Parecía increíble, pero está sucediendo. China, la fábrica del mundo, ha pisado el acelerador y su imponente superávit comercial —1,2 billones de dólares en 2025— lejos de reducirse por las medidas autárquicas desplegadas en los últimos años, en particular en EEUU, continúa creciendo. Y el instrumento es, según muchos gobiernos, la cotización del yuan, que debería apreciarse en coherencia con el excedente comercial chino. Es decir, la diferencia entre lo que Pekín vende al exterior y lo que compra. Aunque el yuan se viene revalorizando desde julio del año pasado, salvo frente al fortalecido dólar desde el fin de la batalla de Ormuz, aún conserva una apreciación del tipo de cambio respecto de los fundamentales de la economía china que, según algunos estudios, se podría situar entre el 20% y el 25%, lo que favorece las exportaciones y arrasa, por el contrario, a las industrias nacionales, que no pueden competir en igualdad de condiciones. O expresado de otra forma, las autoridades chinas estarían manejando el tipo de cambio del yuan para ganar competitividad con el consiguiente daño a las industrias locales. El último dirigente europeo en arremeter contra Pekín por utilizar el tipo de cambio para aumentar su volumen de exportaciones ha sido el canciller Merz, lo que es especialmente relevante por las importantes relaciones comerciales entre China y Alemania. Mucho antes, lo han hecho las autoridades de EEUU y de Francia, cuyo presidente, Emmanuel Macron, maneja un informe que eleva hasta el 25% la depreciación artificial de la divisa china. Europa, hay que recordar, registró el año pasado un déficit comercial con China equivalente a unos 1.000 millones de euros diarios (359.900 millones de euros), el doble que antes de la pandemia. Es más, entre 2014 y 2024, las importaciones de la Unión Europea procedentes de China aumentaron más del 102%, mientras que sus exportaciones a ese país crecieron casi un 47%, menos de la mitad. Un tipo de cambio artificial “Una moneda artificialmente baja es una ventaja para quienes quieren mejorar su posición en la competencia económica”, dijo el canciller Merz tras la cumbre del Consejo Europeo del pasado 19 de junio. En la misma dirección, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, instó este lunes a los líderes mundiales a abordar la infravaloración de la divisa china como parte de debates más amplios sobre los desequilibrios que amenazan la economía global. Lagarde ha esgrimido algunas investigaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) que estiman que el yuan, o renminbi, está infravalorado alrededor del 15%. Un informe de varios economistas publicado en CEPR ha estimado que las pérdidas de cuota de mercado en las exportaciones de la zona euro desde 2017 han sido mayores en los sectores donde la presencia de China ha aumentado más. El descenso fue particularmente visible en Francia y Alemania, donde las pérdidas de cuota de mercado fueron generalizadas y más pronunciadas en los sectores más expuestos. En Italia y España, las pérdidas en los sectores más expuestos se vieron parcialmente compensadas por las ganancias en segmentos menos expuestos, como los productos agroalimentarios. No hay que olvidar que entre enero y abril de este año, China ha desbancado a Alemania como el país que más bienes exporta a España. En total, 16.734 millones de euros, es decir, seis veces más de lo que importa. Según un informe del Alto Comisionado para la Estrategia y Planificación, un organismo vinculado al Gobierno francés especializado en políticas públicas, “la industria europea se enfrenta a una conmoción sin precedentes”. Esto es así porque, en su opinión, “en tan solo unos años el auge industrial de China ha dejado de ser un fenómeno sectorial para convertirse en una amenaza sistémica para la base productiva europea”. Básicamente, por una razón. Si antes China competía en bienes de bajo valor añadido y pequeño valor, ahora toda la industria está amenazada, en la medida en que sus exportaciones son más sofisticadas e incorporan mayor tecnología y materias primas de las que carece Europa. Es decir, el viejo continente, pese a la cacareada autonomía estratégica, es cada vez más dependiente. La entidad francesa, a partir de un estudio publicado en Brookings, un think tank estadounidense especializado en políticas públicas, estima que es probable que el yuan esté “sustancialmente infravalorado” cuando el tipo de cambio real efectivo se ajusta en relación a la balanza por cuenta corriente, que es fuertemente superavitaria. Esa balanza mide las operaciones de bienes y servicios de un país más las rentas de residentes y no residentes. Infravaloración del yuan Según sus cálculos, suponiendo un superávit moderado de equilibrio en la cuenta corriente de China de alrededor del 0,5% del PIB, este enfoque conduce a una infravaloración de más del 20% para 2025. Goldman Sachs, en la misma línea, llegó a una estimación similar, situando la infravaloración del yuan en torno al 25%. Otros estudios, incluso, sugieren que el superávit de la balanza por cuenta corriente de China está en gran medida