Al principio sent� mucha ansiedad. Ten�a que buscarme un trabajo y me preguntaba qu� iba a hacer. Me vino todo grande y muy encima�, comenta Revvy. Al alcanzar la mayor�a de edad, tuvo que empezar a valerse por s� mismo tras pasar dos a�os en el Centro de Protecci�n de Menores Las Torres II (Murcia). Naci� en Mali, pero poco tiempo despu�s su familia migr� a Espa�a y creci� en nuestro pa�s. Cuando cumpli� los 16, sus padres lo echaron de su casa porque no aceptaban su identidad de g�nero. Ese mismo a�o ingres� en el Sistema de Protecci�n a la Infancia."Cuando me dijeron que iba a entrar me dio miedo. Ten�a en la cabeza lo t�pico que sale en las pel�culas: ni�os que viven como si fueran presos", recuerda. A pesar de todo, al llegar a Las Torres II se adapt� r�pido e hizo amigos. Revvy es un chico trans y pocas veces lo coment� en el centro por temor a la discriminaci�n. Al cumplir los 18 a�os recibi� como regalo una fiesta de bienvenida en uno de los pisos de emancipaci�n que Cruz Roja destina a j�venes en dificultad social en su programa Acompa�a.La historia del maliense es la de muchos otros. Seg�n el informe Juventud en Espa�a, publicado en 2024 por el Ministerio de Juventud e Infancia, los j�venes espa�oles se independizan, de media, a los 30 a�os. Por el contrario, aquellos que han sufrido una infancia vulnerable y han sido atendidos por las administraciones p�blicas y las ONG en viviendas espec�ficas se emancipan forzosamente 12 a�os antes. Cada a�o, entre 4.000 y 5.000 j�venes se encuentran en Espa�a en esta misma casilla de salida. Para ellos, llegar a los 18 significa el inicio de la vida adulta. Quieran o no. Sin familia ni casa ni trabajo, se enfrentan a la dificultad de buscar un empleo y un alquiler asequible en plena crisis habitacional. Y de hacerlo, adem�s, marcados por el estigma y el desarraigo."Si no disponen de una red de apoyo, cuando salen fuera se encuentran completamente perdidos. No tienen a nadie en quien confiar y sienten que no encajan", se�ala la periodista Vanessa Vallecillo, que hace apenas unas semanas present� el documental Infancia tutelada: crecer en manos del sistema. En �l pasa revista al Sistema de Protecci�n, en cuyos centros ha encontrado falta de control, profesionales cansados, menores conflictivos y posibles irregularidades. Desde abusos y maltratos hasta explotaci�n sexual y tr�fico de drogas. "La estructura de los centros est� rota y muchas veces es corrupta", denuncia Vallecillo.El director Ra�l Serrano estren� hace cinco a�os el documental As� crecen los enanos (Filmin), en el que recopilaba testimonios de j�venes ex tutelados. Lo hac�a partiendo de su propia experiencia personal. Sus padres se encontraban en situaci�n de calle. Las dos parejas de su padre se peleaban entre ellas por su atenci�n y �ste las golpeaba para acabar con las discusiones. Eso hizo que a los cuatro a�os ingresara en la residencia infantil El Encinar (Madrid). Vivi� all� hasta que a los 18 fue trasladado a un piso. �Cuando sales te preguntas: '�D�nde voy a ir? �Qu� me va a pasar si me pongo enfermo?’", recuerda. Sin embargo, �l siempre tuvo claro que no quer�a volver a tener contacto con su familia biol�gica.En su documental, Serrano retrata el desarraigo que viven los ni�os tutelados despu�s de ser v�ctimas de alg�n tipo de violencia o tener progenitores con problemas de salud mental, adicciones, pobreza extrema o penas de c�rcel. Una desubicaci�n existencial a la que, posteriormente, se a�ade la soledad. "Sales perdido, incluso con los v�nculos afectivos rotos. Si nadie te ha ense�ado a querer, pues ya me dir�s", resume.Para saber m�sComo Revvy, la espa�ola Emely y el marroqu� Moussa acaban de cumplir 19 a�os, aunque su experiencia vital podr�a ser la de cualquier persona una d�cada mayor. Casi el 80% de los tutelados fue v�ctima de alg�n tipo