Sin acritudLa regulaci�n puede aliviar tensiones puntuales, pero no corrige un desequilibrio estructural entre oferta y demandaEl presidente de la Generalitat, Salvador Illa.EFEActualizado S�bado,

junio

00:10Audio generado con IAToda pol�tica p�blica debe someterse a la prueba de la realidad. Catalu�a, convertida en el principal laboratorio espa�ol de intervenci�n en vivienda, ofrece un balance dif�cil de ignorar. Tras a�os de restricciones y nuevas obligaciones regulatorias, la crisis de acceso al alquiler no remite.La l�gica del control de rentas es seductora: ante alquileres elevados, el poder p�blico protege al inquilino. Pero contener precios no crea viviendas. La regulaci�n puede aliviar tensiones puntuales, pero no corrige un desequilibrio estructural entre oferta y demanda.En Catalu�a, desde 2021 la oferta de alquiler ha ca�do de forma acusada, m�s del 40% en Barcelona capital, mientras en Madrid se mantiene o incluso crece ligeramente, aunque con subida de precios. El resultado es menos pisos disponibles y mayores barreras de acceso para los nuevos inquilinos. Los ya instalados ganan estabilidad; los que llegan ahora sufren la estrechez del mercado mientras esperan las 50.000 viviendas p�blicas que Salvador Illa ha prometido construir hasta 2030.Como en toda Espa�a, el problema de fondo sigue siendo la escasez de vivienda. Catalu�a acumula un d�ficit superior a 140.000 pisos en cinco a�os. La poblaci�n ha crecido mucho m�s r�pido que la construcci�n. No existe magia regulatoria capaz de compensar ese desequilibrio.A ello se a�ade la distorsi�n que generan los pisos tur�sticos. Su prohibici�n impulsada por el alcalde Jaume Collboni va en la direcci�n correcta al dar prioridad al uso residencial. Pero el reto ahora es lograr que esos inmuebles regresen al alquiler. Y eso exige confianza. Si el propietario percibe un entorno cada vez m�s hostil, puede vender, mantener el piso vac�o o buscar f�rmulas alternativas.�No se puede ahogar al mercado inmobiliario con sanciones a los propietarios�, ha dicho Cristina Vallejo, decana del Colegio de Abogados. Tiene raz�n. Medidas como rebajar el umbral de gran tenedor a cinco viviendas o endurecer el r�gimen sancionador no favorecen la confianza. Determinada izquierda confunde coerci�n con eficacia.Conviene abandonar los simplismos morales. Muchos propietarios no son actores especulativos, sino particulares que han invertido en el ladrillo.La vivienda exige pragmatismo. La buena o mala pol�tica no se mide por sus intenciones, sino por sus efectos. Y el balance del laboratorio catal�n es inequ�voco: m�s regulaci�n, menos oferta y el mismo problema de fondo.