Saben muy bien de qué hablan los músicos cuando dicen que las canciones son de quienes las escuchan, más que nada porque ni ellos mismos saben, cuando están en pleno proceso, si se las van a quedar o serán para cualquier otro. Me explico: es absolutamente normal que un compositor esté escribiendo una canción y no sepa quien demonios va a acabar cantándola. Si es a su vez intérprete, puede que empiece creyendo que va a formar parte de su propio repertorio y luego ya veremos. Puede que se quede en una maqueta, puede que sea un gran éxito, puede que incluso el propio artista se olvide de ella y 'chimpún'.Bruce Springsteen es un caso paradigmático, pues nadie sabe muy bien qué siroco le dio para regalarle a Patti Smith un temón de la talla de Because the Night. Iba a ser para él, pero como a finales de los 70 se le caían las canciones de los bolsillos, acabó siendo un triunfo para ella. Menudo regalo.
Y no es el único presente que le dio a otra artista, pues Pink Cadillac, una grabación medio olvidada de las sesiones de Born in the USA, descartada para el álbum, le dio poco después a Natalie Cole un top ten a finales de los 80.En la dirección contraria, el rockero de New Jersey escribió Cover Me para Donna Summer, pero le gustó tanto esta desconcertante incursión en la música disco de la época que, por imperativo de su mánager, esta sí se la quedó para el mismo Born in the USA y hasta la sacó como single (a cambio grabó con la diva dance otro tema original, Protection). Claro que, el caso más loco es Hungry Heart, literalmente la primera canción número 1 de Springsteen en Estados Unidos, escrita originalmente para otra banda. "Vi a los Ramones en Asbury Park y estuvimos hablando un rato. Me dije: 'Tío, tengo que escribirles una canción'. Así que me fui a casa, me senté a la mesa y la escribí en el tiempo que tardé en cantarla", contó el Boss a Jimmy Kimmel. Pero, otra vez, su mánager de siempre —John Landau, se ha ganado la mención— le prohibió regalar semejante joya. Este artículo podría hacerse casi exclusivamente con temas de El Jefe, entre generoso y con criterio dudoso a ratos él, pero hay infinitos más, cada cual con su historia novelesca que demuestra que nadie tiene en realidad ni la menor idea de lo que puede ser un éxito pop. Vamos a ver algunos casos especialmente estruendosos. Menuda intuición y fortuna tuvieron Blondie cuando la apretada agenda de Stevie Nicks obligó a la cantante de Fleetwood Mac a renunciar a una canción de Giorgio Moroder —lo de este hombre es interminable— que andaba por ahí buscando dueño: Call Me. "En cuanto oí a Debbie Harry cantando una versión en bruto, supe que teníamos un hit", reconoció el compositor a Far Out Magazine.