de maltrato, seg�n el �ltimo bolet�n de datos estad�sticos de medidas de Protecci�n a la Infancia y la Adolescencia del Ministerio de Juventud e Infancia. El informe revela que el 42% de ellos sufri� negligencia; el 29%, violencia emocional; el 18%, violencia f�sica; y el 11%, abuso sexual.Emely naci� en Benidorm (Alicante). A los 11 a�os dej� de compartir techo con su familia despu�s de que los servicios sociales confirmasen que el suyo era un caso de abandono familiar. Vivi� con una familia de acogida un a�o hasta que fue trasladada a la residencia de acogimiento general El Verdader en Altea. Por momentos, su vida fue una sucesi�n de shocks. "Nadie me explic� por qu� estaba en ese lugar", confiesa.La joven se convirti� en la mayor de sus 11 compa�eros de centro, a los que acab� considerando sus hermanos. Recuerda con cari�o a las educadoras que hicieron de madres y hermanas esos a�os. Y tambi�n las exigentes normas del lugar. "Las libertades son inexistentes si las comparas con las de otros ni�os", subraya. Hab�a horarios para ba�arse, las salidas estaban pautadas y, salvo en muy contadas ocasiones, no pod�a dormir en la casa de sus amigos. Emely destaca que el estigma de tutelada lo llev� tatuado durante a�os. "Las relaciones sociales son completamente diferentes, porque siempre eres la chica que est� en un centro. De eso no te desprendes", admite.Por su parte, Moussa estuvo durante seis meses en el centro de protecci�n de menores Los Molinos de Tormes (Salamanca). Lleg� con 16 a�os junto a sus t�os desde la regi�n del Rif, provincia del norte de Marruecos. Acababa de perder la visi�n de un ojo por una negligencia m�dica en una cirug�a que sali� mal. Comenz� a recibir ayuda de Cruz Roja despu�s de que sus familiares se acercaran a la ONG para tramitar su tarjeta sanitaria. El personal detect� que se encontraba en una situaci�n de vulnerabilidad alta y decidi� intervenir.Pese a estar todav�a en edad escolar obligatoria, Moussa no iba al instituto. Viv�a solo en una habitaci�n de alquiler y ten�a dificultades para poder pagarla. Adem�s, su t�o no pod�a acompa�arlo a las visitas m�dicas, que en su caso son vitales. Padece el s�ndrome de Marfan, un trastorno gen�tico del tejido conectivo que afecta a los ojos, el coraz�n, los vasos sangu�neos y el esqueleto."Mi primer a�o en Espa�a fue dif�cil. Buscar apoyo fue la mejor decisi�n", asegura. Tras recibir asesoramiento, su familia accedi� a que intervinieran los servicios sociales. Para �l, los meses que vivi� en el centro de protecci�n de menores "fueron los mejores" porque estuvo tranquilo, recibi� ayuda y pudo cursar la ESO.Revvy fue trasladado a los 16 a un centro de menores despu�s de que sus padres lo rechazaran por su identidad de g�nero.ABEL F. ROSARABA PRESSSeg�n ha podido detectar el programa Acompa�a, los mayores obst�culos a los que se enfrentan los j�venes ex tutelados son la escasa oferta de viviendas accesibles, el bajo �ndice de empleabilidad, la falta de capacitaciones profesionales y las situaciones de irregularidad derivadas de la falta de un permiso de residencia o trabajo. Tambi�n sufren desmotivaci�n y soledad no deseada. "En muchos casos es dif�cil arraigarse. Los centros son un no lugar, un sitio al que nunca vas a pertenecer. Cuando te marchas, ya no existe para ti", advierte el director de As� crecen los enanos.Una vez termina la tutela, los extranjeros deben encontrar un empleo para conservar sus permisos de residencia. Las principales actividades econ�micas en las que son contratados son la hosteler�a, las tareas administrativas y los servicios auxiliares, seg�n el estudio Personas menores no acompa�adas y j�venes ex tutelados, de 16 a 23 a�os, con autorizaci�n de residencia en vigor, publicado por el Ministerio de Inclusi�n, Seguridad Social y Migraciones. "Tienen capital para aportar a