Pálida luz en las colinas transcurre en dos tiempos: los años cincuenta en Japón y los ochenta en Inglaterra. Basada en la novela homónima del nobel Kazuo Ishiguro, la película de Kei Ishikawa explora los traumas de la guerra y el horror de la bomba atómica de Nagasaki a través de un sutil melodrama maternofilial. Su asunto central, evocado a través de misteriosos recuerdos y objetos, es el desarraigo de la memoria; el de una mujer mayor que se resiste a mirar atrás y que solo ante la insistencia de su hija pequeña, nacida en el Reino Unido, regresa a su pasado y al de su hija mayor, nacida en Japón. Si en esa posguerra, Kei Ishikawa observa a sus personajes como en los dramas familiares de Yasujirō Ozu, en el presente suena el post-punk melancólico de Ceremony, de New Order, una canción cuya intrahistoria hace que su elección no parezca del todo casual. Ishikawa logra transmitir la tensión del pasado como un relato adulterado y edulcorado en el presente. Si la película que ocurre en los cincuenta es un evocador recuerdo en colores pastel plagado de elipsis y silencios que hablan de las trampas (o necesidades) de la memoria, la que pasa tres décadas después funciona como parco diálogo madre-hija en la casa que la madre está a punto de vender. En ella, aún pervive la sombra de una ausente hermana mayor. Lo más importante de la película es precisamente el lugar de ese fantasma, el de la primogénita, su dolorosa presencia en la reconstrucción del pasado y su huidiza figura en el presente, insoportable para la madre y extraña para la hermana. Ishikawa ha trasladado el material literario con la complicidad de su autor (que ejerce de productor ejecutivo y ha supervisado el guion) y, a diferencia del libro, convierte el punto de vista de la hija pequeña en el mediador del relato y no solo en su detonante. Se trata de una escritora que acaba de publicar un ensayo sobre los movimientos de protestas antinucleares y que ahora quiere hurgar en los recuerdos de su madre para un libro sobre la bomba de Nagasaki. Las actrices, sobre todo Suzu Hirose y Yo Yoshida en el mismo papel de madre, joven y adulta respectivamente, están muy bien, y aunque el desarrollo del personaje de la hija menor por momentos chirría, acaba cumpliendo su función. Como ya ocurría en uno de sus anteriores largometrajes, A Man (2022), la nueva película de Ishikawa es una indagación en los enigmas de la identidad llena de finas capas —sobre el poder patriarcal en Japón, sobre la necesidad y la imposibilidad de huir del pasado, sobre la culpa y el duelo, sobre los niños como eternas víctimas de las guerras, sobre lo que cabe en la maleta del destierro— que no se resuelven hasta el final. A través de ellas, y de la fotografía del polaco Piotr Niemyjski, colaborador habitual de Ishikawa que en la recta final redobla su fuerza dramática y onírica, el espectador hace suya la reconstrucción de lo que ha visto.Pálida luz en las colinasDirección: Kei Ishikawa.Intérpretes: Suzu Hirose, Fumi Nikaido, Yo Yoshida.Género: drama. Japón, 2025.Duración: 123 minutos.Estreno: 26 de junio.