Dorothy Parker observó una vez que el remedio contra el aburrimiento es la curiosidad y que para la curiosidad no existe remedio. Seguramente habría añadido que tampoco lo hay, remedio digo, para una buena conversación salvo la llegada de la cuenta o la imposibilidad de encontrar el lugar donde mantener una charla de verdad, de las viejas. Frente a frente. Con personas ajenas a sus móviles, notificaciones y mensajitos. Y a salvo, por fin, de la tiranía de esos vídeos de presuntos famosos bailando delante de una nevera o contorneando su felicidad en una playa de las quimbambas.Bar Vitelli en el pueblo de Savoca,Italia iStockPor eso resulta tan conmovedora la supervivencia de los bares de pueblo, los de la esquina, los de toda la vida. Lentos, improductivos, ruidosos, económicamente sospechosos, no optimizan nada, no recopilan datos ni generan perfiles de usuario. Pero consiguen que personas aparentemente razonables pierdan horas discutiendo de temas que no dominan en absoluto porque no les hace ninguna falta.Pronto desaparecerán 1.840 pueblos que previamente vieron cerrar sus baresNo hablo de esos locales tematizados donde un cortado cuesta lo mismo que una novela de tapa blanda ni de esas trampas para turistas a base de croquetas y tapas. Echo de menos esos de verdad, de pueblo, que desde su barra de zinc y sus aceitunas rellenas sustentan a su municipio entero. Son esos últimos lugares inútiles de desayunos de cuchara, de guisos que también gustan en verano. De carajillo y de quinto. De letrero de Frigo, de persianas metálicas, mesas de fórmica y cortinas de plástico. De café de verdad, de los de va me pones otro, porque aunque vas sobrado de estimulante y llevas ahí toda la tarde aún no tienes suficiente. De conversaciones en voz alta que no molestan a nadie y partidas de billar haciendo todas las trampas.Pero esos lugares de risas, voces y fritangas donde los boomers ensayamos nuestras primeras habilidades tecnológicas con los 8-bits de los marcianitos o el principio de la ludopatía en las tragaperras que asaltábamos con cuatro duros sisados en casa de los abuelos, se está yendo al carajo. Es una lástima. Y el principio de un final mucho más grande: pronto desparecerán del mapa 1.840 pueblos porque se han quedado vacíos. Sin apenas habitantes. Previamente, lo han adivinado, vieron cerrar todos sus bares.Margarita Puig (Barcelona). Empezó su carrera profesional en el Diari de Barcelona . Desde entonces la hemos visto y escuchado en programas tan variados como Gol a Gol ; Tot l’esport ; Bonic vespre ; Versió Original; El club; Catalunya, parada i fonda ; Senyores i senyors , en el programa de Toni Clapés Versió RAC1 ; en Els matins de Josep Cuní , en TV3; en 8 al dia , de 8TV; Escletxes en BTV y Blanc sobre Blanc , en el Canal 33. Conocedora de los rincones más recomendables e insólitos de Barcelona, también es autora de guías como Restaurantes de Barcelona donde nunca te han llevado