La tensión fue evidente desde, literalmente, el primer día. El 10 de diciembre de 2023, cuando asumió como presidente, Javier Milei evitó dar el tradicional discurso presidencial ante la asamblea de legisladores nacionales y prefirió hablar afuera del Congreso, dándoles la espalda al edificio y a sus moradores. Unos días después, despejaba cualquier duda sobre el grado de su estima y definía al Parlamento como “un nido de ratas”. Aún partiendo desde ese lugar, durante el año pasado Milei consiguió suficiente respaldo parlamentario para impulsar su agenda de desguace del Estado y desregulación de la economía. Pero en lo que va de 2025 el apoyo se le escabulló y el Gobierno perdió casi todas las votaciones claves. En los últimos días, el resultado fue lapidario. Las cámaras de Diputados y de Senadores aprobaron leyes que revierten el ajuste del gasto público, anularon decretos presidenciales que iban en la misma dirección y prometen seguir avanzando. Fue el corolario de una semana negra para el Gobierno ultraderechista.

Para Milei, el Congreso solo busca romper lo que considera el núcleo de su plan económico, el superávit fiscal. “Asistimos a un espectáculo macabro”, dijo en el foro del Council of the Americas, el jueves. “Enfrente tenemos un Congreso secuestrado por el kirchnerismo, que solo responde a sus propios intereses. Ellos tienen una sola agenda legislativa: quebrar al Estado nacional”, aumentar el gasto público y financiarlo con emisión monetaria, lo que implicaría “volver al sendero catastrófico de destrucción inflacionaria”, aseguró.