Javier Picazo Feliú |
Madrid (EFE).- El éxito de los videojuegos extremadamente difíciles se basa en resortes psicológicos y químicos en el cerebro con la liberación masiva de dopamina y una sensación real de triunfo y alivio. Esta es la base de ‘Super Meat Boy’, un clásico y pionero del fenómeno indie, que ahora regresa con una propuesta inmersiva en 3 dimensiones.
‘Super Meat Boy 3D’ (Meridiem Games, Multiplataformas) es el sumun del éxtasis de la victoria. Un juego que continúa la estela del original de 2008, un superventas que basaba su apuesta en la simpleza de un plataformas clásico, de medir los saltos y de habilidad extrema, con el aliciente de ser realmente difícil, casi desesperante.
Un título tan frustrante que creó un género en sí mismo, el conocido como los ‘masocore’ (de ‘masoquismo hardcore’ o extremo), en los que los jugadores intentan una y otra vez completar la misma pantalla hasta que finalmente la superan tras haber realizado un ejercicio de prueba-error y haber aprendido de cada fallo. Juegos en los que el que mejora con las horas invertidas es el jugador y no el personaje, como sucede habitualmente.
“Creo que el éxito se basa en ese subidón de dopamina que te da cuando te pones un reto y logras superar el obstáculo que el juego ha diseñado para ti. También influye esa sensación de: «Vale, he ido mejorando con el tiempo». Eres tú, como jugador, el que crece en este tipo de juegos”, asegura en una entrevista con EFE Christian Patorra, cofundador de la desarrolladora alemana Sluggerfly, responsable de esta nueva versión en 3D.







