Mientras que muchos escritores noveles empiezan con un compendio de cuentos y luego dan el salto a la novela, Irene Cuevas lo hizo al revés. En 2024 apareció por primera vez en las librerías con Un momento de ternura y de piedad, que Pedro Almodóvar señaló como su “novela femenina favorita del año” y ahora regresa con el libro de relatos Animal Print (ambos en Reservoir Books). Historias de personajes que se enfrentan a una sociedad que intenta domesticar su manera de ser, de desear o de sentir y que, de manera literal o metafórica, conectan con el mundo de los animales no humanos para resistir.
“Yo había empezado este libro hace seis años, pero en la editorial me pidieron que primero sacase una novela. Soy cuentista y estaba rabiosa porque me preguntaba por qué nadie lee relatos”, dice durante una entrevista que tiene lugar en Barcelona. Como le explicaron, la decisión respondía a las lógicas del mercado, algo de lo que se ha dado cuenta con la promoción de este nuevo trabajo, que ha resultado más complicada que la anterior.
“La palabra cuento echa para atrás. Luego gusta mucho, pero cuesta que la gente se acerque”, afirma, aunque también ve que el público cada vez se abre más a este género. Autoras tan conocidas como Eider Rodríguez o Samanta Schweblin, ganadora del Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, han ayudado a abrir el camino en los últimos tiempos.