nuestra sociedad, pero necesitan apoyo", afirma Carlos Chana, responsable de Infancia en Dificultad Social de Cruz Roja Espa�ola.Revvy trabaja hoy como cocinero. "No se puede aspirar a mucho m�s", cuenta. Para el joven, la dificultad para encontrar empleo estriba en los exigentes requisitos de experiencia y capacitaci�n. En cualquier caso, est� estudiando el ciclo formativo de grado superior en Integraci�n Social y su objetivo es ser educador social en un centro de protecci�n de menores. Eligi� este camino despu�s de reflexionar sobre su historia personal y decidir que quer�a devolver a la sociedad lo que hab�a hecho por �l. "Quiero ayudar a otras personas", confirma.Moussa comenzar� las pr�cticas laborales del grado medio en Administraci�n y Gesti�n en el que se ha matriculado. La imprenta Kadmos (Salamanca) se ha comprometido a adaptarse a su discapacidad, ya que su visi�n es muy baja. Al mirar por el espejo retrovisor, minimiza su pasado dif�cil y ve el presente de forma positiva. Aunque no mantiene relaci�n con los t�os con los que lleg� a Espa�a, s� se comunica por tel�fono a diario con sus padres en Marruecos. "Creo que estoy en una nueva fase de mi vida. Una mejor que la anterior", reconoce. El joven es consciente de su transformaci�n personal. Antes era un ni�o t�mido que desconoc�a el espa�ol y hablaba poco. Hoy es delegado de su clase, asiste al taller de cocina ofrecido por Cruz Roja y dedica horas al estudio.Moussa fue derivado a los 16 un centro luego de que Cruz Roja detectara que su caso era de vulnerabilad alta.Javier Cuesta"Mi casa es el mejor sitio del mundo"Moussa vino desde Marruecos con sus t�os y estuvo tutelado seis mesesCuando termin� su tutela, Revvy empez� a vivir con otros ocho j�venes. Algunos de ellos compart�an habitaci�n porque la convivencia era buena. "En el centro est�bamos vigilados todo el tiempo. En el piso de emancipaci�n ya te gestionas t� solo y dispones de m�s libertad. Sales y entras cuando quieres", destaca. Las reglas hab�an sido consensuadas entre todos los inquilinos: cada uno ten�a asignado un d�a para hacer la limpieza y las compras. Para �l, las tareas dom�sticas no suponen un esfuerzo extra. "Cuando estaba con mi familia ten�a ciertas responsabilidades que para mi edad no eran las comunes", detalla el joven de Mali.La reforma del Sistema de Protecci�n a la Infancia y a la Adolescencia (2015) estipul� que las administraciones p�blicas deben ofrecer programas y recursos a estos j�venes vulnerables. Sin embargo, proporcionar estos servicios depende de cada comunidad aut�noma y, adem�s, "no est� reconocido como un derecho de ciudadan�a que sea reclamable", aclara Chana.Para Serrano, el Sistema de Protecci�n ha ido a peor en algunos aspectos desde que �l se emancip� hace m�s de 25 a�os. "Aunque ahora hay sitios especializado paras cada caso, antes eran instituciones p�blicas y hoy muchas organizaciones no tienen los mejores proyectos, porque se aprueban los pliegos m�s baratos", enfatiza."Mi casa es el mejor sitio del mundo", destaca Moussa. Hace m�s de un a�o lleg� a la vivienda en la que transiciona a la vida adulta. En ese momento estaba muy nervioso por su salida del centro. Sin embargo, al encontrarse en la puerta con Johana, la trabajadora social que lo acompa�a, la preocupaci�n se esfum�. En el piso lo esperaba una fiesta de bienvenida y, a la vez, de cumplea�os. "Aqu� hay m�s libertad. Eso es bueno para m� porque aprendo mucho y tengo otras oportunidades", comenta."Cuando ingresan en estos recursos, los j�venes tienen que mostrar un compromiso firme. Eso se establece a trav�s de un contrato de residencia que est� condicionado a su proyecto de vida", precisa el coordinador de Cruz Roja. "Ellos saben que en un futuro tendr�n que abandonar el piso, aunque despu�s se realiza un seguimiento, porque detr�s de ellos hay