Toshiko Kawakami, una adolescente que se infiltra en el Palacio Imperial de Rainshadow City durante el festival del Cambio de Hoja para espiar a la emperatriz y a Ken Saito, integrante de los Cuervos de la Suerte, el sindicato criminal más poderoso de la isla. Su aventura da forma a Los huérfanos de Rainshadow, la nueva novela de Naomi Ishiguro.La historia mezcla una estética inspirada en tradiciones asiáticas con un entorno futurista dominado por vigilancia tecnológica, redes clandestinas y tensiones sociales.A continuación, y con autorización de editorial Urano ofrecemos un fragmento de la novela de Naomi Ishiguro.Las primeras señales del otoñoEscondida en un árbol ginkgo dentro de los jardines del Palacio Imperial, Toshiko Kawakami se preguntó si tal vez no estaba a la altura de las circunstancias. Estaba deseando embarcarse en esa misión, le entusiasmaba ponerse a prueba, espiando a la emperatriz Asayo Soramoto y a sus invitados mientras celebraban el festival del Cambio de Hoja.Sin embargo, ya había sido una jornada complicada, que implicó una penosa escalada por los muros para acceder a los terrenos del palacio, y después una carrera a toda velocidad para dejar atrás cámaras y sistemas de alarma, que Mei había hecho el favor de desactivar. Toparse con los perros guardianes del palacio también fue peliagudo, sin duda, aunque Jun la había equipado bien con una mochila gigante llenade gyozas de pollo que fueron sorprendentemente efectivas a la hora de distraerlos. A continuación, emprendió una agotadora travesía sobre el muro del jardín interior, seguida por una última escalada a pulso a través de hojas y farolillos colgantes para llegar hasta allí arriba, donde se había posado en un punto elevado de la copa del árbol.Tenía clarísimo que estaba preparada para lo de esa noche. Al fin y al cabo, acababa de cumplir los diecisiete, una edad a la que sin duda podía considerarse una adulta. Sin embargo, tenía las palmas de las manos y las yemas de los dedos en carne viva, y había empezado a temblar, manteniéndose sujeta a duras penas a la rama que tenía debajo. Tampoco podía dejar de pensar que su tía Reiko no estaría nada contenta con lo que estaba haciendo.Dedicó unos segundos a recobrar el aliento mientras contemplaba las estrellas y las Lunas Trillizas que brillaban desde el cielo de color añil. Toshiko pudo visualizar a su tía Reiko en su mente, alzando las cejas más y más sobre su frente arrugada. ¿Te parece que esta es una forma adecuada de comportarse?, podría haberle dicho, acompañando las palabras con un lento movimiento negativo con la cabeza. Ay, esta chiquilla. Se cree que puede salir a la calle y hacer lo que le plazca. Sin preocuparle la seguridad. Sin importarle las consecuencias de infringir la ley… Reiko, sin embargo, ya no estaba entre ellos. Toshiko dejó que la imagen mental se disipara en el ocaso y suspiró, suscitando una pregunta por parte de Mei a través del auricular que llevaba en la oreja. ¿Qué pasa, Tosh? Mei era su hermana en todos los sentidos, menos por la sangre que corría por sus venas, y a sus veintiún años hacía gala de una impavidez insoportable. Siempre actuaba como si estuviera de vuelta de todo, y, por muy irritante que resultara, la mayoría de las veces daba la impresión de ser cierto. Mei, al contrario que la tía Reiko, era un miembro de la famIlia que seguía estando presente, vaya que sí. A veces, puede que incluso demasiado, reflexionó Toshiko, teniendo en cuenta que su hermana mayor había utilizado el auricular para aportar comentarios constantes y casi siempre críticos acerca de todas las acciones que había realizado hasta el momento durante la misión. Aunque, por supuesto, Mei no se encontraba físicamente en las proximidades. Siempre hostil a la idea de abandonar la comodidad de su laboratorio tecnológico y su gigantesca pila de aperitivos, jamás arriesgaba su propio pellejo ni emprendía ninguna tarea tan ardua como para poner en peligro la integridad de sus largas uñas acrílicas.—¿Qué ves? —le preguntó a través del auricular, interrumpiendo esos pensamientos beligerantes—. Ya habrás llegado hasta los jardines, ¿no? Además, tenemos que hablar de esos perros. No he podido determinarlo a partir de los ladridos: ¿eran adorables, apartede dar miedo, o solo daban miedo a secas?Tras considerar que esa pregunta era lo bastante ridícula como para ignorarla, Toshiko dedicó unos segundos más a poner en orden sus pensamientos.—¿Hola, Tosh? Puedes responderme cuando quieras. ¿Estás bien?—Sí, estoy bien —masculló Toshiko mientras contemplaba el manto de hojas doradas que la rodeaba—. Puede que te sorprenda, pero las personas que hacemos actividades físicas y no solo virtuales necesitamos recuperar el aliento de vez en cuando.Escuchó un chasquido al otro lado de la línea, era el sonido que había hecho Mei al explotar una pompa de chicle. La contundencia de ese sonido fue un recordatorio de lo poco que le importaba a su hermana la diferencia entre las incursiones físicas y virtuales, y de lo buena que era la tecnología que había desarrollado. Mei se había ganado su sitio en casa con sus aperitivos. Toshiko puso los ojos en blanco, solo para comprobar cómo pasaba de largo una ardilla que le lanzó lo que a todas luces era una mirada de reproche.—No te sulfures —le dijo Mei—. Venga, lo estás haciendo genial. ¿Qué te parece si me cuentas lo que puedes ver? Al igual que la mayoría de sus conciudadanos, la emperatriz Asayo Soramoto aprovechaba los últimos calores del verano para celebrar el festival del Cambio de Hoja. Era la primera noche oficial del otoño en Rainshadow City, cuando las hojas estaban empezando a cambiar de color, y se celebraba con un fastuoso banquete al aire libre. Cuando Toshiko avanzó furtivamente sobre la rama para asomarse entre las hojas, se vio recompensada con una primera panorámica clara de la mesa de banquetes, a poco más de cinco metros por delante de ella, desplegada por debajo de la avenida flanqueada de árboles. También divisó por primera vez a la emperatriz.Le sorprendió descubrir que el aspecto de la emperatriz Asayo, en persona, resultaba casi idéntico al que tenía en las retransmisiones diarias. Estaba sentada en la zona central de aquella mesa alargada y bien surtida, e iba vestida de punta en blanco, como de costumbre, con un traje pantalón hecho a medida, cuyo tejido color naranja tostado replicaba la tonalidad de un bosque otoñal.
‘Los huérfanos de Rainshadow’, la nueva novela fantástica de Naomi Ishiguro (Adelanto editorial)
Con autorización del sello Urano, reproducimos un fragmento de la nueva entrega de la hija del Nobel Kazuo Ishiguro.












