El relanzamiento de las relaciones entre México y España pasa, forzosamente, por su vínculo económico y comercial. México es la puerta de España para América Latina y España es la entrada de México hacia Europa. Una relación simbiótica que ha crecido significativamente durante el siglo XXI y que se ha enfocado en sectores como el automotriz, la energía, la farmacéutica y los servicios financieros. La visita del rey Felipe VI a territorio mexicano sella definitivamente la alianza económica entre Ciudad de México y Madrid tras una pausa que no frenó la efervescencia de los negocios entre las dos orillas del Atlántico, pero que enfrió su galopante crecimiento. El saludo entre la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, y el monarca español es también la conclusión de una reconexión que ha llevado meses restablecer. La ambición de esta nueva etapa ha sido revelada a principios de este mes por el vicepresidente primero del Gobierno español y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo: que el comercio entre España y México se duplique y la inversión crezca un 50% en los próximos cuatro años. Estos objetivos han sido planteados en un contexto en el que la inversión entre ambos países alcanza los 100.000 millones de euros —en el que 70% es capital español— y cuando el intercambio de mercancías alcanza los 10.000 millones de euros. “El reto es convertir los grandes acuerdos en resultados concretos, dando a nuestras empresas estabilidad y visión a largo plazo”, mencionó durante su visita a Ciudad de México. Además del evidente margen de oportunidad para las dos economías, el escenario de incertidumbre global ha obligado a ambos países a fortalecer sus alianzas donde las haya. México vive afectado por las decisiones económicas del presidente estadounidense, Donald Trump, y está en vilo del futuro del tratado comercial de América del Norte (TMEC), del que dependen 80% de sus exportaciones. Ante la incertidumbre, la Administración de Sheinbaum ha reactivado la revisión de los acuerdos comerciales que el país latinoamericano mantiene con otras regiones. En mayo, la mandataria selló la renovación del Acuerdo Global Modernizado con la Unión Europea (UE), que incluye a España y la coloca en la mira como uno de los principales socios económicos de México que podría aprovechar las nuevas medidas garantizadas por este tratado.México, además, se encuentra en momento de estancamiento económico en el que su PIB apenas creció un 0,6% durante 2025 y con los índices de inversión tambaleando. Sheinbaum lleva desde un año impulsado el Plan México, una serie de medidas enfocadas a fortalecer diversos sectores en los que el país latinoamericano destaca y que, además, contiene medidas que facilitan que el capital se invierta significativamente en esas áreas. El vicepresidente español Cuerpo viajó a México acompañado de 66 empresas interesadas en explorar las oportunidades de inversión. El Plan México, por ejemplo, apunta al sector energético como una de las bazas para impulsar el crecimiento del país. Cuerpo ha reconocido que la energía, una de las especialidades de la empresa española, ha sido sin duda un campo de interés para los inversionistas. “España y México debemos aprovechar el gran potencial de nuestras economías y empresas para juntos hacer frente a un mundo cada vez más incierto”, mencionó durante su visita.El impulso de nuevas inversiones se ha visto ligeramente dañado por la suspensión de las relaciones bilaterales durante el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024). El entonces presidente envió una carta al rey Felipe VI en la que señaló que el monarca debía pedir perdón por los agravios del Reino de España durante la Conquista. La falta de una respuesta de parte del Rey y la animadversión que López Obrador generó alrededor de los temas relacionados con el país europeo dejaron en un impasse las relaciones económicas bilaterales. Durante la presidencia de López Obrador, las nuevas inversiones se estancaron, pero el flujo de capital no cayó debido a que las empresas españolas y mexicanas siguieron haciendo reinversiones en ambos lados del Atlántico.En la mira de López Obrador, por ejemplo, estaba la firma española de energía Iberdrola. El Gobierno mexicano adquirió, en 2023, 13 plantas de energía por 6.000 millones de dólares. Un par de años después la firma vendió el resto de sus activos a la multinacional Cox y finalmente salió del país latinoamericano, que en algún punto se había convertido en un enclave para la generación de energías limpias de la empresa española. La tensión entre México y España llegó a mermar la confianza, un elemento fundamental para los negocios entre países. Sheinbaum ha trabajado, también en el último año, en volver a entablar relaciones con la iniciativa privada que garanticen el futuro de sus inversiones.Una mezcla entre la incertidumbre global y la caída de la confianza entre los socios ha obligado a los dos gobiernos a emprender un esfuerzo para recuperar el ritmo de crecimiento económico. Sheinbaum ha señalado que hablará de diversos temas de la relación México-España con el Rey, aunque no ha enlistado a la economía como uno de ellos, el vínculo comercial entre países es inevitable. De parte de su administración y de cara al capital internacional, Sheinbaum ha flexibilizado los trámites gubernamentales para las empresas y ha aplazado las elecciones del Poder Judicial para 2028 –una de las principales preocupaciones del sector privado– con el objetivo de hacer más atractivo a México. Frente a la incertidumbre, Sheinbaum y Felipe VI le dan un voto de confianza más a la relación bilateral.