Hacía casi siete meses que el Senado bonaerense no sesionaba. La primera sesión ordinaria del año tuvo lugar este miércoles, después de una prolongada parálisis que se había convertido en una vergüenza institucional difícil de justificar. El temario era acotado, casi administrativo. Pero lo que debía ser una jornada de trámite se convirtió en algo muy distinto: una exhibición sin filtros de la fractura que atraviesa al peronismo bonaerense, y una señal de largo alcance sobre lo que se viene en 2027.
La interna estalló cuando Mario Ishii pidió la palabra para cuestionar que sus dos proyectos de emergencia, una alimentaria y otra sanitaria, no hubieran conseguido los dos tercios necesarios para ser tratados sobre tablas. "El conurbano se está incendiando", disparó el senador de José C. Paz. "Los hospitales están saturados y hay ollas populares por distritos", denunció, apuntando directamente a Kicillof: "Nosotros somos representantes del pueblo, no del Poder Ejecutivo".
Cuando Verónica Magario le cortó el micrófono por exceder el tiempo reglamentario, Sergio Berni saltó al ruedo con una moción de orden para darle cinco minutos más a su compañero. "Hace seis meses que no sesionamos, no tengo apuro", le dijo a la vicegobernadora. La moción fue rechazada. Dentro del bloque peronista, la senadora Malena Galmarini se abstuvo y los integrantes del Movimiento Derecho al Futuro, el espacio de Kicillof, no acompañaron el pedido.