subestimado en las estadísticas oficiales, particularmente debido a las persistentes discrepancias entre los datos aduaneros y la balanza de pagos. La economista Alicia García-Herrero, experta del laboratorio de ideas Bruegel, dijo a Euronews que China impide que su moneda se aprecie más rápido al no repatriar todos los ingresos de sus exportaciones al territorio continental. En concreto, se quedan en Hong Kong y no se convierten en yuanes. Entidades como Barclays consideran que el Banco Popular de China está frenando el ritmo de apreciación del yuan mediante fijaciones diarias inferiores a las esperadas por el mercado. La moneda china no flota libremente en los mercados de divisas, sino que sus movimientos son monitorizados por el banco central de acuerdo a una cesta de monedas que dan como resultado el llamado índice CFETS (Sistema de Comercio de Divisas de China). Según el BIS (Banco de Pagos Internacionales), su tipo de cambio efectivo real se apreció fuertemente hasta 2022, pero desde entonces cambiaron las tornas y hoy se encuentra lejos de aquellos niveles. Un acuerdo como el del Plaza Lo que pide Alemania es un acuerdo como el celebrado en 1985 en el Hotel Plaza de Nueva York, cuando EEUU, Japón, Alemania y Francia pactaron frenar la apreciación del dólar ante la desestabilización del sistema monetario internacional. No parece, sin embargo, que Pekín acepte ese planteamiento, ya que prefiere mover de forma cautelosa el tipo de cambio en función de los datos macroeconómicos locales, en particular a la luz del comportamiento de la demanda interna, que no es tan boyante como les gustaría a las autoridades económicas, lo que explica su interés en explotar el sector exterior. Fundamentalmente, por la sobrecapacidad industrial de China, ya que su demanda interna no es capaz de absorber lo que se produce. En palabras de los analistas de Barclays, “si bien las exportaciones siguen siendo sólidas, el debilitamiento de la actividad interna implica que la economía de China no puede permitirse una pérdida de impulso exportador”. TE PUEDE INTERESAR Con ese objetivo, Pekín estaría dopando a sus empresas, aunque no sean rentables, en aras de que puedan exportar, lo que pone en entredicho los compromisos adquiridos en 2001, cuando entró a formar parte de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Un reciente estudio de la OCDE ha revelado que el secreto de la competitividad de China se asienta, en gran medida, sobre sus subvenciones a empresas. Nada menos que un 60% del aumento de la cuota de mercado que ha conseguido China se debe a las ayudas públicas a su tejido productivo. Subvenciones La OCDE ha analizado las subvenciones que reciben las grandes empresas que forman parte de los 15 principales sectores industriales a lo largo de las dos últimas décadas. La conclusión es que las subvenciones son una poderosa arma para ganar cuota de mercado. A nivel global, el 22% de la cuota de mercado ganada por las empresas fue consecuencia de las subvenciones públicas ofrecidas por sus gobiernos. Sin embargo, esta cifra escala hasta el 60% en el caso de las empresas chinas. China ha negado en repetidas ocasiones manipular su divisa para obtener ventajas comerciales, pero lo cierto es que sus autoridades económicas y monetarias están en condiciones de utilizar otras herramientas para frenar la apreciación del yuan en coherencia con el superávit comercial. Por ejemplo, manteniendo bajos los tipos de interés, lo que explica que algunos analistas hayan reclamado a Bruselas que se dote de algo parecido a la llamada Sección 301, que permite a la Administración de EEUU sancionar o restringir productos procedentes de países que desarrollan prácticas comerciales consideradas desleales. TE PUEDE INTERESAR El shock chino 2.0, como lo llama un estudio publicado por la plataforma CEPR, asegura que diversos factores influyen en la competencia china. Por un lado, la débil demanda interna ha reducido la capacidad de las empresas chinas para vender en el mercado nacional, impulsándolas hacia los mercados extranjeros. A esto hay que sumar un periodo largo de deflación interna y una depreciación del tipo de cambio nominal. Al mismo tiempo, las políticas industriales y el apoyo público han contribuido a mantener la inversión y la capacidad productiva en sectores estratégicos. La modernización tecnológica también ha transformado la naturaleza de la competencia china, especialmente en los sectores de manufactura verde y avanzada. Los autores del estudio recuerdan, además, que la competencia de las importaciones chinas afecta a la zona del euro no solo a través de los precios, sino también mediante la producción y la acumulación de capital. Unos precios de importación más bajos pueden beneficiar a los consumidores y a las empresas de la cadena de valor, pero también pueden reducir la actividad manufacturera nacional en los sectores directamente expuestos a la competencia china. En la medida en que esto afecte a la demanda prevista y a la rentabilidad de las empresas, “puede traducirse en una menor inversión” debido a que no compensa por ausencia de rentabilidad.