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Oculto bajo el fértil valle de Zapotitán, en El Salvador, permaneció por más de 13 siglos un asentamiento que revela una faceta inusual del mundo maya. Lejos de ser un complejo de templos monumentales o un recinto para gobernantes, este sitio resguarda una comunidad agrícola cuya rutina diaria quedó congelada tras una erupción volcánica en el siglo VII.
Debido a su extraordinaria conservación, National Geographic incluye a Joya de Cerén entre las 'pequeñas Pompeyas' del mundo antiguo, en alusión a las urbes romanas sepultadas por el Vesubio. Asimismo, la UNESCO considera que estos vestigios aportan un 'testimonio excepcional' sobre las vivencias cotidianas de los agricultores mesoamericanos, lo que convierte al lugar en un tesoro arqueológico único.
Joya de Cerén mantiene, gracias a las capas de ceniza volcánica que cayeron sobre sus casas, la fisonomía intacta de las aldeas mayas del siglo VI. Foto: Ministerio de Cultura de El Salvador
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