Si un libro se lee y provoca algo, hay que prestar atención. Quizás no sea algo brillante, ni siquiera algo que se acerque a la innovación. A veces sentir es suficiente para seguir. Así se avanza en Me gusta así, el primer libro de cuentos de Erika Paula Curbelo, una uruguaya nacida en el año 2000. Con ritmo fresco y escritura sin aspavientos, Curbelo cuenta la vida de personajes caracterizados por una marginalidad leve, distintos a los marginados famosos de la literatura argentina. No son los paranoicos conspiracionistas de Roberto Arlt, ni los ventajeros costumbristas de Jorge Asís en Los reventados. No lo son, además, porque en los cuentos de Curbelo muchas de las protagonistas son mujeres, lo que lleva a la pregunta: ¿Hay “reventadas” en la literatura? ¿Dónde están las conspiradoras dispuestas a arrebatar el poder, a hacer la revolución?Revolucionarias no hay en estos cuentos, porque la fuerza vital se guarda para el oficio de sobrevivir y de disfrutar de lo que se puede: de comprarse un dildo rosa y brillante antes que un calefactor para no morir de frío en la pensión, de un botox capilar regalado aunque sea desde la caridad y no de la amistad. Del sexo, en cada oportunidad que haya. Del amor mientras dure y del amor si llega a conseguirse. Los personajes de estos cuentos no romantizan ni el amor, ni la pobreza ni el espacio sagrado de la juventud. Los hábitos estrafalarios que los demás ven como aventura son para ellos simplemente obligaciones de la pobreza. Tienen muy claro que leer a Truman Capote e irse de vacaciones a solas no hacen a una persona necesariamente interesante ni ambiciosa. Y que el amor no tiene que ser mucho más que las ganas de seguir conversando.Con algunos de estos cuentos, Curbelo ganó una mención en los Premios Juan Carlos Onetti de Literatura en 2023. Los personajes de estas historias tienen, en efecto, algo de onettianos. Al menos en el sentido en que define Ricardo Piglia, en Teoría de la prosa, a los personajes del escritor uruguayo, a quienes compara y diferencia de los de Arlt (admirado por Onetti). Mientras los locos de Arlt buscan intervenir el mundo, los personajes de Onetti tienden a recluirse, a encontrar la utopía en el universo propio, un mundo muy conectado con el deseo y la fantasía privada, y desconectado de la sociedad y su normalización. Los de Curbelo no se alejan ni rechazan: buscan ser parte, pero hasta donde quieren y bajo sus propias reglas.En este sentido, viven con los dos pies en la realidad. “¿Cómo se cuida un calzado viviendo en una ciudad llena de mugre”, dice la protagonista del cuento “Más que suficiente”, “y trabajando en un bar, parada durante un montón de horas, yendo de acá para allá, haciendo tragos y limpiando la cocina”. Sabe que no se puede. Le dicen que invierta en unos mejores, que duren más. Pero ¿cómo invertir en el futuro si no se cree en él?Llegando al final del libro se empieza a descubrir qué será lo que provoca algo y permite avanzar. Tiene que ver con la deliberada construcción de imágenes contrastantes, como cuando un personaje compara la aparición mágica e inesperada del amor con la de los hongos que crecen en la caca de las vacas. Dentro del universo de Curbelo, renunciar al trabajo es tan fundamental como cerrar las redes sociales para liberarse y encontrar otra vida, ser mujer implica estar conectada con la luna, la rabia convive con el masaje facial. Así, de a poco, va conformando una sátira de la modernidad.Me gusta así, Erika Paula Curbelo. Sigilo, 160 págs.