En el Brexit, como en todas las recetas imbéciles, todo falló
Unanimidad. Ningún estudio sobre el balance del Brexit, diez años después de iniciado, le anota ningún logro. Todos certifican el desastre que allegó.
Un retroceso en la economía, de entre el 6% y el 8% del PIB. Una mayor brecha de prosperidad relativa (PIB per capita), de unos ocho puntos, entre España-Italia-Países Bajos, que aumentaron en torno a un 112%, y Reino Unido (104%) (Financial Times). Y una huida de 900.000 millones de libras (más de un billón de euros) en activos financieros de la City, al continente.
En política, la autodestrucción del partido tory que lo propulsó, y su trasvase a la ultraderecha más chovinista y agresiva, amén de la alteración de todo el sistema institucional.
Históricamente, restalla ahora el desencaje de una nación —que aún influía hace diez años— en el mundo del desorden internacional y de la agónica pelea por la hegemonía entre las dos grandes superpotencias, EEUU y China. De “país referente de la UE”, que afianzaba su “especial relación” con EE UU, pasó a erial prescindible, salvo por su potencia militar y atómica.












