizar esta situación.P. ¿Cómo actuar entonces en estos casos?R. La cuestión esencial es buscar ayuda externa. Hay que encontrar a profesionales de la psicología o la abogacía para que nos acompañen, incluso si al final la decisión es no denunciar. Lo que está claro es que lo mejor no es el silencio, que es por lo que tradicionalmente se ha optado con las víctimas de este tipo de violencias. Creo que es necesario intervenir de una forma adecuada para que esta situación, que es traumática, se integre de la mejor manera posible, ya que si no se hace bien de adultos estas personas no acarrearán solamente este trauma, sino también una sensación de abandono y de negligencia por parte de los padres.P. Si el niño o niña no cuenta nada y ha interiorizado la idea del secreto, ¿hay comportamientos que nos puedan hacer saltar la voz de alarma?R. Si no lo explican, puede ser porque no tienen las herramientas discursivas adecuadas, o puede ser porque lo están viviendo de una forma natural, pues los más pequeños están descubriendo el mundo y no pueden distinguir lo que es normal de lo que no. Puede no gustarles, pensar que es extraño y no querer que eso pase, pero, a su vez, puede ser que no identifiquen esto en toda su gravedad. De todas formas, es importante entender también que nuestros hijos sí que hablan, que nos cuentan cosas, pero lo que pasa es que nosotros no entendemos la gravedad de lo que nos están trasladando, y es por eso que debemos educar nuestra mirada para comprender qué está pasando. Por ejemplo, el hecho de que tengan conversaciones que denotan que saben cosas que, por edad, no deberían conocer, es una gran señal o algo que debería llamarnos la atención, o el cambio de relación respecto a ciertos familiares con los que antes estaba bien y de repente no quiere saber nada de ellos.P. Hace unos años decía que creía que en breve habría un #MeToo de la infancia, que cada vez más personas adultas, incluso niños y adolescentes, perderían el miedo a denunciar en voz alta casos de violencia sufridos durante la niñez. ¿Estamos más cerca de él?R. Creo que sí que ha habido pasos hacia ese #MeToo de la infancia. Hemos ido viendo que cada vez salen más casos, que las personas que han sido víctimas, tengan la edad que tengan, pierden el miedo a revelarlo. Pero creo que aún nos falta incorporar mucha perspectiva de infancia. Y también desarrollar mecanismos de reparación real, que impliquen algo más que una compensación económica por parte del victimario, para que estas personas, cuando tengan una situación de crisis, por más que hayan pasado 20 o 30 años desde los hechos delictivos, tengan a su disposición servicios de acompañamiento integrales.
Carla Vall, criminóloga y abogada: “Si explicamos a los hijos que no hay nada que tengan que callar para siempre les estamos ayudando a protegerse”
La autora del cuento infantil ‘Sansa sin secretos’ defiende que hablar con los menores sobre los límites de la intimidad es una herramienta de prevención ante los abusos sexuales contra la infancia, por lo general cometidos por personas del entorno