muchos esperando para ocupar ese lugar"."Cuando est�s dentro del sistema y ves d�nde flaquea, te sientes con la obligaci�n moral de aportar tu granito de arena"Emely estudia Integraci�n social y realiz� sus pr�cticas en una Escuela de Segunda OportunidadCon 16 a�os, dos antes de tener que dejar su vivienda provisional, Emely se anticip� a lo que iba a suceder. "Estuve siete a�os en los que miraban todo lo que hac�a, vigilada las 24 horas. Sin embargo, sab�a que luego estar�a completamente sola. Te abren la puerta para que seas adulta, pero no te preparan para serlo". En medio de la incertidumbre y con parte de su familia en Francia, tuvo la opci�n de ir a un piso tutelado y convivi� durante m�s de un a�o con un grupo de chicas en Valencia. No tuvo problemas de convivencia con ellas, lo que signific� un alivio. "Si te llevas mal con las compa�eras, eso ya es una bomba", remarca.Emely dej� el recurso hace pocos meses para irse a vivir con su mejor amiga. "Lo que m�s me costaba era pensar que cuando se acabara el piso de emancipaci�n no tendr�a nada", detalla. Hoy estudia Integraci�n Social, est� a punto de terminar las pr�cticas y ha vivido la experiencia de estar del otro lado de la asistencia en una Escuela de Segunda Oportunidad. "Cuando est�s dentro del sistema y ves d�nde flaquea, te sientes con la obligaci�n moral de aportar tu granito de arena", explica. "Debes ser fuerte, porque ves sus realidades y te sientes identificada".Un h�ndicap importante para el desarrollo de estos j�venes es la escasez de ayudas econ�micas. Las prestaciones orientadas a este grupo de personas no est�n disponibles en todo el pa�s ni permiten una vida aut�noma, seg�n un informe del programa Acompa�a. "Hay una desigualdad territorial en cuanto a la asistencia. El primer abandono que sufren es cuando se declara el desamparo y el segundo, cuando salen del sistema", se�ala Chana.El riesgo de pobreza o exclusi�n social afecta al 41% de los ex tutelados, seg�n el estudio Condiciones de vida tras salir del Sistema de Protecci�n en Espa�a, publicado por Aldeas Infantiles. Muchas de estas personas, corren el riesgo de caer en el sinhogarismo. Para muchos, el retorno a la familia de origen es imposible. Emely prefiri� quedarse en Espa�a antes que irse con su madre, que est� a cientos de kil�metros junto a su hermano. "Una parte de ellos vuelve al contexto familiar de desamparo o de violencia. Otros carecen de alternativas. Incluso deciden no volver con su familia porque saben que all� no les esperan. Esta experiencia tambi�n es de soledad", concluye Chana."Muchos ni�os han acabado en el Sistema porque sus padres ten�an una vida delictiva. No han podido elegir otra familia porque en la mayor�a de los casos todo el entorno presenta condiciones muy similares", tercia Vanessa Vallecillo. Para la periodista, la soluci�n es elacogimiento familiar. "Ahora est�n un m�ximo de dos a�os para que no se acostumbren a esas familias. Y yo creo que deber�a ser al rev�s: tener alguien cercano podr�a ayudar a esos ni�os".El pasado y sus v�nculos familiares son temas en los que Revvy, Emely y Moussa evitan profundizar. "Hubo m�ltiples tipos de maltrato hacia mi persona y no era un lugar seguro al que volver", dice el primero. Lo que m�s lamenta es la falta de contacto con sus hermanos, con quienes a�n no se puede comunicar porque son menores de edad y residen con su progenitor.Despu�s de permanecer un a�o en el alojamiento ofrecido por Cruz Roja, y tras acreditar que ten�a la autonom�a econ�mica y emocional necesarias, el equipo t�cnico de la ONG entendi� que Revvy estaba preparado para marcharse. Ahora vive en un piso con otros dos j�venes. "A veces siento que me falta gente. Me levanto y veo que no tengo a nadie. Me he acostumbrado a estar rodeado de personas y me siento solo, aunque s� que no lo estoy", concluye.