El cuento de saber esperar se lo saben de memoria los aragoneses porque lo viven cada año con la línea ferroviaria de Canfranc. Cuando parece que el proyecto avanza, cuando los estudios se completan y son favorables, cuando el compromiso de las administraciones parece alinearse, vuelve a aparecer un nuevo calendario francés que retrasa otra vez el compromiso. En esta ocasión, la reapertura de esta línea estratégica se retrasa hasta 2035, tres años más tarde de la fecha que se manejaba hasta ahora.
La noticia ha caído como un jarro de agua fría en la zona y la sensación es que el obstáculo no está en el Gobierno de Aragón, tampoco en la provincia de Huesca ni en la Nouvelle- Aquitaine, sino en el Gobierno central francés. Mientras desde el Gobierno de España mantiene el horizonte de 2032 para concluir las actuaciones pendientes, incluyendo la compleja rehabilitación del túnel ferroviario del Somport, Francia ha vuelto a mover la fecha de reapertura “sin aportar argumentos convincentes”.
La Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses (SNFC) ha actualizado el proyecto retrasando la previsión de puesta en servicio de la línea, donde tras una nueva consulta pública quiere verificar la compatibilidad de las normativas urbanísticas de siete municipios franceses por los que atraviesa la línea. Según dicho documento, el tramo Pau-Bedous de 88 kilómetros de longitud “requiere de trabajos de electrificación, de adaptación de la infraestructura y apartaderos”, mientras que el tramo Bedous-Canfranc, de 28 kilómetros y fuera de servicio desde 1970, “requiere una restauración completa y mejoras de electrificación” y eleva el coste hasta casi 700 millones de euros. Estas declaraciones resultan llamativas porque hace apenas dos años las autoridades francesas hablaban de recuperar la línea internacional en 2028, coincidiendo con el centenario de su inauguración, una promesa que parece diluida e inalcanzable.








